Alexa Brazilian
Fotografía por Christopher Sturman

Al inicio de su carrera, el arquitecto y diseñador Giancarlo Valle, de 44 años, se enfocaba exclusivamente en exteriores. Trabajó con las firmas SHoP y Snøhetta en las fachadas de torres corporativas en el Midtown de Manhattan y en instituciones culturales, entre ellas el Museo de Arte Moderno de San Francisco. Era emocionante —“formas parte de la creación del horizonte urbano”, menciona—, pero con el tiempo comenzó a interesarse más por pensar en “cómo vive la gente”. Así que, en 2016, decidió independizarse y fundar su propio estudio de diseño.

El verano pasado, transformó esa práctica individual en un negocio familiar al asociarse con su esposa, Jane Keltner de Valle, de 47 años, exeditora de Architectural Digest, para crear Studio Valle de Valle. “El capítulo que estamos viviendo ahora es poner el foco en la vida interior”, dice Valle. Y su proyecto más reciente —una residencia urbana de siete pisos y 20 habitaciones en el Upper East Side de Manhattan— les dio la oportunidad de hacerlo a una escala especialmente ambiciosa.

la sala de la planta baja cuenta con una lámpara colgante de Faye Toogood, una mesa brutalista de la década de 1970, un sofá de Giancarlo Valle, una silla Madame de Axel Einar Hjorth y una lámpara de Eje Ahlgren.

Construida en 1904 y renovada por última vez en la década de 1920, la estructura de 1,068 metros cuadrados había sido prácticamente desmantelada hace siete años, cuando Valle fue invitado para iniciar la restauración. Más allá de expresar su afinidad por el modernismo francés, los dueños estaban abiertos a cualquier propuesta.

“Nuestros clientes suelen tener una visión muy específica”, dice Keltner de Valle, quien se especializa en el estilismo, así como en la selección de acabados y muebles antiguos, mientras que Valle se involucra más en los detalles arquitectónicos y el diseño de muebles a medida. “Pero en este proyecto tuvimos que contar una historia”.

El baño de la habitación principal está revestido en mármol Breccia Capraia y tiene un taburete del siglo XIX y un espejo de Rudolf Steiner. El dibujo es de Georges Rouault.

Valle reconfiguró la distribución de la casa por completo y le tomó casi cinco años devolverla a sus raíces neoclásicas: agregó paneles de madera, reprodujo molduras a partir de fragmentos originales, instaló pisos de parquet de roble y construyó una escalera central espectacular. Después de revestir las paredes con yeso veneciano, la pareja pudo concentrarse en los muebles y reunir esa combinación característica de su estilo de piezas de mediados del siglo XX, otras contemporáneas y algunas inspiradas en el arte popular.

En la sala, un sofá Alpha y sillones de Pierre Paulin, un sofá de Giancarlo Valle, mesas de cerámica de John Wigmore y una lámpara de Olivier Mourgue de la década de 1960. En las paredes hay un tapiz flamenco estilo verdure del siglo XVII y una pintura veneciana del siglo XVIII.

Es una estética compartida que desarrollaron primero en sus propiedades —un loft en Brooklyn y una granja de 1862 al noroeste de Connecticut— y que ahora exhiben en Casa Valle, una galería en TriBeCa que presenta piezas de la línea de mobiliario de Valle junto con la colección de antigüedades, en su mayoría escandinavas, de Keltner de Valle. “Todo transmite una sensación de cohesión”, dice Valle sobre su mezcla preferida. “Incorporamos una o dos piezas audaces y luego algunos elementos que contrastan con nuestra estética, algo ligeramente ‘fuera de lugar’ para que todo funcione”.

Las paredes de la habitación principal están revestidas de lino color marfil. A ambos lados de la cama hay mesitas y lámparas de la década de 1960 del italiano Sergio Mazza.

Ese enfoque resulta evidente de inmediato para cualquiera que entra a la casa. En el recibidor, una mesa redonda de bronce con patas totémicas del artista estadounidense del siglo XX Philip LaVerne está rodeada por dos bancos aterciopelados en forma de hongo, en tono verde profundo, de Maison Gerard. Una colorida obra abstracta de 1.5 por 1.8 metros del pintor alemán contemporáneo Günther Förg ocupa toda una pared, mientras que del techo se despliega una lámpara colgante de vidrio opalino de la década de 1960 del diseñador italiano Luigi Caccia Dominioni.

Una puerta conduce a una pequeña sala con paredes revestidas en yeso veneciano color tinta y, más allá de la entrada, se encuentra la cocina. En ella, la carpintería de arce de piso a techo está pintada en un tono arena, mientras que la isla y el revestimiento detrás de la cocina son de mármol Calacatta pulido mate. Junto a la cocina, una despensa auxiliar en forma de L incluye un espacio para guardar la vajilla, un bar y una cubierta de bronce pulido donde se termina de emplatar la comida antes de subirla por la escalera trasera contigua hasta el comedor que se encuentra en el piso principal. La mesa ovalada del comedor, de roble veteado —compuesta por 22 piezas entrelazadas con forma de rompecabezas y con capacidad para 18 personas— fue diseñada por Valle, al igual que las sillas tapizadas en chenilla inspiradas en el diseño italiano de mediados del siglo XX.

La biblioteca panorámica alberga un sofá modular de Mario Bellini, una mesa Kyoto de Gianfranco Frattini y una lámpara de pie de Isamu Noguchi

En lugar de reconstruir la deteriorada chimenea de mármol verde y crema del comedor, los Valle le pidieron a un artista decorativo que la rellenara con madera pintada para imitar la piedra. Pero el elemento más impactante del espacio es otro encargo creativo: un relieve de yeso blanco con forma de enredadera creado por un artesano de Brooklyn que cubre los techos abovedados de casi cuatro metros de altura y desciende por las paredes. “Al principio parecía enorme”, dice Valle, quien tomó como punto de partida un detalle ampliado de una moldura original. “Pero cuanto más tiempo convivíamos con él, más sentíamos que tenía la dosis exacta de rareza para hacer que las paredes cobraran vida”.

Frente al comedor se encuentra una luminosa sala revestida en tonos blancos, con más trabajos ornamentales de yeso a medida y dos pares de puertas francesas que se abren hacia los balcones. Un par de sillones y un sofá de la década de 1960 que pertenecen a la colección Alpha del diseñador francés Pierre Paulin —de formas redondeadas y acanaladas— están tapizados en bouclé color marfil, al tiempo que un sofá bajo y estilizado diseñado por Valle se cubre de terciopelo verde oliva.

En las paredes cuelgan un retrato veneciano del siglo XVIII de una monja, obra de un artista desconocido, y un tapiz flamenco estilo verdure del siglo XVII. Entre las puertas acristaladas, una lámpara de pie metálica de estilo industrial con focos expuestos, diseñada por el francés Olivier Mourgue —conocido sobre todo por haber creado muebles para 2001: Odisea del espacio (1968), de Stanley Kubrick— aporta un toque futurista.

En el recibidor principal, cuelga una lámpara LS10 Boccia de vidrio opalino de Luigi Caccia Dominioni sobre una mesa de bronce del artista estadounidense del siglo XX Philip LaVerne. Un par de bancos de terciopelo Champignon Mignon de Maison Gerard y una gran pintura abstracta de Günther Förg aportan textura y color.

Valle diseñó la mesa de comedor de roble, así como las sillas tapizadas en chenilla. En lugar de reemplazar la chimenea original de mármol, a la que le faltaban algunas piezas, le pidieron a un artesano que rellenara los espacios vacíos con madera pintada para imitar el mármol. El revestimiento de roble es nuevo, pero incorpora molduras de ovas y dardos reproducidas a partir de fragmentos que se pueden encontrar en otras partes de la casa. Las paredes de la habitación principal están revestidas de lino color marfil. A ambos lados de la cama hay mesitas y lámparas de la década de 1960 del italiano Sergio Mazza.

El tercer y cuarto piso albergan los cuartos de los niños y la recámara principal, cuyas paredes están revestidas en lino beige y cuyo baño incluye una tina tallada a mano a partir de un solo bloque de mármol Breccia Capraia, blanco cálido con vetas púrpura y verde bosque. Sin embargo, la familia pasa la mayor parte del tiempo en los niveles superior e inferior de la casa. En el quinto piso, debajo de una terraza interior-exterior, se encuentra una impactante biblioteca panorámica, con un techo inclinado de cristal estilo invernadero de seis metros de altura, una alfombra de pelo largo en tono caramelo tostado, un sillón de gamuza de Mario Bellini, una lámpara de Isamu Noguchi y un otomán de terciopelo beige diseñado por Valle.

Al nivel del jardín, una acogedora sala con pisos de pizarra pulida alberga un profundo sofá hecho a la medida tapizado con una textura felpada color vino de Pierre Frey y unas mesas auxiliares austeras de teca del diseñador suizo de mediados del siglo XX Pierre Jeanneret.

En medio de la habitación, hay una mesa de centro de dos piezas diseñada por Valle, con una superficie de azulejos negros ultrabrillantes. Compuesta por dos formas que embonan —el yin y el yang—, funciona como un símbolo perfecto del estilo de los Valle: un equilibrio armónico entre lo muy antiguo y lo completamente nuevo, entre lo exuberante y ornamental y unas líneas de austeridad impecable. “Tal vez no sepas distinguir qué piezas son nuestras y cuáles son antigüedades, y justo de eso se trata”, dice Valle. “Es un juego de sutileza que nos gusta practicar”.


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