Caroline Scheufele, directora creativa y copresidenta de Chopard.

Javier Fernández de Angulo

FOTOGRAFÍAS: MARC NINGHETTO, CORTESÍA DE CHOPARD.

En 1985, CAROLINE Scheufele, entonces todavía una adolescente, diseñó el Happy Clown, la primera pieza con la que Chopard, legendaria casa relojera, irrumpió en el mundo de la joyería. Inspirado en los relojes Happy Diamonds y en el mundo del circo, en apenas unos años, aquel payaso elaborado en oro, que incluía rubíes, diamantes y esmeraldas en su barriga como si fueran bolas de malabares, se convirtió en una de las joyas más representativas de la marca.

“Un ícono se crea en una fecha concreta, pero en realidad es el tiempo el que lo hace, cuando es valorado por diferentes generaciones, nacionalidades, lenguas y culturas. No es fácil”, explica Scheufele a T México en Ginebra, durante un receso de sus actividades en la feria Watches & Wonders. La hoy directora creativa y copresidenta de Chopard llega a la cita ataviada con una reedición de aquel Happy Clown seminal, una pieza que, como la propia marca, se ha adaptado a su tiempo para continuar trascendiendo.

Tres semanas después de esta entrevista, Scheufele se trasladará a la Costa Azul francesa para participar en una nueva edición del Festival de Cine de Cannes, con el que Chopard colabora desde finales de los noventa en lo que la propia creativa define como “una historia de amor”. “Yo era fan del festival, quería participar, pero no sabía si quería hacerlo con un evento, una fiesta o un patrocinio”, recuerda Scheufele, quien presentó en la Costa Azul Miracles, la última colección de la maison.

El actor francés William Abadie, embajador de Chopard.

Y entonces conoció a Pier Viot, director del certamen, quien la invitó a remodelar el trofeo. El festival buscaba un rediseño para celebrar su 50° aniversario y Scheufele, decidida, aceptó el reto de inmediato. Amante del cine desde la infancia, el desafío la motivó a crear una nueva Palma de Oro, que se presentó en 1998 y que desde 2014 se elabora con oro ético certificado, reafirmando así el compromiso de la casa con la minería responsable. “La sostenibilidad es una tendencia en el universo del lujo, al menos eso espero. El lujo debe ser transparente y debe buscar con determinación la producción ética”, señala la creativa.

Más tarde llegaría también el Trofeo Chopard, concebido para premiar el talento joven en el ámbito de la interpretación, y en 2007 la Red Carpet Collection: desde entonces, la marca presenta cada año una cantidad de piezas de alta joyería igual al número de la edición del festival. Esa intrínseca relación con los galardones franceses, quizás los únicos que hoy compiten en glamour, trascendencia e influencia con los Oscars, le ha permitido a Scheufele establecer una estrecha amistad con algunas de las estrellas que año tras año se desplazan a la Costa Azul.

Pedro Almodóvar, amigo íntimo de la diseñadora, fue uno de los protagonistas de la última edición del festival, en la que presentó Amarga Navidad (2026), su última película, pero también leyendas del cine clásico como Elizabeth Taylor apostaron en el pasado por las joyas de Chopard para brillar en la alfombra roja más famosa de Europa. “Vio algunas piezas y dijo que se las llevaba, que quería dormir con ellas”, recuerda Scheufele sobre su relación con la protagonista de Cleopatra (1963).

“Al día siguiente, se despertó en su villa y me pidió que le llevara toda la colección. Colocó todas las joyas sobre la mesa y las mezcló con las suyas mientras un perro pequeño paseaba entre ellas. Hubo un momento en que yo no sabía cuáles eran suyas y cuáles mías. ‘No te preocupes’, me dijo. ‘Las que te falten te las pago’. Al final se llevó casi todo”, añade. Pero Taylor no ha sido la única. Actrices como Uma Thurman, Isabelle Huppert, Angelina Jolie y Julia Roberts y modelos como Kate Moss o Bella Hadid también han portado creaciones de Scheufele en alguno de los eventos que acoge el festival, algunos de ellos organizados por la propia casa joyera; es el caso de la Chopard Annual Dinner and Love Party, una de las citas más deseadas y exclusivas en la agenda del festival.

“Caroline es como sus joyas, creativa y alegre, disfruta como una niña. Admiro su curiosidad y cómo le gusta diseñar, casi como si fuera un juego en el que pone toda su personalidad”, dice a T México, también en el marco de Watches & Wonders, el actor y productor Alejandro Nones, quien ha acudido a varias ediciones del festival francés. “Sus fiestas en Cannes son las mejores, en grandes espacios como palacios, hoteles de lujo o playas privadas. Siempre tienen muchos detalles, la mejor música y los mejores invitados”, continúa Nones, quien recuerda momentos tan especiales como ver a Robbie Williams interpretando en directo la canción I Will Survive en la Gold Party de Chopard del año anterior, evento en el que también han participado cantantes como el tenor José Carreras, Mika, Seal o Enrique Iglesias.

Gracias a su condición de miembro oficial de la Federación de la Alta Costura y de la Moda, estatus que la marca alcanzó en 2015 tras demostrar a la institución un nivel de artesanía manual equivalente al de la artesanía textil, Chopard pudo integrarse en los desfiles de la Semana de la Alta Costura de París, donde cada año presenta sus colecciones de alta joyería junto a las creaciones de los grandes diseñadores del mundo. La sinergia, sin embargo, no se quedó ahí y en 2023 la marca lanzó Caroline’s Couture, su primera incursión en la industria de la moda, una unidad de negocio también liderada por Scheufele y que, según Nones, “la mantiene emocionada”.

Para crear Caroline’s Couture, Scheufele se rodeó de destacados maestros artesanos del diseño textil y de la costura y reconoce que mantener la empresa como un proyecto de propiedad familiar es un motivo de orgullo frente a las grandes corporaciones. “Tenemos que buscar nuestro espacio”, asegura sobre una independencia que les permite trabajar con mayor agilidad, apostar por la calidad y desarrollar obras artesanas, únicas, más libres y creativas. “Es una labor donde controlamos todo el proceso”, apunta sobre un proceso creativo abierto en el que “no hay instrucciones” y en el que la inspiración puede llegar de la música, el cine o la arquitectura. “No hay reglas”, añade Scheufele, quien suele trabajar en casa, rodeada de lápices, marcadores, acuarelas, dibujos y papeles, a veces bajo la mirada curiosa de sus numerosos perros. Y es que los animales, como la naturaleza, ocupan un lugar central en su imaginario creativo. “Siempre hay algo nuevo, es un gran poder”, reconoce.

Consciente de la necesidad de adaptarse a distintos mercados y generaciones, Scheufele observa con atención a los nuevos públicos. “Las nuevas generaciones están más atentas a la sostenibilidad, a las reglas éticas, son más curiosos y manejan más información de todo lo que hay en el mercado”, señala la directora creativa de Chopard, una firma que desde 1978 controla el origen del oro con el que trabaja a través de su propia fundición. Esa obsesión por la trazabilidad se ha reforzado con el tiempo, hasta concretarse en 2019 con la presentación de una colección de relojes fabricados en Lucent Steel, un acero compuesto en un 70 por ciento por material reciclado. A esta visión se suma también el concepto green carpet, creado para mostrar joyas cuyos materiales respetan criterios de sostenibilidad en todo el proceso, desde la mina hasta el escaparate.

En su tiempo libre, Scheufele regresa a su esencia. Le gusta dibujar flores y jardines, escuchar música, visitar museos y disfrutar de sus seis perros, su “gran familia”. Viajar es otra de sus pasiones. “Estuve en México solo una vez unas horas para una apertura, pero tengo que volver”, asegura, y no duda a la hora de dar un consejo a una mujer que decida abrirse camino en el negocio de la joyería: “Deben tener pasión por las piedras y, si quiere diseñar, también talento. Es una industria compleja donde se une lo artesanal con la tecnología”, observa.

¿Y la Inteligencia Artificial? “Puede ayudar, pero nunca va a diseñar por mí”, augura. Cuando intenta definir qué es hoy el lujo, Scheufele se aleja de lo material. “Es una gran palabra, pero para mí es tener tiempo. El lujo no es material, es un estilo de vida. Sentir el aire fresco de la naturaleza y levantarte feliz por la mañana, sana”. Después de una larga conversación sobre esmeraldas, diamantes, oro, zafiros y joyas, la conclusión llega con una sencillez casi inesperada. Para Scheufele, el lujo es, ante todo, una experiencia emocional.


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