Festival Internacional Cervantino. Acervo Fotográfico.

T Magazine México

El 20 de febrero de 1953, la Plaza de San Roque, en Guanajuato, se convirtió en escenario para los Entremeses de Miguel de Cervantes. Enrique Ruelas, profesor y director teatral de la Universidad de Guanajuato, encabezaba aquella puesta en escena. El Teatro Universitario había nacido apenas un año antes; al salir a la plaza, encontró una forma de incorporar la arquitectura y la vida de la ciudad a la representación. Allí comenzó el antecedente del Festival Internacional Cervantino.

Inauguración del 1º Festival Internacional Cervantino por autoridades federales y estatales. Festival Internacional Cervantino. Acervo Fotográfico.
Trío de bailarines enmascarados del Ballet Moderno y Folklórico de Guatemala en una representación. Festival Internacional Cervantino. Acervo Fotográfico.

La elección tenía sentido escénico. Los entremeses son piezas breves que recurren al humor, la sátira y los personajes populares para observar las contradicciones de la convivencia. En Guanajuato, ese teatro encontró un espacio cercano a su naturaleza: una plaza donde actores, habitantes y visitantes podían reunirse. La comunidad se involucró en el proyecto, y las representaciones adquirieron continuidad. El vínculo con Cervantes creció a través de una práctica compartida.

Casi veinte años después, aquella experiencia alcanzó otra escala. Del 29 de septiembre al 28 de octubre de 1972 se celebró el primer Festival Internacional Cervantino, con la participación de 14 países, incluido México, y 118 funciones. Su nacimiento formal ocurrió durante la presidencia de Luis Echeverría. En 1976, un decreto creó el Comité Organizador, dando estructura institucional a un encuentro que había surgido de la actividad universitaria y de su relación con la ciudad.

Inauguración de la estatua de Miguel de Cervantes Saavedra en la Plazuela del Quijote. Festival Internacional Cervantino. Acervo Fotográfico.

Ese tránsito ayuda a entender su importancia para México. El Cervantino situó en Guanajuato un punto de encuentro internacional para las artes, fuera de la capital del país. La música, la ópera, el teatro, la danza, las artes visuales y el cine ampliaron progresivamente su horizonte. El nombre conservó la referencia al escritor español, mientras la programación abrió espacio a distintas tradiciones y formas de creación.

Bailarines del Ballet Independiente en una ejecución coreográfica de danza moderna, 2º Festival Internacional Cervantino . Festival Internacional Cervantino. Acervo Fotográfico.

La ciudad participa de esa experiencia. Sus plazas y recintos determinan cómo se presentan las obras y cómo las encuentra el público. Esa relación permite leer el festival como una manera de habitar Guanajuato: acudir a una función, caminar hacia otra, reconocer un espacio cotidiano convertido en escenario. Su origen universitario ofrece también una clave editorial para valorar su trayectoria. Un festival construye relevancia cuando despierta curiosidad y permite que los espectadores desarrollen criterios propios sobre aquello que ven y escuchan.

Niña y público asistente observando las obras en la exposición “Cruces y cristos mexicanos”, 2º Festival Internacional Cervantino. Festival Internacional Cervantino. Acervo Fotográfico.

La continuidad ha exigido adaptaciones. En 2020, ante la pandemia, la edición 48 se trasladó al formato digital; en 2021, el encuentro adoptó una programación híbrida. El cambio llevó al Cervantino a explorar otras formas de circulación y acceso, y puso en primer plano una pregunta que acompaña su historia, cómo acercar las artes a públicos que se encuentran en condiciones y lugares distintos.

En 2026, a 54 años de su fundación, el festival celebra su edición 54 del 3 al 18 de octubre, con Francia como país invitado, en el marco del bicentenario de las relaciones diplomáticas entre ambos países. La programación reúne participación de 29 países y, en su componente nacional, de 20 entidades federativas. Además, el Circuito Cervantino lleva propuestas a 16 estados entre el 26 de septiembre y el 28 de octubre. Esa extensión vuelve concreta su dimensión nacional: las obras circulan más allá de la sede que dio origen al encuentro.

Su relevancia cultural puede medirse desde aquella primera plaza: en las oportunidades de encuentro que abre, en la presencia de los artistas mexicanos y en la posibilidad de sostener una programación diversa al alcance de nuevos espectadores. San Roque sigue ofreciendo una idea fértil para el presente.


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