La cadena replantea el modelo all-inclusive con una estrategia que privilegia bienestar, cultura local y experiencias cuidadas, más allá del exceso tradicional.
En Ubud, donde la selva respira como un organismo autónomo, Mandapa reescribe la idea del lujo desde la armonía con el territorio. No es una fantasía tropical, sino un ejercicio serio de arquitectura, espiritualidad y memoria natural.
Durante Art Basel Miami Beach, Casa Dragones celebró su quinto año como socio oficial con barras diseñadas por Gloria Cortina y Tatiana Bilbao. También se realizaron Art-Tender™ Sessions con artistas como José Dávila y Gonzalo Lebrija.
Bajo cielos que parecen manifiestos y frente a un mar que exige escucha, el Festival Internacional de Cine de Los Cabos reafirma su vocación: descentralizar el cine, habitar la península desde adentro y convertir la experiencia cinematográfica en un gesto colectivo, sensible y profundamente contemporáneo.
En una esquina de la Roma, los hermanos Jance reescriben el legado migrante de su familia. Quinquela es un bistró que honra los puertos que los formaron, la cocina como oficio heredado y la mesa como un lugar donde la memoria se cocina a fuego lento.
La Galerie Dior abre una exposición que revela la mirada íntima de Azzedine Alaïa hacia Christian Dior. Más de cien piezas resguardadas por el diseñador tunecino salen a la luz por primera vez y trazan una conversación silenciosa entre dos artesanos obsesionados con la forma.
En Etéreo, Auberge Collection, la mesa se convierte en territorio sensorial. La ceramista mexicana Perla Valtierra dialoga con la gastronomía del chef Carlos Segura para crear una experiencia donde el diseño, el rito y el sabor construyen un mismo lenguaje.
Entre selva, nieve y ciudades encendidas, estas escapadas de temporada revelan cómo cada lugar reinventa la idea de celebración. Desde playas cálidas hasta montañas blancas, elegimos destinos que privilegian atmósferas, rituales y pequeñas experiencias que hacen del fin de año un estado de ánimo.
La residencia que el director habitó durante casi cuatro décadas no fue un simple refugio en Hollywood Hills. Fue un organismo vivo donde arquitectura, memoria y creación se entrelazaron hasta volverse inseparables.
En una casona de los años cincuenta, a unos pasos de Santo Domingo, se despliega un proyecto que entiende la hospitalidad como un gesto de memoria y diseño. Casa Arrona recupera la historia íntima de un hogar oaxaqueño y la convierte en un refugio contemporáneo donde la arquitectura, el agave y la luz dialogan sin nostalgia.