Foto: Casa Abierta.

Alonso de la Serna

Una tira de papel adquiere volumen al enrollarse; una fotografía cambia de sentido cuando se corta y encuentra otra superficie. En ambos gestos, la transformación exige detener la mirada. Esa atención resulta particularmente sugerente dentro de un hotel, donde los espacios suelen recorrerse con una intención práctica: llegar, encontrarse con alguien, salir hacia otro lugar.

Durante el primer capítulo de Casa Abierta, el lobby y las áreas de reunión de Waldorf Astoria Riviera Maya alojaron piezas de Colección Serpentina y Prince Láuder. La plataforma cultural cerró esta etapa el pasado 23 de octubre, después de presentar sus trabajos desde marzo y abril de 2026, respectivamente. Su convivencia permitió acercarse a dos lenguajes que comparten una sensibilidad por el fragmento, la composición y las posibilidades expresivas de materiales familiares.

Foto: Casa Abierta.
Foto: Casa Abierta.

Papel que construye una forma

En Colección Serpentina, estudio cofundado por el diseñador industrial Jesús Rentería Franco, las tiras de papel enrolladas y moldeadas a mano se convierten en piezas escultóricas. El procedimiento conserva a la vista algo esencial: la relación entre la repetición de un gesto y la complejidad de su resultado.

Foto: Casa Abierta.
Foto: Casa Abierta.

Obras como Vanitas Cabezas, Vasija Origami, Guajes y Alebrije llevaron al espacio una interpretación contemporánea del arte popular mexicano. Sus formas permiten pensar en la continuidad de ciertos recursos visuales y en la capacidad del diseño para llevarlos hacia otras escalas y usos. El papel, asociado con la fragilidad, adquiere una presencia que invita a reconsiderar el valor que atribuimos a los materiales.

Imágenes que cambian de sentido

Foto: Casa Abierta.

En las piezas de Prince Láuder —Carlos Guerrero—, la pintura, la fotografía y el collage articulan otra clase de construcción. El recorte modifica la imagen disponible; su encuentro con otros elementos abre nuevas relaciones entre el rostro, el color y la geometría.

He conocido la razón, Era verdad y Contraste D formaron parte de su participación. Durante la clausura, el artista acompañó a los invitados en un recorrido por su obra y compartió aspectos de su proceso creativo. Ese intercambio añadió una dimensión valiosa: escuchar cómo se toman las decisiones que una pieza terminada apenas deja entrever.

La presencia del arte en la hospitalidad plantea una pregunta sobre la calidad de esos encuentros. Un espacio de tránsito puede favorecer descubrimientos inesperados; la conversación con los creadores y el contexto de las obras pueden darles profundidad. También conviene observar a quiénes llegan estas propuestas y qué vínculos consiguen sostener con la escena artística que las hace posibles.

Casa Abierta reunió, en este primer capítulo, dos maneras de alterar nuestra percepción de lo conocido. Su cierre deja una posibilidad para las siguientes etapas: cultivar una atención que acompañe al visitante después de la estancia, cuando el papel y las imágenes de todos los días vuelvan a aparecer ante sus ojos.


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