En la sala junto al bar de cocteles del nuevo showroom y espacio de recepción de Laplace en la Rue du Bac, en París, una lámpara colgante de acero y plexiglás de 1975 de Michel Boyer, un par de sillones de madera de haya de la década de 1940 de Studio B.B.P.R., un jarrón esmaltado de la década de 1960 del ceramista francés André Baud, una mesa de centro de piedra volcánica y una lámpara de pie translúcida de Corian, ambas de Laplace.

Zoey Poll  

Fotografía por Anne-Claire Héraud

En una gélida mañana de invierno en el distrito VII de París, un cisne disecado de plumas blancas mira hacia la calle desde la ventana de Deyrolle, en la Rue du Bac. Deyrolle, fundada en 1831, una de las tiendas más célebres de esta exclusiva colonia —caracterizada por sus embajadas, sus edificios haussmannianos y los ministerios del gobierno francés—, vende aves, mamíferos y reptiles, todos congelados en el tiempo y exhibidos junto a vitrinas con escarabajos y mariposas.

Al otro lado del patio, en un ala contigua que hasta mediados del siglo XX funcionó en parte como el taller de taxidermia e imprenta de Deyrolle, se encuentra el proyecto más reciente del arquitecto argentino Luis Laplace, de 56 años, y de su pareja en los negocios y en la vida, el francés Christophe Comoy, de 54, originario de Toulouse, Francia. La propiedad recién renovada de dos plantas y unos 232 metros cuadrados evoca otro anacronismo del siglo XIX: el appartement de réception, un espacio concebido exclusivamente para recibir, agasajar e impresionar a los invitados. Aquí, en ausencia de dormitorios, se despliega una serie de salas de estar meticulosamente diseñadas que combinan la formalidad de un showroom con la sensación cálida y habitada de un hogar.

Abajo: en la oficina, una lámpara de pared de cerámica esmaltada y metal lacado de 1951 de Georges Jouve, un sillón de la década de 1930 del arquitecto italiano Marcello Piacentini, una mesa auxiliar de fibra de vidrio de la década de 1970 de Douglas Deeds y pinturas de Philip Guston.

Desde la fundación en 2004 en París de Laplace, su estudio de arquitectura en París, el dúo se dio a conocer por su trabajo dentro y alrededor del mundo del arte contemporáneo, entre ellos el diseño de la amplia sede de la galería Hauser & Wirth cerca de los Campos Elíseos y de las casas parisinas de la fotógrafa estadounidense Cindy Sherman y del galerista francés Emmanuel Perrotin. En 2023, completaron una renovación integral de su propio departamento, donde han vivido durante casi dos décadas, en un ornamentado edificio haussmanniano con vistas a la arbolada Place Saint-Georges, en el distrito IX, así como de su estudio, con capacidad para 60 personas, situado unos pisos más abajo.

Por esas mismas fechas, la pareja empezó a imaginar otro refugio creativo, inspirado en las salas amuebladas para contemplar arte que suelen instalar en las galerías. Les atraía la idea de un espacio acogedor, lo suficientemente amplio como para exhibir su propia colección de arte y objetos de diseño, además de recibir clientes, amigos y colaboradores. Como tantas otras cosas en su vida, querían que este nuevo lugar fuera a la vez personal y profesional. “Un espacio donde mostramos cómo vivimos solo funciona si lo usamos; si es real”, dice Laplace.

Derecha: en la cocina, una lámpara de mesa de cerámica esmaltada de la década de 1960 de Les 2 Potiers junto a lámparas de vidrio del siglo XVIII y lupas para encaje.

Primero, el insólito pied-à-terre de la Rive Gauche llamó la atención de Comoy. “Siempre empieza con Christophe. Y yo siempre desconfío y digo que no”, menciona Laplace, quien finalmente se dejó convencer, en gran parte por la fascinación de su pareja con la historia del edificio: originalmente formaba parte de un gran hôtel particulier erigido en 1744 como residencia de Samuel-Jacques Bernard, primogénito del banquero privado Samuel Bernard, cuya considerable fortuna (que venía en parte de su participación en el comercio internacional de esclavos) y sus extensas redes financieras sostuvieron buena parte de la monarquía de Luis XIV.

Algunas pinturas, esculturas y cerámicas de la colección de la pareja se exhiben junto a otras piezas en consignación. Al cruzar la puerta principal, una escultura de 2006 del artista estadounidense Jason Rhoades cuelga como una lámpara de araña, con cables que se enroscan y caen sobre el amplio salón, el primero de tres espaciosos salones que recorren todo el segundo piso. Muchas de las obras fueron creadas por amistades de la pareja, entre ellas la artista visual estadounidense Roni Horn, cuyas fotografías de aves silvestres islandesas disecadas cubren la gran escalera interior. A la vuelta de la esquina se encuentra una lámpara colgante textil diseñada por Laplace en colaboración con el artista japonés Takesada Matsutani, quien pinceló con tinta sus paneles de lino translúcido. Cerca se encuentra un sillón en forma de trono plateado y biselado del diseñador Rick Owens, así como un busto de silicón azul eléctrico con un falo en la cuenca del ojo del artista radicado en Los Ángeles Paul McCarthy. “Queríamos que se sintiera menos académico y más desafiante”, dice Laplace. “Me gusta provocar”.

Como en una galería, siempre hay algo nuevo que ver. Los domingos, Laplace, quien empezó a coleccionar de niño —exhibía con orgullo latas de refresco estadounidenses y botellas de cerveza alemanas en su cuarto en Buenos Aires— sale a buscar piezas a los mercados de pulgas de París para sí mismo y para sus clientes. Ya entrada la noche, la pareja suele caminar los poco más de tres kilómetros que separan la Rue du Bac de su casa y estudio en la Place Saint-Georges, deteniéndose en la Rue de Lille o en la Rue de l’Université para fotografiar los muebles vintage iluminados en los escaparates de las boutiques. Una adquisición reciente —encontrada en una subasta de Sotheby’s el octubre pasado— fue un par de lámparas de pie art déco que habían pertenecido a Yves Saint Laurent y Pierre Bergé y que Laplace y Comoy habían codiciado durante años: las columnas acanaladas en madera de arce, coronadas por recipientes de cerámica en forma de tulipán, proyectan una luz suave sobre las paredes revestidas de madera del salón al fondo del segundo piso.

En el comedor, una lámpara de araña de vidrio teñido soplado a mano y latón patinado y una mesa de comedor de mármol y roble barnizado, ambas de Laplace, una docena de sillas de roble tallado de la década de 1970 de Francesco Pasinato, una jardinera de cerámica esmaltada de la década de 1960 de Mado Jolain y No Footprint (2024), una pintura de acrílico y gel acrílico sobre lienzo del artista Frank Bowling.

Por lo menos una vez a la semana, cuando la pareja no está de viaje, Comoy suele sentarse allí a leer, mientras Laplace se encuentra a un lado, en el luminoso salón del centro, donde va a pensar o a dibujar. En la planta baja, entre una oficina de paredes color ocre y una amplia cocina, el comedor puede recibir a una docena de invitados alrededor de su mesa de mármol verde intenso, rodeada de un conjunto de sillas italianas de la década de 1970. Por las noches, todo el mundo tiende a gravitar hacia el bar de cocteles en el piso de arriba, revestido de metal brillante y con relieve. No es raro que la pareja tenga que pedir de manera cortés a sus invitados que se retiren ya muy entrada la noche. Aun así, prefieren recibirlos en casa a salir.  “Nuestras personalidades son bastante tranquilas. Nos gusta pasar tiempo de calidad, con buena comida y buena bebida”, dice Laplace. “Somos personas de interiores”.


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