Foto: Pexels.

Viridiana Sáenz

Entre una fachada y otra, las guirnaldas dibujan un techo ligero; la luz atraviesa flores, aves y figuras que el viento pone en movimiento. Antes de escuchar la música o encontrar la procesión, sabemos que algo se prepara. Alguien decidió que esa fecha merecía transformar el espacio compartido.

Esa capacidad de anunciar es parte de su importancia cultural. En las fiestas patronales, las bodas, las celebraciones patrias y el Día de Muertos, el papel picado hace visible una disposición colectiva: reunirse, recibir, recordar, celebrar. Sus colores y diseños acompañan el calendario de las comunidades y convierten una calle cotidiana en un lugar dispuesto para el encuentro. Los talleres de San Salvador Huixcolotla, Puebla, elaboran piezas para esa diversidad de ocasiones, con motivos que se adaptan a cada celebración.

Foto: Pexels.

Una imagen construida con vacíos

Mirarlo de cerca permite reconocer una inteligencia de diseño que suele pasar inadvertida cuando lo vemos ondear sobre nuestras cabezas. Cada figura depende de los espacios que se retiran y de las pequeñas uniones que mantienen entera la hoja. La delicadeza exige estructura.

En Huixcolotla, uno de los grandes centros de esta artesanía, la elaboración manual utiliza cinceles, sacabocados y otras herramientas metálicas sobre capas superpuestas de papel de china. Un patrón guía los golpes que abren las formas. La precisión permite repetir un motivo y conservar los enlaces que sostienen la composición: una secuencia de decisiones técnicas detrás de su aparente ligereza.

Foto: Pexels.

Con el Día de Muertos próximo, sus calaveras, flores y esqueletos vuelven a ocupar altares y espacios públicos. En ellos, la fragilidad del material adquiere una resonancia particular: basta una corriente de aire para mover la escena. La ofrenda también se contempla a través de esas sombras, de sus transparencias y de un movimiento que acompaña la quietud de las fotografías.

Las manos que sostienen la celebración

Foto: Pexels.

Detrás de esa imagen hay talleres, encargos y conocimientos que pasan entre generaciones. Radio Educación y el Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías han documentado, por ejemplo, el trabajo de la familia Vivanco, en el barrio de San Martín de Huixcolotla. Otras casas artesanas de la localidad, como Papel Picado Campechanos, describen su actividad como una herencia familiar dedicada al diseño y la elaboración de estas piezas. La continuidad cultural ocurre también en esa práctica cotidiana de aprender, producir y vender.

Foto: Pexels.

Cada pedido participa de una economía vinculada a nuestras maneras de celebrar. Reconocerla implica atender la procedencia de las piezas, preguntar quién las elaboró y valorar el tiempo especializado que contienen. El aprecio por una tradición encuentra una expresión concreta en la remuneración de quienes la hacen posible.

Su circulación internacional ha llevado el papel picado a celebraciones y públicos fuera de México. Con él viaja una imagen fácilmente asociada con la fiesta mexicana, aunque sus autores y lugares de origen suelen tener menor visibilidad que sus colores. Conservar ese vínculo permite que el reconocimiento alcance también a las comunidades productoras.

Una guirnalda permanece unos días y después se retira. Su paso, sin embargo, señala algo duradero: la voluntad de concederle tiempo y espacio a una fecha común. Mientras alguien siga tendiendo papel picado sobre una calle, la fiesta tendrá una manera de anunciarse antes de que lleguen los invitados.


TE RECOMENDAMOS