
Alejandra González Romo
Fotografía por Khristio
La casaron a los 14 años, pero se las ingenió para escapar corriendo descalza de aquel hombre. Le tomó varios días llegar de Oaxaca a la Ciudad de México, pero ahí encontró trabajo en la casa de una familia española y como cantante en un
cabaret.
Tiempo después, Anastasia Anita Sánchez, mujer mixteca y artista nata, volvió a Tlaxiaco, donde se convirtió en madre junto a la pareja que sí eligió, el biólogo y
cineasta Allen Downs, de Minnesota. Ana Lila Downs Sánchez, mexicana, mixteca y estadounidense, nació el 9 de septiembre de 1968 y comenzó a cantar desde los ocho años para sorpresa de su madre, quien solo se animaba a hacerlo cuando tomaba.
Heredó de ella y de su abuela una voz grave y potente que encontró validación escuchando a Lola Beltrán y, años más tarde, la canción Gracias a la vida, de Violeta Parra, en voz de la profunda contralto Mercedes Sosa, sin saber que un día cantaría con ella. Su linaje femenino, el de sangre y el elegido, la respaldan. “Leonard Bernstein hizo un estudio sobre cómo heredamos la musicalidad y la forma de hablar, generalmente viene de la madre, al ser nuestra primera influencia sonora, así que soy muy afortunada porque crecí con ese timbre”, dice a T México mientras la maquillan para la sesión de fotos de portada y pide mirarse al espejo cada tanto para asegurarse de que le está gustando. “Hay pocas voces que te mueven el espíritu y yo quisiera ser una de ellas”, continúa.
Lo dice como un deseo a futuro, a pesar de que está en plena promoción de Cambias mi mundo, su décimotercer disco denestudio, y a punto de recibir un Grammy Latino, el séptimo, pero esta vez en reconocimiento a la excelencia musical, tras más de 35 años de carrera en los que no ha parado de recorrer el mundo con una música en la que a través de los años ha fusionado géneros tradicionales mexicanos y mesoamericanos con ritmos globales como el jazz, el blues, el soul, la cumbia, el rock y, más recientemente, hip-hop.
Downs canta principalmente en español, pero también en inglés y en lenguas originarias como mixteco, zapoteco, náhuatl y maya, entre otras, y su voz ha sido con frecuencia el primer contacto que ciudadanos de otros continentes han tenido con estas culturas y sus cosmovisiones. De su padre, quien además de biólogo era pintor, documentalista, fotógrafo y profesor universitario, Downs también heredó la vena artística, además de ideales políticos de izquierda que se quedaron con ella tras su muerte, cuando ella tenía 16 años.
Desde muy niña se dio cuenta de que la trataban muy bien cuando estaba con él, un hombre blanco y de origen extranjero; y muy mal cuando la acompañaba su madre, mujer de piel morena, rasgos indígenas y hablante de lengua mixteca. Fue entonces cuando tomó nota de la pobreza, la discriminación y el racismo que vivía su pueblo, y registró las huellas de la violencia y de la desigualdad como si fueran dolores propios.
Estudió Antropología al mismo tiempo que Canto Clásico en la Universidad de Minnesota, pero a medio camino entró en crisis y lo dejó todo. Decidió vivir en la calle para tratar de averiguar quién era, desde cero, sin nada. Cantar en las calles fue otro tipo de escuela, muy distinta a la formación rígida de la que había huido: vocalización, solfeo, ensamble, piano, repertorio, etc., en desconexión con el mundo exterior. La experiencia la ayudó a crecer a tal punto que la considera un privilegio, a pesar de que implicó una ruptura en la relación con su madre, una mujer de derecha, quien quería que Downs fuera una “niña bien”, y trabajó muy duro para que no le faltaran oportunidades. Tras su decisión de dejar los estudios, le dijo que para ella no existía más.
Pero Downs siguió en su búsqueda interna y terminó uniéndose a los Deadheads, la comunidad que seguía las giras de la banda californiana The Grateful Dead, una especie de subcultura que se extendió desde la década de los sesenta, hasta mediados de los noventa, cuando el grupo dejó de hacer giras. Eventualmente, Downs descubrió que la hipocresía y los abusos que tanto criticaba y de los que también venía huyendo eran exactamente iguales entre ellos, y tras el desencanto, revaloró su contexto y volvió a la universidad.

De vuelta en Minnesota, centró su carrera de Antropología en el estudio de textiles de distintas culturas, y escribió su tesis sobre el huipil triqui. Ahí conoció a quien sería su esposo, manager y coproductor, el saxofonista Paul Cohen, y una vez que se graduó de ambas carreras, volvió a Oaxaca para seguir estudiando música en la Academia de Bellas Artes y después en Nueva York. En esa ciudad se sumaron juntos al grupo Los Cadetes de Yodoyux y más tarde, otra vez en Minnesota, formaron un conjunto llamado Trova Serrana, que tuvo gran popularidad entre los latinos de Estados Unidos, un público que ya no la soltaría.
Entre los años 1994 y 1998, ya de regreso en Oaxaca, grabaron dos álbumes de estudio y uno en vivo, producidos todos ellos de forma independiente, antes de firmar en 1999 con su primera disquera, Narada World, para grabar el disco La Sandunga, interpretado tanto en español como en mixteco, del que se vendieron 500,000 copias entre México, Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Alemania. En su canción Semilla de piedra 2000) habla de su regreso a casa, tras ese viaje existencial.
Busqué por el mundo mi causa
Verdades de otros creí
Surgió en mi conciencia la falta
Del cielo donde yo crecí
Volví al refugio de razas de piedra y de lodo
Al seno de sangre manchada por todo
Al campo de infancia y de muerte
Al viento que impuso mi suerte
Volví a la tierra que mis sentimientos amaban
En 2001 llegó La Línea, el primero en el que incluyó canciones en inglés y consolidó su carrera fuera de México. En él habla de migración, de los efectos del Tratado de Libre Comercio entre México y Estados Unidos y de la realidad social fronteriza. Su activismo político y social ha estado siempre ligado a su música. Desde entonces, ha compuesto canciones sobre Digna Ochoa, los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, la masacre de Acteal, la Malinche y Mother Jones. Su música habla de racismo y colonialismo, pero también de explotación laboral, de mujeres desaparecidas y de feminicidios. Sabe que hay mucho que no se debe cantar a pulmón tendido, sino con el aliento contenido y los puños apretados.
Hoy me levanté con el ojo pegado
Ya miré el infierno, ya miré las noticias
Fosas, muertos, daño a madre naturaleza
Ambición, poder
Y a mí me agarró la depre
La letra forma parte de su canción La Patria Madrina, que hacia el final incluye la consigna “Vivos se los llevaron y vivos los queremos”, convertida en verso. “Hay una realidad mía, muy parecida a la de (Juan] Rulfo, a la de [Fernando] Benítez y a la de los pensadores mexicanos que retratan muy acertadamente nuestras tragedias”, reflexiona desde su camerino. “La tragedia ha sido parte de mí, como es también parte de la vida y creo que es necesario palparla si se quiere ser un gran artista”, añade la cantante.
Cuenta que no tomó terapia en los treinta años que compartió la vida con su esposo, quien falleció hace cuatro, pero recientemente ha vuelto a hacerlo. “Me di cuenta de que siempre vuelvo a la tristeza, por más que todo esté bien, mis hijos, mi familia, mi carrera; siempre vuelvo a la tristeza. Entonces, he estado analizando de dónde viene y tratando de convertirla en combustible para crear”, explica. No haber podido ser madre biológica fue, en su momento, uno de los mayores dolores de su vida, aunque hoy haya quedado atrás, tras la adopción de su hijo Benito y de su hija Vanessa.
“Tradicionalmente mi música no atraía muchos hombres, pero yo siento que desde que Benito llegó, le hablo con más amor y delicadeza a mi público masculino. Antes estaba muy enojada, muy enojada con los señores, y claro que se reflejaba en mis letras, pero tenía otra edad y había muchas cosas que tenían que ser dichas”, afirma. “Las mujeres siguen estando en el corazón de lo que hago, siempre están hasta adelante en mis shows, como en filas revolucionarias, pero justo ahora que nos presentamos en España yo le preguntaba a Vicente, mi asistente: ‘¿Es mi percepción o hay muchos hombres aquí?’, y me dice: ‘Sí, maestra y hay unos bien buenotes’”.

Downs es una feminista ,férrea que ha luchado por las mujeres y niñas de su estado y de su país, además de manifestarse constantemente en apoyo a los migrantes y la comunidad LGBTQ+ en sus recorridos por el mundo. Su activismo político por las causas de la izquierda en México es algo que, si bien le ha ganado algunos seguidores muy leales, también le ha cerrado muchas puertas, incluso en su estado natal.
Durante el conflicto magisterial en el año 2006, Downs manifestó su apoyo a la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) y participó en mítines y marchas, cosa que no gustó al entonces gobernador Ulises Ruiz Ortiz, quien la vetó de presentarse en la ciudad durante tres años. “Fue y es duro, nunca acaba. A veces te invitan y de pronto te desinvitan, o te pintan en los medios como una villana más, sobre todo siendo mujer, te sacrifican.
Siempre existirá ese lado oscuro de la vida, quizás aún más intenso en mi tierra que en otros lugares, pero elijo seguir mirando las cosas sencillas que forman nuestra grandeza”, dice. “Antes guardaba mucho enojo, pero los años te van dando sabiduría para sobrellevarlo y entender que a veces hay que lidiar con políticos para avanzar en ciertas causas sociales y culturales. Ayer, por ejemplo, fui a cantar a la embajada gringa y claro que me cuesta, sobre todo con los líderes actuales que tiene Estados Unidos, me recuerda a mi niñez, a cómo me veían a mí los hombres blancos; pero vale la pena hacerlo cuando tu representación hace que vean a nuestro país con más respeto.
Pienso que esa postura violenta que adoptan viene del miedo que sienten ante nosotros, que ya somos mayoría”, continúa. Hace unos meses, por invitación de la FIFA, Downs dio un breve discurso y presentación, en inglés, titulado One Heartbeat durante la inauguración del Campeonato del Mundo de futbol en el Estadio Azteca, en la Ciudad de México que trajo consigo una nueva ola de críticas, sobre todo por no haberlo hecho en español. Ella respondió que la invitación se había dado bajo esa condición, sin que pudiera hacer algo para modificarla.
La misma Downs que se conmueve constantemente, no solo sobre el escenario, sino dando entrevistas con los ojos llenos de lágrimas ante los temas duros, es también la de risa honesta y contagiosa que le compuso una cumbia al mole y un son al chile frito. Le hizo canciones a Palomo el comalito y a un venadito, al mezcal y a la misa oaxaqueña.
Todos los días vocaliza tres o cuatro horas y lleva la palabra “Respeto” tatuada en el brazo. Antes de irse, Chavela Vargas la nombró como su sucesora y hubo quien le dejó de hablar por ese motivo. Además de Mercedes Sosa y Diego el Cigala, ha colaborado con Caetano Veloso, Carlos Santana, Wynton Marsalis, la Lincoln Center Jazz Orchestra y la Orquesta Sinfónica de Chicago, Juan Gabriel, Celso Piña, Natalia Lafourcade, la Niña Pastori, Norah Jones, Yo-Yo Ma, Enrique Bunbury y Café Tacvba, entre muchos otros.
Downs no es solo una cantante, sino un proyecto cultural de varias dimensiones; para entenderlo, hay que verla en vivo. Además de llevar tejido el activismo y la protesta social, su exploración musical está siempre ligada a su investigación antropoló-gica, y a la par que explora ritmos y lenguas de otras culturas, estudia también su arte textil, que incluye como parte de su propuesta escénica. Tiene dos bandas musicales, la Misteriosa, en México, con la que recorre su país y Sudamérica; y la Peligrosa, radicada en Nueva York, con la que cubre las giras en Estados Unidos, Europa y el resto del mundo.
Sus presentaciones suelen tener como invitados bailarines, cantantes, músicos e indumentarlas de varlas regiones, ast como máscaras, sombreros, flores, frutas, y niños y jóvenes artistas del suyo y de otros estados. Además, ella es su propia estilista. Para el reportaje fotográfica de esta portada, es la cantante quien elige muy rápidamente qué sí y qué no se va a poner entre las opciones que le presentó el equipo de la revista. Señala piezas que complementará con accesorios que trajo de su colección personal, y a pocos minutos de empezar, pide que cambien la música, una decisión acertada que levanta de inmediato el ánimo de todo el equipo.

Vicente Sánchez, su asistente personal, lleva falda y playera negras y está al tanto de cada detalle del proceso. Cuida que la entrevista no se extienda demasiado, que la ropa luzca en su mejor versión, que no se haga tarde para comer y que no se retrase la agenda que tienen planeada para el día, la semana, el mes y el año entero. Estudió Comunicación Social con especialidad en Periodismo Cultural y Teatro. También hizo diplomados en Gestión Cultural y en Historia de la Moda.
Nació en Tulancingo, Hidalgo, y al igual que Downs, estudió parte de su carrera en Minnesota, así que ambos tienen mucho en común, además de haber compartido giras en países de medio mundo. “Lila tiene una colección inmensa de piezas y textiles que ha formado a base de visitar e investigar muchas regiones de México y del mundo”, explica Sánchez. “Antes de ir a un nuevo lugar a cantar, estudia muy bien lo que se va a poner. Si vamos a ir a San Luis Potosí, trata de portar una enagua y un quexquémiti de la Huasteca Potosina. Si vamos a Yucatán, lleva un atuendo de gala yucateco. Al reconocer esos simbolos sobre el escenario, el público se identifica luego luego”, añade.
Cuatro años atrás, la muerte de Cohen, su compañero de vida, manager y coproductor, tras una larga enfermedad, marcó el inicio de una nueva era para Downs, no exclusivamente a nivel personal, sino también en su universo musical. El proceso creativo que habían construido juntos tuvo que transformarse en uno completamente renovado en el que Downs tomó el control absoluto de su música como productora. El resultado fue La Sánchez, un álbum titulado con su apellido materno que marcó el regreso a la esencia de su matriarcado familiar.
“Él, como yo, era muy analítico y me hacía muchas sugerencias, pero luego me fui dando cuenta de que eran muy literales y le quitaban un poco de esa magia de la intuición que tiene el arte. A él le gustaba mi parte más folclórica y narrativa, que es importante, pero ahora estoy en otro momento mucho más desinhibido, sin tanto control y ha sido una liberación para mi”, comparte. “Sí lo extraño, porque tenía mucho conocimiento y me ayudaba mucho, pero al mismo tiempo estaba muy enojada con el, porque nuestra relación ya no iba bien, y nuestro final llegó tras diez años de su enfermedad en el corazón”, recuerda Downs.
En Cambias mi mundo, su más reciente disco, se percibe esa libertad y un sentido del humor renovado. “Me volví a enamorar a principios del año pasado y luego me desenamoré, por eso hay una canción que se llama Tu falso amor, y la escribi en 20 minutos, porque cuando estás tan segura de lo que quieres decir, te sale con fuerza desde adentro y he tratado de alinearme más con ese camino”, apunta.

Tu falso amor, según la víctima eres tú
Tu falso amor, pobre de ti,
va nunca mas
Tu falso amor, y que te cuide tu mamá
Tu falso amor
Esta nueva energía la ha motivado a colaborar con más mujeres y mucho más jóvenes, como la rapera méxico-estadounidense Snow Tha Product, con quien grabó la cumbia cargada de fuerza y lealtad femenina que le da nombre al disco. “Es muy importante la colaboración, porque te regenera, refuerza tus inquietudes, tus convicciones, tus técnicas, todo. Conocer a Snow fue un proceso increible y ahora en España me encantó conocer también a Silvana Estrada, aue viene de otro contexto muy complejo, Veracruz. ¡Tenemos que ser muy fuertes! Para mí ha sido necesario componer canciones que me levanten, que le den batalla a la tristeza y este es el disco que más toco para mí misma. Me ha ayudado mucho a salir adelante y espero que a los demás también”, explica.
El próximo 1 de noviembre, Downs regresará a México para ofrecer su tradicional concierto del Día de Muertos en el Auditorio Nacional, en esta ocasión enmarcado en su gira Cambias mi Mundo, que repetirá el 19 de noviembre en El Foro Palacio Jai Alai de Tijuana.