David Alfaro Siqueiros, 1960. Foto: Héctor García

Redacción T México

En una casa de la colonia Polanco permanece viva una de las ideas más radicales de David Alfaro Siqueiros: el arte debía salir del cuadro, intervenir el espacio y participar activamente en la transformación de la sociedad.

La familia Siqueiros adquirió el inmueble a finales de la década de 1950, cuando el artista trabajaba en el Castillo de Chapultepec en el mural Del Porfirismo a la Revolución. La cercanía facilitaba sus jornadas, hasta que el 9 de agosto de 1960 fue detenido bajo la acusación de “disolución social” y encarcelado en Lecumberri. Permanecería ahí durante cuatro años.

Foto: Sala de Arte Público Siqueiros

Mientras Siqueiros estaba preso, la casa se convirtió en un punto de resistencia. Entre sus habitaciones circularon cartas, volantes, textos políticos, propaganda y testimonios de solidaridad. La creación y la militancia compartieron entonces un mismo espacio: el domicilio dejó de ser únicamente una residencia para volverse una prolongación de sus convicciones.

Su encarcelamiento confirma la profunda congruencia —también las contradicciones y los riesgos— con la que Siqueiros asumió su posición política. Incluso dentro de Lecumberri continuó pintando. El artista entendía la práctica artística como una responsabilidad histórica, capaz de incomodar al poder y de construir imágenes para una sociedad todavía por venir.

Foto: Sala de Arte Público Siqueiros

Tras recuperar la libertad en julio de 1964, retomó Del Porfirismo a la Revolución y construyó en Cuernavaca La Tallera, casa-estudio donde inició La Marcha de la Humanidad. Años después, el 29 de enero de 1969, abrió la residencia de Polanco como Sala de Arte Público: un espacio destinado a investigar, enseñar y experimentar con la composición espacial.

La casa misma se convirtió en materia de trabajo. Siqueiros intervino muros y techos, transformó el garaje y parte del jardín, pintó Maternidad y Mural para una escuela del Estado de México, y trazó en la sala-comedor estudios relacionados con La Marcha de la Humanidad. La arquitectura quedó atravesada por líneas dinámicas que conducen la mirada y envuelven al visitante, como si el mural continuara buscando una superficie más amplia.

El gesto definitivo llegó el 12 de diciembre de 1973. Veinticinco días antes de morir, Siqueiros legó mediante testamento público la Sala de Arte Público y La Tallera al “pueblo de México”, junto con su obra de caballete, gráfica, dibujos, proyectos murales, biblioteca y archivo personal. Quería que sus casas preservaran sus ideas y funcionaran como centros de experimentación para el “arte público del porvenir”. Tras su muerte, Angélica Arenal, su compañera y viuda, encabezó durante años la custodia del legado; desde finales de la década de 1980, ambos recintos forman parte del INBAL.

Foto: Sala de Arte Público Siqueiros

Hoy, la Sala de Arte Público Siqueiros continúa abierta al arte contemporáneo, la investigación y la discusión crítica. Sus murales restaurados y un archivo integrado por decenas de miles de documentos permiten acercarse tanto al artista monumental como al hombre que escribió, debatió, enseñó y convirtió su propia casa en una declaración pública.


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