Foto: Manolo Blahnik

Eleonor Cioffi

Un zapato puede revelar una época desde el suelo; sabemos que, en su forma quedan inscritos los deseos, las fantasías y las contradicciones de una sociedad: la aspiración al lujo, el placer de distinguirse y la búsqueda de otras anatomías. Algunas piezas consiguieron ser reconocidas incluso fuera de la moda. Basta observar una hebilla, una suela o una punta para recordar una historia completa.

Alexander McQueen

El cine entendió pronto ese poder simbólico. Las zapatillas de rubí que Judy Garland llevó en El mago de Oz hicieron del calzado una promesa de regreso a casa, mientras los zapatos rojos de la película de Michael Powell y Emeric Pressburger convirtieron la danza en deseo y condena. Décadas después, el Hangisi de Manolo Blahnik trasladó la fantasía a las calles de Nueva York. Diseñado en 2008 e inspirado en la ornamentación de las cortes europeas, su versión azul de satén quedó ligada a Carrie Bradshaw y a cierta imaginación contemporánea del amor, la ciudad y el matrimonio.

Louboutin

Otros zapatos hicieron historia al modificar aquello que parecía secundario. En 1992, Christian Louboutin cubrió con esmalte rojo la suela del prototipo Pensée porque el negro apagaba el diseño. La parte destinada a tocar el suelo se transformó en una firma visible durante el movimiento. Chanel había explorado una operación igualmente precisa con su zapato bicolor: la punta oscura acortaba visualmente el pie y el cuerpo claro prolongaba la pierna. En ambos casos, el color dejó de ser adorno para convertirse en arquitectura e identidad.

Chanel

La innovación también surgió de las restricciones materiales. Salvatore Ferragamo creó en 1938 la Rainbow Sandal para Judy Garland mediante capas de corcho cubiertas con franjas de gamuza de colores. Su plataforma ondulante condensó el ingenio técnico del diseñador y la exuberancia del Hollywood de su tiempo. Años después, las plataformas de Vivienne Westwood llevarían esa altura hacia la irreverencia, hasta provocar una de las caídas más recordadas de la pasarela cuando Naomi Campbell desfiló con ellas en 1993.

Ferragamo

Algunos diseños alteraron directamente la percepción del cuerpo. Martin Margiela presentó las botas Tabi en el desfile inaugural de su firma, en 1989. Inspiradas en los calcetines japoneses de punta dividida, transformaron el pie en una presencia extraña y dejaron huellas reconocibles sobre la pasarela gracias a sus suelas cubiertas de pintura. Los Armadillo de Alexander McQueen llevaron esa mutación al límite en Plato’s Atlantis, su colección primavera-verano 2010: una estructura curva de casi 30 centímetros que envolvía el pie y convertía a quien la llevaba en criatura poshumana, armadura y escultura en movimiento.

Maison Margiela

Fuera de la alta moda, los tenis también construyeron sus propias mitologías. Los Converse Chuck Taylor atravesaron canchas, conciertos y movimientos juveniles; los Adidas Superstar pasaron del basquetbol a la cultura hiphop, y los Air Jordan demostraron que un atleta podía transformar un modelo deportivo en emblema global. Su valor cultural nació de la apropiación: fueron los cuerpos, las calles y las comunidades quienes ampliaron su significado.

Un zapato entra en la historia cuando su diseño logra contar algo que excede su función. Puede guardar una fantasía cinematográfica, identificar una subcultura, desafiar el equilibrio o imaginar un cuerpo todavía inexistente. La moda también se recuerda así: por las formas que inventó para tocar el mundo.


TE RECOMENDAMOS