Marina de Tavira es la protagonista de la película Siempre soy tu animal materno (2026), coproducida entre Costa Rica, Bélgica, Francia y México.

Andrea Rendón

FOTOGRAFÍA: GUSTAVO GARCÍA VILLA.
FOTOGRAFÍAS: CORTESÍA DE PIMIENTA FILMS.

Hay algo profundamente conmovedor en la manera en que Marina de Tavira habla de sus personajes: nunca parecen existir únicamente en la ficción, sino en una zona íntima donde la experiencia personal, la memoria y la vulnerabilidad se entrelazan.

En la última edición del Festival de Cannes, la actriz mexicana llegó por primera vez a la sección Un Certain Regard con Siempre soy tu animal materno (2026), la nueva película de la cineasta franco-costarricense Valentina Maurel, una de las voces más singulares del cine latinoamericano contemporáneo. La película —coproducida entre Costa Rica, Bélgica, Francia y México— explora la maternidad, la identidad y las tensiones familiares desde una mirada íntima, áspera y profundamente latinoamericana.

La participación del filme en Un Certain Regard, sección históricamente dedicada a las propuestas autorales más arriesgadas y a nuevas perspectivas cinematográficas, también marca un momento significativo para el cine centroamericano, ya que es una de las pocas producciones de la región presentes en la selección oficial del festival este año.

Maurel, quien anteriormente llamó la atención internacional con Tengo sueños eléctricos (2022) —ganadora del premio a Mejor Dirección en el Festival de Locarno—, continúa aquí su exploración de los vínculos familiares, los cuerpos incómodos y las emociones que rara vez encuentran un lenguaje claro.

En esta conversación con T México, llevada a cabo en Cannes durante el festival, Marina de Tavira, quien recibió el premio a la Mejor Interpretación Femenina en la sección Un Certain Regard, reflexiona sobre interpretar a una mujer que intenta reencontrarse consigo misma después de años dedicada a la maternidad, con la complejidad además de sostener simultáneamente una vida artística y familiar, así como sobre la fuerza de una generación de cineastas mujeres latinoamericanas que hoy están reformulando las narrativas del cine contemporáneo desde lo íntimo y lo político. Porque, como sugiere la propia película, las historias más honestas suelen ser también las más universales.

T México: ¿Qué significa para ti estar en Cannes con una película como Siempre soy tu animal materno?

Marina de Tavira: Es mi primera vez en este festival y, la verdad, me siento muy emocionada de estar en una sección tan especial como es Un Certain Regard, porque creo que aquí vienen películas con una enorme fuerza y una gran autenticidad cultural. Hablan mucho de dónde vienen, y yo creo que el cine también es eso, hablar desde una raíz, desde unos orígenes. En este caso, además, me produce mucho orgullo poder representar a la hermandad latinoamericana que somos. Mi personaje es una mujer que nació en México, pero que lleva viviendo muchos años en Costa Rica. Es una película desde la mirada femenina que habla sobre las mujeres y sus particulares relaciones en torno a la maternidad.

fotogramas de la película Siempre soy tu animal materno (2026), de la directora costarricense Valentina Maurel.

T México: Siempre soy tu animal materno tiene un título muy particular. ¿Qué fue lo primero que sentiste cuando leíste el guion por primera vez y por qué elegiste el proyecto?

M. d T.: Yo ya estaba segura de que quería participar en esta película desde antes de leer el guion. Ya el título me hablaba de algo que, como actriz, me ha gustado mucho investigar, que es el rol y las distintas formas de ser madre. He tenido la oportunidad de representar a madres en el cine desde muy distintos ángulos, este es uno nuevo, y eso me emocionaba.

Y después de ver Tengo sueños eléctricos, la película de Valentina, que me gustó muchísimo, y de conocer su cinematografía y su forma de ver el mundo desde el cine me dije: “Este es un proyecto que no se puede dejar pasar, por el que hay que pelear”. Felizmente, Valentina y yo coincidimos artísticamente, nos entendimos y nos escogimos para hacer esta película que hoy nos trae hasta aquí.

T México: Has construido una carrera muy ligada a personajes emocionalmente complejos. ¿Qué parte de este personaje te confrontó o te llevó a lugares nuevos como actriz?

M. d T.: Creo que cada personaje es una oportunidad de entender otra forma de existir, otra forma de estar en el mundo, y eso es lo que más me apasiona de la actuación, que es una forma de conocimiento de la experiencia humana.

Para el personaje de Isabel, era necesario adentrarse en cómo es ser madre cuando ya sientes que probablemente tus hijas están tomando su propio camino, que ya no te necesitan tanto. Cuando estás en ese momento de la vida en que puedes retomar ciertas cosas que la maternidad te hizo poner a un lado. Ese momento en el que se dan cuenta de que la maternidad también significa soltar, dejar ir, que las hijas y los hijos encuentren su propio camino.

Es cuando te das cuenta de lo que dejaste atrás, de que ya no tienes tanto tiempo para retomarlo, y entras en ese pozo de lo perdido. En este caso, Isabel es poeta. ¿Qué tanto puede recuperar aquello que dejó en pausa durante 20 años? También se da cuenta de que su juventud se fue.

Como actriz, tu propia edad y tu misma experiencia personal van acompañando a tus personajes. No es lo mismo interpretar en una película a una madre que tiene un recién nacido o un bebé, o participar en otra película que hable de la forma de ser madre desde la incapacidad de concebir.

T México: El cine latinoamericano dirigido por mujeres está viviendo un momento muy potente en festivales internacionales. ¿Sientes que las conversaciones dentro de los sets también están cambiando?

M. d T.: Estamos en un momento, que comenzó hace unos años, en el que la mirada de las mujeres para contar las historias, para plasmar diferentes mundos desde esa visión, está teniendo una enorme potencia. Digamos que el mundo empezó a voltear a ver hacia allá porque se hicieron oír.

Me parece fundamental esa visión femenina en un mundo que lleva tantísimas décadas —y mucho más que décadas— viviendo desde un testimonio patriarcal. Hemos estado contando las historias desde un punto de vista patriarcal, no masculino, porque lo masculino siempre será tan importante como lo femenino, pero sí patriarcal.

Creo que en el cine, como en el teatro y la literatura, existen esos eslabones que construyen la posibilidad de otro mundo. Que el cine de las mujeres esté cobrando tanta fuerza es una buena noticia para todas y todos. Y yo creo que una visión desde el punto de vista femenino siempre será una buena noticia para cambiar el mundo, para pensar en una mejor posibilidad de existencia.

T México: Hay algo sobre la maternidad, o las ideas alrededor de ella, que sigue siendo muy difícil de retratar sin clichés. ¿Qué crees que sí logra decir esta película que normalmente no vemos en pantalla?

M. d T.: Creo que la experiencia de la maternidad es tan inagotable como todas las mujeres que han pasado por ella. Es decir, no es igual para ninguna mujer y, en ese sentido, es una posibilidad infinita de narrativa en el cine, en el teatro, en la literatura o en la vida.

fotogramas de la película Siempre soy tu animal materno (2026), de la directora costarricense Valentina Maurel.

Tenemos múltiples ejemplos de películas que retratan esta experiencia lejos del cliché del Día de las Madres, de las flores y de las licuadoras. Puedo pensar ahora, simplemente, por ejemplo, en una que vi recientemente, Die, My Love (2025), que trata la depresión posparto de una manera brutal y muy incisiva. O también Cinco lobitos (2022), película española que también me pareció extraordinaria para mostrar aspectos de los que a veces no se puede hablar.

Yo he tenido la oportunidad de presentar esta experiencia en el cine de diferentes maneras. Roma (2018) fue una de ellas. Y ahora Siempre soy tu animal materno. En mi experiencia personal, ser madre me ha hecho crecer en mi vida profesional, porque también hablo desde ahí, de lo que cambió para siempre después de ser madre. Agradezco muchísimo esa experiencia por lo que ha significado en mi desarrollo como actriz.

T México: ¿Qué sigue para Marina de Tavira en cine y teatro?

M. d T.: Mucho teatro. Vengo de un par de años de experiencias teatrales muy transformadoras: Un tranvía llamado deseo, de Tennessee Williams; La niña en el altar, de Marina Carr; y Antígona González, de Sara Uribe, un tremendo monólogo sobre la desaparición forzada en México.

Para mí, el teatro no solamente es mi forma de conocer el mundo, sino también la oportunidad de decir aquellas cosas que me resultan urgentes y que no me puedo callar, las que me hacen sentir que, aunque sea de una manera pequeña, pongo un granito de arena que sí puede ser transformador.

Ahora estoy muy feliz porque retomo Un tranvía llamado deseo en una cuarta temporada. Ha sido una experiencia teatral maravillosa, con una acogida del público extraordinaria, un equipo que es de verdad una gozada y un director que sabe llevarnos desde la pasión y el compromiso transformador del teatro.


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