Foto: Graeme Mitchell.

Carolina Chávez

Es inminente, Anne Carson es la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2026.

Carson lleva más de cuatro décadas escribiendo libros difíciles de colocar bajo una sola etiqueta. En su obra, un ensayo puede convertirse en poema; una traducción puede funcionar como una pieza literaria propia, y un mito griego puede reaparecer convertido en una historia de amor contemporánea.

Nació en Toronto en 1950 y estudió lenguas clásicas. Desde entonces, Grecia antigua ha sido una presencia constante en su trabajo, aunque nunca como una referencia lejana o académica. Carson vuelve a Safo, Sófocles, Eurípides o Homero para hablar de asuntos que no han dejado de ser urgentes y profundamente humanos, aunque las tendencias digan lo contrario: enamorarse, perder a alguien, desear, sentir celos, recordar y tratar de entender aquello que no tiene una respuesta sencilla.

Foto: Britannica.

Uno de sus primeros libros fundamentales fue Eros the Bittersweet, publicado en 1986, donde estudió el deseo a partir de la literatura griega. Ya ahí aparecía una característica que definiría toda su obra: Carson no separa con facilidad el pensamiento de la experiencia íntima.

Foto: Christopher Sherman.

En The Glass Essay, publicado en 1995, escribió sobre una ruptura amorosa mientras leía a Emily Brontë. El poema pasa del paisaje al cuerpo, de la literatura a la familia. Tres años después publicó Autobiography of Red, quizá uno de sus libros más conocidos. Carson tomó a Gerión, una criatura de la mitología griega, y lo convirtió en un joven rojo, alado, fotógrafo y enamorado de Heracles. El resultado es una novela en verso sobre deseo, identidad y vulnerabilidad que conserva la antigüedad del mito mientras lo coloca en otro tiempo.

En The Beauty of the Husband volvió a trabajar sobre el amor, esta vez desde el derrumbe de un matrimonio. El libro se presenta como “un ensayo narrativo en 29 tangos”, una definición que explica bastante bien su manera de escribir: Carson suele inventar la forma que necesita cada libro.

Foto: The New York Times.

También lo hizo con Nox, publicado en 2010 después de la muerte de su hermano. Fotografías, cartas, fragmentos, traducciones y recuerdos forman un volumen desplegable que funciona como elegía y archivo familiar. El duelo no aparece allí como un relato ordenado, sino como restos que el lector debe recorrer.

Su trabajo como traductora ha sido igualmente decisivo. En If Not, Winter, su versión de los fragmentos de Safo, Carson conserva incluso los vacíos de los poemas originales. Lo que falta también forma parte de la lectura.

Mucho antes del Nobel, Carson ya había cambiado la manera de entender las fronteras entre poesía, ensayo, traducción y narrativa. Su literatura parte de textos escritos hace siglos, pero rara vez mira hacia atrás con nostalgia. Los usa para hacer preguntas presentes.

Quizá por eso una de sus frases resulta especialmente útil para leerla: “Si supiera qué es la poesía, no tendría necesidad de escribir”.

Que Anne Carson reciba el Nobel importa también porque reconoce una forma de escribir que durante años se movió fuera de las clasificaciones cómodas. Su obra demuestra que la poesía puede convivir con el ensayo, la traducción, el archivo y la ficción sin perder precisión ni intensidad. El premio confirma que la literatura todavía puede ensanchar sus propias formas… y sus puertas. 


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