Foto: cortesía de TANE

Redacción T México

Existen formas capaces de sobrevivir a las épocas, y es que no necesariamente necesitan palabras para ser reconocidas ni grandes explicaciones para adquirir significado. Permanecen porque terminan integrándose a la memoria colectiva de un país. La “X” concebida por Pedro Ramírez Vázquez pertenece a esa categoría de símbolos.

Inspirada originalmente en los frisos de la arquitectura de Uxmal, esta composición geométrica acompañó buena parte de la trayectoria del arquitecto mexicano. Su presencia puede encontrarse en proyectos fundamentales del siglo XX, entre ellos el Museo Nacional de Antropología, donde funciona como una celosía que organiza la luz y el espacio, así como en la escultura monumental realizada para la Exposición Universal de Sevilla en 1992, con el tiempo se convirtió en un lenguaje que sintetizaba distintas ideas de identidad, territorio y encuentro cultural.

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La fuerza de ese signo reside precisamente en su capacidad para condensar múltiples significados. La intersección de dos líneas remite al mestizaje, a los puntos cardinales y, de manera inevitable, al nombre de México. Ramírez Vázquez veía la arquitectura como una disciplina capaz de producir símbolos duraderos, y pocas de sus propuestas alcanzaron una difusión tan amplia como esta geometría elemental.

Su vigencia explica que hoy continúe siendo reinterpretada desde distintos campos del diseño. En esa conversación aparece TANE, cuya historia ha estado vinculada desde mediados del siglo XX con una idea muy precisa de la orfebrería mexicana: el objeto como síntesis entre oficio, materia e identidad. Desde la década de 1970, la casa ha desarrollado colaboraciones con artistas y arquitectos bajo el formato de Arte Objeto, un territorio donde la plata deja de ser únicamente soporte ornamental para convertirse en un medio de exploración artística.

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Dentro de esa genealogía, la “X” de Ramírez Vázquez encuentra una escala distinta. La colección X de México traslada la estructura original a esculturas de plata .925 de edición limitada y numerada, además de una línea de joyería unisex. La operación no consiste únicamente en reducir el tamaño de una obra, sino en observar cómo un emblema concebido para el espacio público puede pasar al ámbito doméstico y corporal sin perder su carga simbólica. La colaboración también confirma una línea de trabajo que TANE ha sostenido durante décadas, nos referimos a acercar el legado de figuras fundamentales del arte y la arquitectura mexicanos a nuevos formatos de producción contemporánea.

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El momento resulta especialmente pertinente. A medida que México vuelve a ocupar la atención internacional con motivo de la Copa Mundial de Futbol de 2026, reaparecen también algunas de las figuras que construyeron la imagen moderna del país durante el siglo pasado. Pedro Ramírez Vázquez, responsable de obras como el Museo Nacional de Antropología, el Museo de Arte Moderno, la Basílica de Guadalupe y el entonces Estadio Azteca, entendió que la arquitectura también podía producir identidad colectiva.

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En ese contexto, la relectura de la “X” permite mirar también la continuidad de ciertos oficios. La arquitectura, la plata y el diseño aparecen en este sentido como lenguajes capaces de preservar la memoria material. En este sentido, e proyecto abre una reflexión sobre la manera en que los símbolos nacionales pueden seguir circulando.


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