Mariana Achach y Achach Fotografía

Redacción T México

Ciudad de México ha convertido su arquitectura en una de las formas más elocuentes de narrar sus transformaciones. Casas porfirianas, antiguas escuelas y residencias modernistas sobreviven entre las distintas capas de una metrópoli que encuentra en la reutilización de sus edificios una manera de interrogar el pasado y ensayar nuevos usos para el presente.

Ese diálogo entre espacio, historia y creación contemporánea articulará una de las incorporaciones a la Semana del Arte de febrero de 2027. Después de nueve años de intervenciones en Milán y tres ediciones en Miami, Alcova celebrará en la capital mexicana su primera edición en América Latina, con un programa distribuido en tres inmuebles cuya arquitectura tendrá un papel activo dentro de la propuesta.

Fundada en 2018 por Valentina Ciuffi y Joseph Grima, la plataforma ha desarrollado un modelo itinerante que se distancia de los recintos expositivos convencionales. Antiguas fábricas, hospitales militares, villas modernistas y ruinas industriales han funcionado como sedes temporales, permitiendo que las características materiales de cada lugar intervengan en la lectura de los objetos y proyectos presentados.

Mariana Achach y Achach Fotografía
Mariana Achach y Achach Fotografía

En Ciudad de México, el recorrido comenzará en la colonia Juárez, uno de los territorios donde la vida residencial, comercial y cultural converge con particular intensidad durante la Semana del Arte. Casa Palomar, ubicada en General Prim, será uno de los espacios principales. Construida en 1920 y remodelada en 1932 por Carlos Obregón Santacilia, la residencia conserva habitaciones, escaleras y patios vinculados con la historia de una familia relacionada con el progreso científico y con la modernización de la capital durante la primera mitad del siglo XX.

Su escala doméstica encontrará un contrapunto en la Escuela Bucareli, situada sobre una de las avenidas históricas de la ciudad. Los salones y áreas de circulación concebidos originalmente para el uso colectivo ofrecerán una estructura distinta para la exhibición. Las intervenciones buscarán preservar el carácter acumulativo de ambos edificios, permitiendo que sus materiales, proporciones y huellas temporales condicionen la manera en que se presenta el diseño experimental.

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La tercera sede trasladará el recorrido hacia la arquitectura moderna. Villa Reforma, una residencia diseñada durante la década de 1950 por Francisco Artigas, abrirá al público como espacio paralelo, a pocos minutos de Zona Maco. Su estructura horizontal, la planta en forma de L y los amplios ventanales establecen una continuidad entre el interior y el paisaje, rasgo característico de una época que exploró nuevas relaciones entre vivienda, naturaleza y vida cotidiana.

Habitada hasta la década de 1990, la casa permaneció vacía durante más de diez años antes de ser restaurada por Lorena Vieyra. Su inclusión permite recuperar una obra menos conocida de Artigas fuera de El Pedregal y colocarla dentro de una discusión contemporánea sobre el valor cultural de la arquitectura residencial y las posibilidades de su conservación mediante nuevos programas públicos.

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La elección de estos espacios revela uno de los aspectos centrales del proyecto. La ciudad se convierte en materia curatorial. Cada inmueble contiene una forma distinta de imaginar la vida urbana, desde las aspiraciones de la sociedad porfiriana y los espacios destinados a la educación colectiva hasta la apertura de la casa modernista hacia el paisaje.

Esta primera edición se desarrollará en colaboración con Proyectos Públicos, plataforma mexicana dedicada a la recuperación arquitectónica y la activación cultural de sitios históricos. La alianza inscribe la llegada de Alcova dentro de una red local que durante la última década ha promovido exposiciones, residencias y experiencias vinculadas con el patrimonio, la comunidad y las prácticas creativas independientes.

El programa reunirá a diseñadores, galerías y proyectos emergentes y consolidados de América Latina y otras regiones. La selección completa todavía no ha sido anunciada, pero el planteamiento anticipa una edición orientada hacia las prácticas que suelen permanecer fuera de los circuitos dominantes y hacia nuevas preguntas sobre las formas de habitar, producir y relacionarse con los objetos.

La llegada de una plataforma internacional también confirma el lugar que Ciudad de México ocupa dentro del mapa contemporáneo del diseño. El interés global por su escena creativa convive, sin embargo, con una responsabilidad central: evitar que la arquitectura histórica sea reducida a una superficie fotográfica o a una escenografía temporal. El verdadero alcance de estas activaciones dependerá de su capacidad para construir relaciones sostenidas con el contexto, reconocer las historias de los espacios y devolverlos a la conversación pública.

Durante febrero de 2027, Casa Palomar, la Escuela Bucareli y Villa Reforma formarán una geografía temporal del diseño. Entre sus patios, aulas y ventanales, la ciudad podrá observarse como un archivo vivo, hecho de edificios que cambian de función sin perder por completo las voces, gestos y formas de vida que alguna vez los habitaron.


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