
Sonia Guijarro
Dice un epitafio chino: “Recordadme, sois la única vida que tengo”. Efectivamente, la memoria es lo más preciado que tenemos; de ella dependen nuestra conducta y nuestra identidad y del recuerdo de quienes nos precedieron depende nuestra existencia. Christopher Maurer, catedrático de la Universidad de Boston y uno de los tres comisarios de la exposición Lorca y el archivo: Memoria en movimiento, define este trabajo de recopilación y clasificación de los documentos de García Lorca tras su muerte como la “lucha colectiva contra el tiempo, el olvido, la muerte”.
Con ese desafío en defensa de la memoria llegamos a la Residencia de Estudiantes de Madrid, lugar emblemático que albergó el fértil talento del poeta durante una década, aunque de forma intermitente. Atravesamos la puerta de acceso y su presencia en forma de imagen XL nos da la bienvenida. Si nuestras expectativas son mayúsculas, no lo es menos lo que encontramos en las cinco salas en las que se divide la exposición: correspondencia inédita encriptada, entrevistas en prensa, imágenes inéditas por fin identificadas, un mapa con el itinerario de cada miembro de la familia hasta su reencuentro en Nueva York tras el asesinato del poeta, y hasta unos títeres hechos por las primas de García Lorca y su hermana Concha en 1923 para una representación casera de La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón. La muestra es un recorrido emocional que nos proporciona valiosa información sobre el coraje de la familia de García Lorca, así como de su voluntad inquebrantable por preservar su legado. Viajar a través de las vicisitudes de la familia para conservar la obra del poeta es el mejor storytelling posible, cargado de valentía y desprovisto de desaliento.

Cautivados por la visionaria labor de la familia de García Lorca, y la de un buen puñado de buenos y grandes amigos (en España, pero también en Nueva York y en México) que llegaron a poner en riesgo sus vidas a cambio de salvaguardar la obra del poeta, nos adentramos en una exposición que va mucho más allá de reunir documentos potencialmente interesantes para construir la historia del poeta jamás contada.

Aún queda mucho por descubrir de García Lorca. Su voz, por ejemplo. Aunque hay constancia de que grabó varios programas de radio en una época temprana de su vida, nadie ha escuchado nunca cómo suena su voz. Otro ejemplo: esta recopilación histórica y emocional que se exhibe en Madrid hasta el 26 de julio presenta algunas fotografías del rodaje del único guion cinematográfico que escribió el poeta. Y lo hizo para un joven Emilio Amero, fotógrafo y cineasta experimental de origen mexicano con el que había entablado amistad en 1929, durante su estancia en Nueva York.

“En palabras de Quevedo, un archivo nos venga de las ‘injurias de los años’, al tiempo que nos permite vivir en conversación ‘con las grandes almas que la muerte ausenta’”, dice Maurer. Por ese motivo, la exposición madrileña comienza su recorrido en el momento en el que García Lorca fue ejecutado, al comienzo de la Guerra Civil española.

García Lorca fue fusilado en la madrugada del 18 de agosto de 1936 en el barranco de Víznar, Granada (España). Desde ese momento, los manuscritos del poeta corrieron el peligro de extraviarse o ser destruidos. Con el exilio provocado por la guerra, el legado lorquiano se fue dispersando mientras sucedían las fake news sobre su obra, algo que la familia no estaba dispuesta a permitir.
Lorca y el archivo: Memoria en movimiento aporta documentación inédita de alto valor cultural y es, sobre todo, la culminación de una hazaña colectiva. En cada vitrina queda patente que el archivo de García Lorca no se ha tratado como una colección estática de papeles y fotografías. Por el contrario, es una muestra orgánica, en movimiento constante. El movimiento del título alude también al cambio de lugar, al paso de García Lorca por Madrid, Granada, Nueva York o Ciudad de México.

Melissa Dinverno, también comisaria de la exposición, incide en el verdadero espíritu de la muestra, mucho más emocional que documental: “Queremos que conmueva a los visitantes, y que les haga reflexionar sobre las conexiones que puede haber entre sus vidas, o las vidas de sus familiares, y lo que se cuenta. Son historias importantes tanto a nivel personal como a nivel histórico colectivo”, señala la curadora.

Como país estratégico para el exilio español que huía de la Guerra Civil, México también es fundamental en la historia de García Lorca. Así lo demuestra todo el archivo relativo a la publicación de Poeta en Nueva York por parte de José Bergamín, exiliado y fundador de la editorial Séneca en México y la posterior recuperación del manuscrito en Coyoacán, o su colaboración con el artista mexicano Emilio Amero, junto al que ideó Viaje a la luna, cuyo guion, escrito en 1929 en Nueva York por el propio García Lorca, también tiene espacio en la muestra junto a fotografías de un rodaje inexistente.
“En la muestra compartimos otro descubrimiento que surgió durante la preparación de la exposición. Se trata de fotografías inéditas de Amero que sugieren que la colaboración con García Lorca era mayor de lo que se había pensado hasta la fecha. Sin duda alguna, México es un referente cuando hablamos de la diáspora y el exilio español”, señala Dinverno.

Por su parte, Maurer considera que “el futuro del archivo de García Lorca, y de los archivos públicos en Estados Unidos, México y España, depende en gran medida del apoyo de los gobiernos, que suelen olvidar que estas recopilaciones componen la memoria de todo un país”. En opinión de Andrew A. Anderson, tercer comisario de la exposición, definir lo más importante de esta muestra no fue una tarea fácil.
“Yo diría que es un acercamiento totalmente novel. Se trata de un primer intento por trazar el cómo y el dónde de la evolución del archivo de García Lorca desde que la familia se dio cuenta de que tenían que poner a salvo los manuscritos en la Huerta de San Vicente (Granada, España) hasta el actual Centro Federico García Lorca de Granada”, repasa el comisario. Queda claro que la historia que nos están contando en las cinco salas de la Residencia de Estudiantes no tendría ese nivel de detalle ni de conservación sin aquellos esfuerzos llevados a cabo en el verano de 1936. Y es que, según avanzamos en nuestro recorrido, la verdadera proeza la alimentan la gran cantidad de manuscritos (y otros elementos, un archivo no son solo papeles) que se conservaron a lo largo de los años bajo condiciones terribles. Es lo más parecido a un milagro.
En la exposición se comparten también gran cantidad de documentos inéditos que no son manuscritos de García Lorca, pero que arrojan luz sobre quiénes participaron en este viaje durante los 90 años posteriores a la muerte del poeta. Entre los tesoros que alberga vemos infinidad de cartas en las que la familia debía agudizar su ingenio con palabras en clave para no ser censurada; una colección de títeres que protagonizaron una fiesta que dio García Lorca, junto al músico Manuel de Falla, en la casa familiar de Granada en 1923; dibujos de amigos de la familia como José Caballero; y recortes de periódicos de la época con entrevistas que perfilan al García Lorca más extravagante.

En cuanto a los manuscritos, la mayoría se encontraban en la Huerta de San Vicente, en Granada. La familia, y en especial su hermana Concha, se arriesgó y trasladó el acervo a la Huerta del Tamarit, donde lo custodiaban dos primas, Clotilde y Carmen, figuras absolutamente imprescindibles en la proeza relatada a lo largo de la muestra.
El origen de la hazaña que da sentido a la muestra germina en agosto de 1936, cuando empezaron los registros en la Huerta de San Vicente. El éxito de salvaguarda del legado de García Lorca por parte de la familia partió de una especie de espíritu visionario colectivo, cuando los padres del poeta, su hermana Concha y sus primas fueron conscientes de la trascendencia de salvaguardar sus manuscritos.
Nos conmueve especialmente comprobar cómo su hermana Concha tuvo la idea de meterlos en una maleta de piel de cerdo y transportarlos sigilosamente a la vecina Huerta del Tamarit. Algunos documentos se ocultaban en cestos de fruta. A partir de esa iniciativa encomiable se unieron a la causa, de forma progresiva, centenares de personas, familiares, amigos y colegas que nos permitieron disfrutar del legado del que disponemos hoy en día.
El respeto clarividente por la obra de García Lorca ha sido casi litúrgico y extraordinariamente valiente. Dinverno concluye que “esta muestra es una invitación a experimentar el archivo del poeta de una forma diferente, a entender su contenido como algo que crece y evoluciona constantemente, algo que está vivo. Invitamos a reflexionar sobre qué es el archivo y cómo cada uno de nosotros mismos estamos implicados en crear la Historia para el futuro”, dice la comisaria.

Los tres expertos mencionados anteriormente defienden el valor de Lorca y el archivo: Memoria en movimiento como una exposición inédita que habla de lo que, por un motivo u otro, nunca se había hablado hasta ahora. Podemos confirmar que se trata de una verdadera joya y un relato vital emocionante que nos engancha como si de una novela de aventuras —trágicas, eso sí— se tratara.
A pesar de las vicisitudes del entorno de García Lorca para lograr su objetivo final, la impresión final que nos llevamos tiene más que ver con ese espíritu de lucha y de resistencia que con un mensaje negativo.
“Esta exposición cuenta cómo sobrevivieron los documentos alrededor de la obra de García Lorca y el contexto sociopolítico en el que lo hicieron. Supuso un esfuerzo memorable por parte de toda su familia, una estrecha colaboración internacional de investigadores, de amigos y de actores y actrices que tenían copias. Tenemos una historia que nunca se había contado antes y para narrarla hemos utilizado los fondos de la Fundación Federico García Lorca, que hemos podido exponer al público por primera vez”, dice Maurer.
Una vez nos hemos empapado de este recorrido emocional por todo lo que sucedió con la obra del poeta desde el momento de su muerte buceando en los fondos de la Fundación Federico García Lorca, le llega el turno al aspecto más profano de la cita organizada por la Residencia de Estudiantes madrileña.
Las cinco secciones en las que se estructura la muestra cuentan con más de 350 piezas que arman la historia integral de un archivo familiar, custodiado con coraje y mucho riesgo no solo durante la Guerra Civil española y el exilio —cuando hubo que esconderlo y protegerlo— sino también en su complicado regreso a España un par de décadas después.
LAS CINCO ETAPAS se dividen en cinco salas.
La primera, Golpe, Guerra y Ruptura, explora la manera en la que el poeta había manejado y conservado sus papeles, y cómo la guerra repercutió en sus proyectos creativos. En este punto es clave el piso familiar de la madrileña calle Alcalá y cómo un amigo de la familia acudió a recoger todo lo que fuera posible antes de ser interceptado por la censura.
Rutas del Exilio es la segunda sala, en la que entra en juego el papel clave de México en la recuperación y posterior publicación de sus manuscritos. En esta sección se traza lo que esto supuso para los hermanos y los padres del poeta, que en 1940 logran reunirse y comenzar a establecerse en Nueva York. Milagrosamente —sin quitarle mérito a esa red de redes creada por ellos— consigo viaja gran parte del archivo. En México aparece el manuscrito de Poeta en Nueva York y poco después se publica allí y en Manhattan, mientras que en Buenos Aires, Guillermo de Torre recoge, en tomos sucesivos, todas las obras que puede encontrar con la ayuda de amigos y familiares.
En el otro extremo de la historia, el Estado franquista elabora versiones falsas —a veces absurdas— acerca de la vida y muerte del poeta, creando un entorno español en el que la distorsión y la censura obstaculizan el conocimiento del verdadero legado.
El Largo Regreso arranca con la muerte en Nueva York del padre del poeta, Federico García Rodríguez. La familia comienza en 1951 un largo y arduo retorno a un país donde el régimen franquista sigue obstaculizando la publicación y circulación de las obras. Mientras crece la difusión internacional de García Lorca, lidian con cómo cuidar y gestionar archivo y legado en la España franquista.
En cuarto lugar nace la fundación privada de la familia en 1984, verdadero punto de inflexión en la vida del archivo. Para finalizar, entramos de lleno en el futuro, con un esbozo de todo lo que queda por descubrir del poeta, especialmente en cuanto al archivo sonoro (composiciones musicales, grabaciones con su voz) y fílmico, al existir evidencias de que se rodó el guion de Viaje a la luna, aunque no existen muestras fílmicas de ello.
Lorca y el archivo: Memoria en movimiento nos propone un viaje apasionante por el coraje de una familia que supo ver que la obra de García Lorca merecía sobrevivirle, así que dedicaron sus vidas a impedir que la barbarie borrara la obra y la memoria del poeta.
Al visitar la exposición nos convertimos en un pasajero más de ese viaje emocional a las entrañas de un ímprobo empeño familiar que nos conmueve, y que, por suerte, tiene un final feliz que nos regala el talento lorquiano con un cartel imaginario que dibuja un “Continuará…”.
Efectivamente, la muestra aporta nuevos datos sobre el ingente y hasta ahora desconocido archivo lorquiano, su creación y su desarrollo, pero también cuenta historias hasta ahora desconocidas de pérdida y de salvación, de descubrimiento y perseverancia, demostrando cómo los objetos aparentemente inertes que exhibe, en realidad hablan alto y claro y lo van a seguir haciendo en el futuro.
Arriba: García Lorca delante del micrófono de Unión Radio, emisora que transmitió el 5 de abril de 1936 su charla Semana Santa en Granada.
Izquierda: Dos figuras sobre una tumba (1929-1931), ilustración de García Lorca en tinta china sobre papel de tela.
Arriba: retrato de García Lorca realizado por Martín Santos Yubero en Madrid en 1931.
Derecha: exterior del Teatro Eslava de Madrid en la noche del estreno de Yerma, 21 de octubre de 1960.
Abajo: manuscrito de una lista de diez títulos para obras dramáticas proyectadas por García Lorca en el año 1936, poco antes de su muerte.