Foto: cortesía de TANE.

Samantha Villanueva

Una cuerda tiene una lógica precisa, sus fibras se tuercen para trabajar juntas… La resistencia surge de esa unión; su apariencia, del ritmo con que cada hebra rodea a las demás. Vista de cerca, una soga contiene una pequeña lección de diseño: estructura y forma responden al mismo movimiento.

Ese principio permite acercarse a Lazos, la colección de TANE que toma las trenzas y los torzales como elementos de su vocabulario. Su referencia al henequén abre una conversación sobre la manera en que la joyería interpreta objetos ligados al trabajo y a la vida cotidiana. 

En las piezas de la colección Lazos de TANE que lleva Karla Souza, las trenzas y los torzales trasladan al metal una estructura reconocible en las cuerdas. La referencia al henequén invita a detenerse en ese cambio de material y de valor: sobre el cuerpo, una forma vinculada al trabajo se vuelve ornamento y adquiere otros significados.

Foto: cortesía de TANE.
Foto: cortesía de TANE.

Domesticado por los mayas desde tiempos prehispánicos, el henequén ha servido para fabricar sogas y cordeles gracias a la resistencia de sus fibras. En Yucatán, su aprovechamiento reúne conocimientos sobre el cultivo, la extracción y la transformación de la materia vegetal: una cultura técnica cuya importancia precede a su valoración ornamental.

Foto: cortesía de TANE.

La expresión «oro verde», que acompañó su auge económico, exige también una lectura histórica. La riqueza de las haciendas henequeneras estuvo vinculada a condiciones de sometimiento y explotación de trabajadores mayas. Recuperar esta fibra como referencia del diseño mexicano implica reconocer la complejidad de su historia y a quienes hicieron posible su producción.

Foto: cortesía de TANE.
Foto: cortesía de TANE.

En las cuatro incorporaciones a Lazos —dos pulseras, un collar y un anillo—, la plata .925 traduce la torsión del cordel a una superficie metálica. Algunas piezas incorporan diamantes cultivados en laboratorio. El interés formal está en esa traducción: el relieve de las hebras se convierte en volumen; la repetición del torzal organiza la cadena; una estructura asociada con la resistencia adquiere una función ornamental.

También cambia su relación con el cuerpo. La soga pertenece al universo de los objetos que sujetan, cargan y unen. Al convertirse en una pieza que rodea la muñeca, el cuello o un dedo, conserva una familiaridad que permite reconocer su origen. La joya obtiene parte de su fuerza de ese encuentro entre una forma conocida y una escala distinta.

La lectura cultural de estas piezas reside en esa transformación. El diseño encuentra posibilidades en objetos cuya presencia cotidiana suele volverlos discretos. Mirar una cuerda con atención permite reconocer la inteligencia de su construcción y seguir el recorrido de una forma: de la fibra al cordel, del trabajo a la ornamentación, del objeto de uso a la intimidad del cuerpo.


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