María Novaro, capturada durante la filmación de su aclamado segundo largometraje, Danzón (1991). IMCINE.

Carolina Chávez 

Supongo que la primera vez que vieron su nombre en una pantalla sintieron una emoción parecida a la mía cuando vi mi firma al pie de un texto de mi autoría. Escribir esta nota toca algo de aquella conmoción: la mirada cinematográfica ha guiado mi mano desde el inicio. Hablar de las directoras mexicanas me mueve una fibra profunda, especialmente ahora, cuando pienso en el acervo de películas que acompañará a mi hija, que llegará pronto. Me ilusiona imaginar que tendrá referencias amplias para descubrir y volver a mirar el México de antes y el de ahora a través de los ojos agudos de mujeres que tomaron la cámara y dieron forma y autoría a historias que reconocemos, en las que también se escuchan nuestras voces.

Una trabajadora de hotel acomoda las pertenencias de personas cuya vida apenas alcanza a entrever. Una madre recorre caminos buscando a su hijo. Una niña observa los preparativos de una celebración familiar mientras intenta comprender la enfermedad de su padre. En La camarista, de Lila Avilés; Sin señas particulares, de Fernanda Valadez, y Tótem, también de Avilés, México se vuelve visible a través de gestos, conversaciones y silencios que sostienen una existencia.

Foto: Lila Avilés por Fer Piña para Cream. 

Las cineastas mexicanas han contribuido a transformar quién ocupa el centro de nuestras historias y desde qué distancia lo miramos. Hablar de su relevancia exige reconocer la diversidad de sus propuestas: cada directora construye una relación particular con el encuadre, el tiempo, los cuerpos y la palabra. Reunirlas permite observar una historia de autoría y participación en una industria atravesada por desigualdades.

Foto: Matilde Landeta, acervo del Centro de Documentación de la Filmoteca de la UNAM. 
Foto: María Novaro. Diccionario de Directores del Cine Mexicano.

Décadas antes, Matilde Landeta defendió su lugar detrás de la cámara en un medio que reservaba la dirección principalmente a los hombres. Su trayectoria abrió posibilidades para otras realizadoras. Más adelante, María Novaro encontró en Danzón una manera de acompañar el deseo y la autonomía de una mujer trabajadora. El baile, la amistad y el viaje adquirieron la importancia de los acontecimientos que cambian una vida.

Foto: La maestra Ángeles Cruz, durante el rodaje de su película Nudo Mixteco (2021).
Foto: Póster promocional de Nudo Mixteco de Cruz. 

En Nudo mixteco, Ángeles Cruz entrelaza tres historias de regreso a una comunidad de la Mixteca oaxaqueña. La migración, el deseo y la violencia atraviesan los vínculos de sus personajes y abren preguntas sobre el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo y su vida. Como cineasta mixteca, Cruz aporta una mirada arraigada en la experiencia de su comunidad, capaz de expresar tanto sus afectos como sus conflictos. Sus personajes tienen contradicciones, intimidad y voz propia: en sus decisiones se juega también la posibilidad de transformar la vida compartida.

Esa atención a la experiencia adquiere otras formas en el cine de Tatiana Huezo. En Tempestad, los testimonios de dos mujeres y las imágenes del país construyen una experiencia de desamparo ante la violencia. Valadez sigue una búsqueda materna en Sin señas particulares hasta confrontarnos con la desaparición y la incertidumbre. Avilés observa el trabajo en La camarista y los cuidados familiares en Tótem: quién limpia, quién acompaña, quién sostiene emocionalmente a los demás.

Foto: Tatiana Huezo. Berenice Bautista. AP
Foto: Fotograma Noche de Fuego. Tatiana Huezo. 

Con Li cham, Ana Ts’uyeb se suma a esta pluralidad de autoras cuya obra invita a ampliar nuestra comprensión del cine mexicano y a prestar atención a las voces que están construyendo sus próximos caminos. Su trabajo abre también una conversación sobre la autoría: quién cuenta las historias, desde qué experiencia y para quién. Próximamente tendremos una entrevista con ella para conocer su proceso creativo y profundizar en las preguntas que atraviesan su cine.

Foto: Ana Ts’uyeb durante rodaje. 
Foto: Stills Li Cham, Juana trenzando su cabello. 

En estas películas, lo íntimo permite leer las estructuras sociales. Una habitación revela diferencias de clase; una ausencia altera una familia entera; un regreso pone en tensión las reglas de una comunidad.

Su relevancia también está en esa capacidad de modificar nuestra atención. Al salir de sus películas, ciertos trabajos, ciertas voces y ciertas vidas adquieren otro peso. El país que contemplamos se vuelve más complejo, y nuestra responsabilidad como espectadores, más cercana.


TE RECOMENDAMOS