Foto: De ella.

María Antonia Pedraza

Su presencia se extiende por la casa, alcanza la calle y envuelve los preparativos de una celebración que también ocurre a través de los sentidos.

La palabra procede del náhuatl «copalli», término que designa resinas utilizadas como incienso. El copal se obtiene de distintas especies de árboles y tiene una larga historia ceremonial en Mesoamérica. Su combustión ha acompañado actos de veneración, peticiones y ofrendas; en distintas tradiciones, el humo adquiere un sentido de purificación y vínculo con lo sagrado.

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Durante el Día de Muertos, encenderlo forma parte de los gestos con que se prepara la bienvenida a los difuntos. Sus significados varían entre comunidades y familias, como varían los alimentos, las oraciones y la disposición del altar.

Sobre las brasas, la resina se consume lentamente. Alguien acomoda una fotografía, sirve un plato, enciende otra vela. El aroma del copal acompaña ese trabajo íntimo de hacerles un lugar a quienes seguimos queriendo.


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