The Shower (1943), de Paul Cadmus.

El trío —que se hacía llamar PaJaMa— tenía poco más de treinta años cuando empezó a crear fotografías coreografiadas, casi desnudas, de sí mismos y de su círculo de amigos en las playas de Nantucket, Provincetown y Fire Island.

Aunque la obra tiene una cualidad casi surrealista, también refleja lo que la historiadora del arte Angela Miller describe en su libro de 2023 Body Language, coescrito con el artista multidisciplinario Nick Mauss, como las “delicadas negociaciones entre tres personas, impulsadas por una compleja alquimia de amor, deseo, anhelo, resentimiento y envidia”. Miller observa que la “gramática formal de muchas fotografías de PaJaMa se articula en torno a triángulos y triangulaciones”, y señala que Jared rara vez aparece junto a los otros dos.

Pero PaJaMa no fue solo un cuestionamiento a la familia tradicional; también propuso una nueva forma de entender la creación artística colaborativa. De las miles de fotos que tomaron —las cuales no fueron pensadas para venderse ni exhibirse, sino en su mayoría para regalarse— pocas se atribuyen a alguno de ellos. “Su juego fotográfico ayudó a cohesionar a este grupo replegado en sí mismo en un momento de gran urgencia histórica”, escribe Miller.

Si se mira en retrospectiva, los objetos encontrados en algunas imágenes —madera a la deriva, cuerdas, redes— parecen anticipar la irrupción del mundo exterior. Y, como toda buena fantasía, esta también llegó a su fin: los French se mudaron a Italia a principios de los años sesenta.

Woman and Boys (1944), de Jared French.

Más de medio siglo después de la disolución de PaJaMa, el grupo sigue influyendo en nuevas generaciones de artistas queer como TM Davy, pintor conocido por sus luminosas representaciones en tonos pastel de amigos y criaturas míticas del bosque.

Cuando estudiaba la secundaria en Long Island, Davy, hoy de 45 años, pasó varios veranos trabajando con su papá en una firma de conservación y restauración de arte en el Midtown de Manhattan. Cuando no estaba restaurando murales, se escapaba a la Octava Avenida “solo para darle un vistazo, de algún modo, a lo que se sentía ser gay y estar fuera del clóset”, recuerda.

En los libros descubrió los retratos homoeróticos, poco vistos, de George Platt Lynes, fotógrafo de moda estadounidense de las décadas de 1930 y 1940, así como las imágenes de PaJaMa. Mientras que los desnudos masculinos de Lynes transmitían deseo y sexo gay, el trabajo de PaJaMa, según recuerda Davy, tenía la cualidad más libre de “un juego que existe desde que existen cuerpos en la playa”.

Durante una residencia artística en Fire Island, Davy decidió canalizar lo que denomina la “danza lúcida y fluida” de PaJaMa. Con su esposo, el jardinero Liam O’Malley Davy, como modelo —junto con otros artistas como Paul Mpagi Sepuya, fotógrafo radicado en Los Ángeles, y AA Bronson, miembro fundador del colectivo canadiense General Idea—, Davy tomó sus propias fotografías de erotismo despreocupado junto al agua y entre las dunas, superponiendo algunas con ilustraciones de penes voladores.

“Se siente como si las grandes figuras, al haber tocado algo tan profundamente personal y trascendente, estuvieran ahí contigo”, dice Davy sobre PaJaMa. “No lo haces por ellas… Pero te recuerdan que la creatividad es una corriente que atraviesa comunidades”.

Al igual que PaJaMa, Sepuya, de 43 años, ha construido su práctica en torno al potencial creativo de la coautoría.

“Creo firmemente que nadie hace algo por primera vez”, afirma el artista, quien también fotografió personas en la playa para otro proyecto relacionado con PaJaMa junto a Solomon Chase y David Toro, del colectivo DIS. “Simplemente lo estamos produciendo y compartiendo de nuevas maneras”.

The Moon by Day (1939), de Margaret French.

Otros pioneros del arte gay —Tom of Finland, David Hockney, Robert Mapplethorpe y Andy Warhol— también reconocieron la audacia de Cadmus y sus contemporáneos. La llamada Pictures Generation, un grupo no oficial de artistas neoyorquinos, heterosexuales y homosexuales, que surgió a finales de los años setenta y principios de los ochenta, difícilmente habría existido sin PaJaMa, cuya iluminación y sentido performativo, a menudo cercano al camp, se inspiraban en parte en el cine noir de los años cuarenta.

En la década de 1990, Cadmus fue una influencia tanto para el fotógrafo comercial Bruce Weber como para el pintor fotorrealista Chuck Close.

“Paul apoyaba especialmente a artistas jóvenes que utilizaban la figura para comunicar algo importante —una idea, una situación, un momento—”, dice Edward De Luca, director de DC Moore Gallery en Nueva York, quien trabajó con Cadmus desde finales de los ochenta hasta su muerte en 1999. “Creo que le habría dado gusto saber que aún existen artistas que ven su obra como una inspiración”.

El artista británico radicado en Nueva York Oscar yi Hou, de 27 años, incluso atribuye a Cadmus la invención del selfie desnudo.

“Es bonito pensar que, cuando envías una foto nude en Grindr, en realidad estás participando en toda una genealogía de intercambio erótico, que coexiste con la historia misma del deseo humano”, dijo en una entrevista en 2024.

Fotografía de 2023 del diseñador de moda Erdem Moralioglu para la revista Acne Paper.

Los movimientos artísticos progresistas, especialmente los más radicales, suelen surgir en épocas turbulentas, y PaJaMa no fue la excepción.

“Es irónico que sus imágenes sean tan libres”, dice el diseñador y fotógrafo británico-turco Erdem Moralioglu, de 48 años, quien creó una editorial de moda inspirada en PaJaMa para un número de 2023 de la revista Acne Paper. “No olvidemos que algunas de esas imágenes se tomaron en una época en la que podían despedirte o perseguirte por algo así”.

George Tooker, Jared French and Monroe Wheeler (1947), de PaJaMa.

La Marina de Estados Unidos prohibió la exhibición del cuadro más controvertido de Cadmus, The Fleet’s In! (1934), que mostraba a un grupo de marineros bulliciosos solicitando prostitutas en la Corcoran Gallery of Art de Washington, D. C.; Lynes, que posó para PaJaMa y también los fotografió, legó su obra al Instituto Kinsey de la Universidad de Indiana para evitar que fuera destruida tras su muerte en 1955.

En el catálogo de la exposición Paul Cadmus: 49 Drawings, presentada el año pasado en Hauser & Wirth, el curador Graham Steele escribe que el artista “mostró con minucioso detalle y composiciones elaboradas, casi como una escena continua, aquello que Estados Unidos no quería ver de sí mismo”.

Darkroom Mirror (_2100085) (2017), Paul Mpagi Sepuya.

Todas estas pinturas e imágenes son testimonio de vidas que otros quisieron reprimir y que, aun así, se vivieron con plenitud y creatividad. También hablan de esa mezcla frágil de inocencia y seguridad en sí mismas que poseen las y los jóvenes artistas; en parte por eso sigue fascinando el Bloomsbury Group, el círculo de principios del siglo XX que incluía al pintor Duncan Grant y los escritores E. M. Forster y Virginia Woolf, cuya producción cultural estaba tan entrelazada como sus vidas personales.

El director de arte y cineasta Sam Shahid, de 85 años, quien dedicó una década al documental de 2023 Hidden Master: The Legacy of George Platt Lynes, afirma que el atractivo duradero de PaJaMa y su red radica en su enfoque desinhibido con respecto al sexo.

“Es la intimidad [de la obra]”, dice. “En las poses se nota lo mucho que disfrutaban hacerlas”.

A Davy le atrae especialmente, “en una era de catástrofe climática y guerras culturales”, como él la describe, la reverencia casi infantil del grupo por la naturaleza y su apertura hacia la poliamoría.

Para ellos, dice, Fire Island era una “fantasía que podía desarrollarse tan maravillosamente como quisieras. Eso es lo que sugería PaJaMa: ‘Traemos puestas nuestras toallas, y esa madera a la deriva es simplemente lo que hay. Pero, ¿acaso no sientes el sueño?’”.

Cuando Jared falleció en 1988, Margaret regresó a Nueva York. Cadmus la visitaba con frecuencia en su departamento. A veces, ella pasaba a visitarlo a su galería o iba a presentaciones de libros.

Joseph (2021), TM Davy.

“Estas fotografías no llegaron a un público amplio hasta finales de los años ochenta”, dice De Luca, quien cree que el creciente interés por PaJaMa tuvo que ver con un mayor reconocimiento de la fotografía.

“Creo que la gente se identifica con su naturalidad”, añade. “Si tenían rayaduras, así eran. No eran preciosas”. Y eso las hacía aún más valiosas.

Es precisamente su aparente sencillez lo que las vuelve universales.

En una carta a Lynes de 1946, Cadmus incluyó algunas fotos de un reciente viaje del grupo a Nantucket.

“Describen mucho”, escribió el artista, “mucho mejor de lo que yo podría, sobre nuestro verano”.


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