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Samantha Villanueva

Frente al espejo, una línea oscura prolonga la boca; otra dibuja la cuenca de los ojos. Los pómulos adquieren profundidad y sobre la frente aparecen pétalos, arabescos o pequeñas gotas de color. Maquillarse de catrina exige observar el rostro de otra manera: reconocer su estructura e imaginar cómo transformarla. Durante el Día de Muertos, ese ejercicio reúne el gusto por el ornamento con una imagen profundamente arraigada en la cultura visual mexicana.

Su historia conserva un filo crítico. La «Calavera Garbancera» de José Guadalupe Posada satirizaba las aspiraciones sociales y la imitación de las modas europeas. Décadas después, Diego Rivera le dio cuerpo y un atuendo elegante en Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, de 1947, contribuyendo a definir la catrina que hoy reconocemos. Bajo el sombrero y la compostura, el esqueleto hacía visible la fragilidad de las distinciones sociales.

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Su presencia en rostros, desfiles y celebraciones muestra cuánto puede transformarse una imagen al circular entre generaciones. La catrina ocupa hoy un lugar destacado dentro de la iconografía del Día de Muertos, una festividad cuyas expresiones varían entre comunidades y familias. En el maquillaje, esa diversidad encuentra posibilidades propias: versiones de blanco y negro que evocan el grabado, ojos rodeados de flores, composiciones en violeta, labios encendidos o destellos que acompañan la luz de las velas.

El equilibrio depende de la relación entre las formas. Las cuencas oscuras y la nariz delineada establecen la estructura de la calavera; los trazos alrededor de la boca sugieren la dentadura. A partir de ellos, el color permite desarrollar una interpretación personal. Una flor puede extenderse hacia la sien, un delineado seguir la curva de la ceja y un acento luminoso destacar el relieve del pómulo. El detalle cobra fuerza cuando participa de una composición.

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Para construirla, un kit puede organizarse por funciones, preparar y unificar la piel, dar profundidad, incorporar pigmento y resolver los trazos finos. La selección de KIKO Milano para estas fechas ofrece una referencia de cómo reunir esas herramientas dentro de una misma marca. Incluye una base como Love Fusion Foundation, polvos de fijación Invisible Touch Fixing Powder, sombras Long Lasting Eyeshadow Stick y High Pigment Eyeshadow, además de Definition Eyeliner para el trabajo de líneas. Son productos que pueden integrarse en un conjunto según el diseño elegido; la selección presentada reúne cosméticos de su catálogo para crear la caracterización.

Foto: cortesía Kiko Milano.
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La elección de tonos y texturas también expresa una manera de acercarse a la figura. Recordar su origen satírico enriquece el gesto de reproducirla, detrás de su elegancia persiste una observación sobre la vanidad, la apariencia y nuestra condición compartida. Cada rostro le presta una expresión distinta. La catrina vuelve a salir a la calle con los ojos, las manos y la imaginación de quien la interpreta.


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