Matt Dillon, fotografiado en el estudio del Upper West Side donde crea sus obras, el 26 de marzo de 2026. Posa con Untitled (Red King) (2026), inspirada en sus viajes por Benín y con referencias a la cultura vudú. Tanto esta pieza como Douk Pon (2025, a la derecha) se presentaron en una exposición individual en la Journal Gallery de Nueva York.


Max Lakin

Fotografía de David Chow

El estudio de pintura de Matt Dillon —en un modesto departamento en el Upper West Side de Manhattan— está sorprendentemente ordenado: el suelo recién cubierto con papel y sus pinturas y paletas organizadas en un pequeño clóset. Eso, según comenta, solo se debe a que pasó una temporada en Berlín: “Soy un desastre. Ya hice las paces con eso”.

Apoyada contra una pared hay una pieza irregular de masonita cubierta con pintura negra sobre la que escribió “Porto Novo” arriba y “Abomey” abajo: los nombres de la actual capital de Benín y de la ciudad que alguna vez fue la capital del Reino de Dahomey, respectivamente, dos lugares que Dillon visitó después de grabar The Fence (2025), de Claire Denis, en África occidental.

Dillon, de 62 años, se dio a conocer interpretando a adolescentes atormentados en una serie de películas de los años ochenta: Rebeldes, La ley de la calle (ambas de 1983) y Drugstore Cowboy (1989). Su obra artística también se inspira en el neoexpresionismo de aquella época. Pinta con un estilo gestual y lleno de textura, con guiños a los trazos enigmáticos de Julian Schnabel, las distorsiones inexpresivas de Martin Kippenberger y el primitivismo deliberadamente ingenuo de A. R. Penck y Jean-Michel Basquiat.

Durante su infancia en Mamaroneck, Nueva York, Dillon no recibió formación artística formal, aunque sí tuvo contacto con el arte desde muy joven. Su tío abuelo creó la tira cómica Flash Gordon en la década de 1930 y su papá, gerente de ventas, pintaba retratos en su tiempo libre. Cuando era un joven actor, Dillon formó un equipo de sóftbol con Futura y otros grafiteros; uno de los partidos quedó inmortalizado por Andy Warhol en una entrada de su diario de 1985 (“Matt Dillon se ponchó con tres bases llenas, pero se veía guapo”).

Aprendió más sobre arte tras instalarse en la Costa Oeste, donde compartió un departamento con el galerista Patrick Painter y entró en contacto con muchos de los artistas conceptuales de Los Ángeles que Painter exhibía, como Mike Kelley y Paul McCarthy. “Me encantaba”, dice Dillon sobre su trabajo, “pero no era lo mío”. Durante gran parte de su vida adulta, Dillon pintó en sus ratos libres durante los rodajes y en cuartos de hotel. No empezó a trabajar en obras de gran formato hasta hace poco más de una década, cuando rentó su primer estudio.

A pesar de, o quizá gracias a, no haber contado nunca con el respaldo de una galería, su trabajo se ha ganado la admiración de otros artistas. En 2021, el pintor John Newsom incluyó su obra en una muestra colectiva en el Brattleboro Museum and Art Center de Vermont junto a piezas de Donald Baechler y Wendy White; posteriormente presentó una pintura en el Watermill Center de Long Island, dentro de una exposición curada por Brian Belott y Noah Khoshbin que también incluye obras de Carroll Dunham y Katherine Bernhardt.

“Es un artista emergente y consolidado al mismo tiempo, lo cual es poco común”, dice Michael Nevin, quien junto con Julia Dippelhofer dirige Journal Gallery, donde este año se presentó la primera exposición individual de Dillon en Nueva York. ¿Piensa que algunas personas puedan verlo como una celebridad que pinta? “Me gusta hacer cosas diferentes”, dice. “Supongo que eso puede jugar a tu favor o en tu contra”. “[Algunas] personas siempre van a decir: ‘Tú quédate en esta esquina’”, añade. “Los grandes desafíos para mí, y probablemente para muchos artistas, son el control, la libertad y la disciplina. La alegría llega cuando aceptas la obra después de haber forcejeado con ella durante mucho tiempo”.


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