
Alexa Brazilian
Fotografía por Joyce Kim
Durante casi 25 años, una pareja de ejecutivos de Hollywood ha salvaguardado algunas de las joyas del modernismo de mediados del siglo XX en el sur de California. A primera vista, supieron que esta casa, a las afueras de Palm Springs, merecía ser rescatada.
Muchas de las casas más importantes que se construyeron en el sur de California a mediados del siglo XX han sido demolidas y reemplazadas por enormes mansiones. Sin embargo, desde hace más de dos décadas, el diseñador de interiores Darren Brown y sus colaboradores más osados, la pareja formada por los ejecutivos de la industria del entretenimiento John McILwee y Bill Damaschke, han luchado por preservar ese legado arquitectónico.
Juntos han restaurado y devuelto el esplendor a una serie de casas emblemáticas, construyendo una relación creativa tan cercana que Brown considera a McILwee —administrador de negocios— y a Damaschke —presidente de Warner Bros. Pictures Features Animation— más cercanos a los mecenas renacentistas que a dos personas que simplemente buscan renovar una casa.
El primer proyecto del trío, en 2002, fue la Casa García, una maravilla diseñada por John Lautner a principios de la década de 1960 para el compositor de cine y músico de jazz Russell Garcia y su esposa Gina. La casa se alza sobre pilares de concreto de 18 metros de altura en las colinas de Hollywood, sobre Mulholland Drive.
Junto con la firma de arquitectura Marmol Radziner, con sede en Los Ángeles, McILwee y Damaschke reforzaron el techo parabólico, restauraron los muros interiores de roca volcánica negra y conservaron la escalera exterior como único acceso a las habitaciones.

La siguiente adquisición fue una casa de fin de semana: la propiedad cerca de Palm Springs que Gerald Ford y su esposa Betty mandaron construir después de perder las elecciones presidenciales de 1976. La casa en Rancho Mirage —una comunidad diseñada en parte en 1950 por William F. Cody con inversionistas como Bob Hope, Lucille Ball y Bing Crosby— era una cápsula del tiempo repleta de estampados florales al estilo Palm Beach y alfombras de pelo largo propias de la década de 1970, con un retrato de Betty Ford de más de dos metros de altura en el recibidor.
La arquitectura estuvo a cargo de Welton Becket & Associates, responsables también del edificio de Capitol Records en Hollywood, con su estética futurista digna de Los Supersónicos, y el diseño interior de Laura Mako, quien decoró residencias para íconos de Hollywood como Jimmy Stewart y Gregory Peck.
Cuando la propiedad fue puesta en venta en 2012, su estética anticuada espantó a la mayoría de los potenciales compradores. Pero no a Brown y McILwee. Brown, de 57 años, quien había sido director del estudio de diseño de interiores de Jonathan Adler y colaboró con él en el diseño del hotel cercano Parker Palm Springs, abrió el espacio con ventanas nuevas e instaló una cocina contemporánea, pero conservó y reutilizó muchos de los elementos decorativos originales, creando un refugio creativo y lleno de personalidad en tonos violeta profundo y verde lima. Después, en 2021, se puso en venta una casa a solo cuatro puertas más abajo. “Pensé: ‘Alguien más va a comprarla, vaciarla por completo, revenderla y arruinar toda la calle, así que creo que tengo que hacerlo yo’”, menciona McILwee, de 59 años.
La pareja imaginó que podría utilizar la propiedad, a la que llaman Sand Dune, para recibir invitados y hospedar a quienes ya no cupieran en la otra casa. Construida en 1963, la casa reunía muchos de los rasgos distintivos de Cody: una sala de techo inclinado que se elevaba a más de seis metros junto a la cocina, dos alas laterales para las habitaciones, la alberca de contornos curvos y, más allá, las calles del campo de golf. Un techo bajo de tejas de cedro se extendía casi dos metros más allá de los muros, mientras que la madera revestía tanto el interior como el exterior. Algunas paredes estaban construidas con bloques de concreto texturizado, un material muy popular en los años cincuenta.
Pero, a pesar de los elementos inspirados en la arquitectura local, los antiguos dueños hicieron reformas poco acertadas, y tanto las instalaciones eléctricas como las tuberías estaban tan obsoletas que el equipo tuvo que desmontar la casa completa hasta dejar expuesta su estructura para poder restaurarla y reinventarla, un proceso que tomó más de tres años. A diferencia de la Casa García y de la residencia Ford, llenas de color y teatralidad, Sand Dune es minimalista. El exterior está pintado en un tono arena inspirado en el desierto, un color que Brown perfeccionó después de siete intentos. En el interior, las paredes de estuco veneciano están acabadas en una versión más clara de esa misma gama cromática.
Los pisos de toda la casa están revestidos con losetas artesanales esmaltadas de Fireclay Tile en un suave tono piedra. Aunque la distribución general se mantuvo prácticamente intacta, McILwee y Damaschke mejoraron la circulación y optimizaron la entrada de luz al ampliar la vivienda casi un metro aprovechando el amplio vuelo de la cubierta, lo que permitió crear un recibidor propiamente dicho. También abrieron la cocina tipo galera, que antes estaba aislada de la sala, y la equiparon con muebles de Poggenpohl y una isla curva de dolomita Matarazzo color crema “Quería que cada cuarto tuviera por lo menos tres fuentes de luz natural”, explica Brown.

Eso implicó instalar puertas corredizas de vidrio de piso a techo a lo largo de todo el lado este de la casa —abriendo las vistas al exterior desde prácticamente cualquier punto— y abrir tragaluces en cada uno de los tres baños revestidos de piedra caliza. En los espacios donde no era posible añadir ventanas, como en las entradas a las habitaciones, Brown instaló paneles espejados cubiertos con láminas de vidrio acanalado. “Genera la ilusión no solo de luz, sino también de un espacio infinito”, dice. “En especial si dejas abiertas las puertas de los cuartos”.
Las obras de la extensa colección de arte moderno y escultura de McILwee y Damaschke aportan textura y color a un interior luminoso pero sobrio. Suspendida en el centro de la sala cuelga una lámpara de araña de bronce bruñido que también funciona como una escultura sonora monumental, fabricada durante siete meses por Cosanti Originals, el estudio de Arizona fundado por el arquitecto italoestadounidense Paolo Soleri.

Sobre un sillón modular color marfil diseñado por Brown se encuentra una escultura de acero con forma de ameba del artista local Bill Anson, que falleció en 2018. Encima de la cama de la suite principal cuelga una gran pintura abstracta al óleo de 1983, en tonos de arcoíris, que representa las caras de dos fumadores, creada por Ed Paschke, integrante del movimiento Chicago Imagists.
En la pared contigua se encuentra un aplique de papel de arroz de más de 1.2 metros de altura encargado al artista contemporáneo de San Diego William Leslie. En el cuarto de visitas, una silla Cone azul intenso de la década de 1960 diseñada por Verner Panton descansa junto a una irreverente lámpara de mesa en blanco y negro creada en 1981 por Memphis Group.
Juntos, McILwee, Damaschke y Brown han construido una visión contemporánea de lo que puede significar la restauración de viviendas en Estados Unidos, dándole una identidad singular a casas históricas. Su próximo proyecto es la Casa Corazza, un hito del modernismo diseñado en 1971 por Raúl Garduno en Trousdale Estates, Beverly Hills. Lo más probable es que les tome varios años completarlo.
Mientras tanto, Brown ha sido invitado a reinventar una vez más los interiores de la residencia Ford, esta vez inspirado en la estética depurada de Sand Dune. Al igual que en la industria cinematográfica, donde la pareja pasa la mayor parte de su vida profesional, señala Brown, la acción nunca para, y eso es precisamente lo que la hace tan especial. “¿Qué otro tipo de clientes”, se pregunta, “te dejan reinventar todo una y otra y otra vez?”.