El tanga de la colección primavera de 1997 de Gucci, que aquí aparece en una fotografía en la mano de la modelo, inspiró el nuevo traje de baño tipo tanga en color negro de la casa. Vestido y tanga de Gucci, gucci.com

 En1994, MÁS de 70 años después de que Guccio Gucci abriera su taller de artículos de piel en Florencia, el diseñador estadounidense Tom Ford, entonces de 32 años, fue elegido para reinventar la casa Gucci. Al revisar los archivos de la firma —apenas unas cuantas cajas de cartón llenas de fotografías de celebridades como Clark Gable, Elizabeth Taylor y Grace Kelly con pañuelos de seda o equipaje con el monograma de la marca—, Ford entendió que el atractivo de Gucci tenía menos que ver con un diseño específico que con el aura de seducción de quienes vestían la firma. Sus trajes de noche de terciopelo, sus camisas de satén en tonos joya y sus abrigos de piel de borrego reinterpretaron la decadencia de los años setenta para convertirla en una propuesta más refinada y contemporánea.

En el desfile de primavera de 1997 de Gucci, Ford presentó a dos modelos, un hombre y una mujer, ambos con el ya infame tanga. La prenda era casi invisible, salvo por el logotipo metálico de las dos G de la casa entrelazadas, que descansaba sobre la parte baja de la espalda de los modelos y brillaba bajo los reflectores como si fuera una joya.

Tras ser nombrado el año pasado nuevo director artístico de Gucci, Demna, de 45 años, se sumergió en la historia y los códigos de la casa. Para su primera colección completa, presentada en Milán el pasado febrero, el diseñador mostró vestidos tubo ceñidos al cuerpo, cazadoras bomber de pelo sintético con estampado de tigre y leggings de tiro bajoque evocaban la provocadora etapa de Gucci en los años noventa. Pero incluso más que la ropa, fue el propio desfile el que evocó la tensión cinematográfica de Ford: Kate Moss desfiló entre hileras de estatuas grecorromanas con un vestido con cristales negro azabache de espalda descubierta y un tanga adornado con el árbol emblema de las dos G entrelazadas en oro blanco, engastado con 10 quilates de diamantes. A principios de este año, Demna le dijo a The Times queGucci está “en el centro de la cultura italiana, pero también tiene que ver con divertirse y no tomarse las cosas demasiado en serio”.


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