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Carolina Chávez

CC: En la quietud de la noche fue el proyecto que llamó la atención de la Directors Guild of America. ¿Qué historia querías contar con este cortometraje y qué sentías que solo podía expresarse a través del cine?

AM: En la quietud de la noche nació de un sueño muy personal que tuve cuando era niño, en el que pude conocer a mi abuelo, a quien nunca tuve la oportunidad de ver en vida.

Entendí que esa experiencia hablaba de algo mucho más grande: el deseo de reencontrarnos con quienes ya no están o de poder decir aquello que quedó pendiente.

Sentía que esta historia solo podía contarse a través del cine porque el cine tiene la capacidad de hacer tangible lo imposible. Me permitió darle vida a ese encuentro, traer a mi abuelo de vuelta a través de mis actores, mezclar la realidad con la tradición del Día de Muertos y transmitir emociones que muchas veces son difíciles de explicar con palabras.

Más que contar mi propia historia, quería que cada espectador recordara a esa persona que extraña y sintiera, por un momento, que también podía volver a verla. Creo que esa es una de las cosas más poderosas que puede hacer el cine, convertir una experiencia profundamente personal en una emoción compartida.

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CC: Recibir un reconocimiento de la Directors Guild of America implica ser observado por algunos de los directores más influyentes de la industria. ¿Qué representa este momento en tu trayectoria y cómo cambia la manera en que piensas tu siguiente proyecto?

AM: Sin duda representa uno de los momentos más importantes de mi carrera hasta ahora.

Recibir un reconocimiento de una institución como la Directors Guild of America es un gran honor, pero también una confirmación de que las historias que estamos desarrollando tienen el potencial de conectar más allá de nuestras fronteras.

Más que cambiar la manera en la que pienso mi siguiente proyecto, reafirma el camino que ya veníamos construyendo. Junto con mi equipo llevamos tiempo desarrollando historias de distintos géneros con una ambición internacional, y este reconocimiento nos da aún más confianza para buscar alianzas con productores, estudios e inversionistas que quieran construir esos proyectos con nosotros. Lo veo como el inicio de una nueva etapa.

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CC: Formarte en la New York Film Academy y desarrollar una carrera entre México y Estados Unidos seguramente ha ampliado tu perspectiva. ¿Qué elementos de tu mirada como cineasta consideras profundamente mexicanos, incluso cuando trabajas en un contexto internacional?

AM: Mi formación me dio herramientas para entender el cine desde una perspectiva internacional, pero mi manera de contar historias sigue estando profundamente influenciada por México. Ahí están mis recuerdos, mi forma de ver a la familia, las tradiciones y la manera en la que entendemos la vida.

Más que buscar que mis películas “se sientan mexicanas”, busco que sean fieles a mis ideas. Cuando cuentas una historia desde un lugar auténtico, esa identidad aparece de forma natural. Eso es algo que quiero mantener en todos mis proyectos. Sin importar dónde ocurran las historias, siempre quiero que tengan una voz propia, personajes humanos y emociones reales.

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CC: En los últimos años hemos visto una presencia cada vez más sólida de realizadores mexicanos en la industria global. ¿Sientes que esta nueva generación comparte una forma distinta de contar historias o de relacionarse con Hollywood respecto a quienes abrieron el camino antes?

AM: Quienes llegaron antes abrieron puertas fundamentales y demostraron que un cineasta mexicano podía competir al más alto nivel. Mi generación creció viendo esos logros, pero también en un momento con mayor acceso a herramientas, referentes internacionales y nuevas formas de producir y distribuir cine.

Quizá la diferencia es que hoy no vemos a Hollywood únicamente como un destino, sino como uno de los espacios con los que podemos colaborar. Queremos construir puentes entre México y Estados Unidos, desarrollar proyectos en ambos países y contar historias con ambición internacional sin abandonar nuestra identidad. Nos toca reconocer el camino que otros construyeron y ampliarlo para las siguientes generaciones.

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CC: ¿Cuál fue el mayor reto creativo durante la realización de En la quietud de la noche y qué aprendiste de ese proceso?

AM: El mayor reto fue darle vida a dos cosas profundamente personales: mi abuelo Rubén y el mundo de los muertos. Nunca conocí a mi abuelo, así que para construir ese personaje hice una investigación familiar. Recopilé fotografías, escuché anécdotas y hablé con distintos miembros de mi familia para entender cómo era. Toda esa información la compartimos con Jesús Ochoa, quien interpretó a Rubén de una manera extraordinaria.

El otro gran reto fue materializar el mundo de los muertos. Queríamos alejarnos de una representación oscura o terrorífica y construir un lugar lleno de paz, memoria y esperanza.

Ese proceso me enseñó que los detalles hacen toda la diferencia. Cuando una película nace desde un lugar honesto y las decisiones están respaldadas por una emoción real, el público lo percibe.

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CC: ¿Qué historias sientes que es urgente contar desde México y qué tipo de cine te gustaría construir en los próximos años para seguir dialogando con audiencias de distintas partes del mundo?

AM: Creo que México tiene muchísimas historias que merecen ser contadas. Somos un país con una enorme riqueza cultural, histórica y humana, pero también con personajes, conflictos y tradiciones que todavía tienen mucho por explorar desde distintos géneros.

En lo personal, no me interesa contar un solo tipo de historia. Me considero un contador de historias, no un director de un género. Junto con mi equipo estamos desarrollando proyectos de drama, thriller, acción, terror, documental y comedia, porque creo que cada historia encuentra su mejor forma de ser contada.

El cine que quiero construir en los próximos años es uno con ambición internacional, pero con una identidad muy clara. Quiero hacer películas que puedan emocionar y conectar con audiencias de cualquier parte del mundo sin dejar de reflejar quiénes somos y de dónde venimos. Estoy convencido de que las historias más locales, cuando se cuentan con honestidad, terminan siendo las más universales.


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