
Redacción T Magazine México
Daniela Doe pertenece a una generación que no entiende el diseño como una disciplina fija, sino como un territorio poroso. Nacida en 1996, de raíces portuguesas, francesas y togolesas, y actualmente radicada en Malmö, Suecia, su práctica se construye en un punto intermedio entre lo gráfico y lo textil, entre la imagen y el cuerpo que la recorre.
Su formación atraviesa el diseño de moda y el diseño de comunicación, pero es justamente en esa intersección donde encuentra una voz propia. Para Doe, lo gráfico no se limita a lo bidimensional. Sus conceptos se desplazan hacia la materia, se vuelven rugosos, suaves, densos. Alfombras tuftadas a mano y piezas textiles funcionan como superficies donde el diseño deja de mirarse y comienza a experimentarse.
Hay en su trabajo una relación consciente con el tiempo. Técnicas artesanales tradicionales dialogan con códigos visuales contemporáneos, creando objetos que resultan familiares y, al mismo tiempo, extrañamente nuevos. No se trata de nostalgia, sino de una actualización sensible del hacer manual, donde el gesto lento se convierte en una forma de resistencia frente a la inmediatez digital.


Desde 2021, Daniela dirige su propio estudio en Malmö, desarrollando proyectos autogestionados y colaboraciones que cruzan el textil, el diseño gráfico y la dirección de arte. Marcas y plataformas como KOMONO, Adidas Originals, Naked Copenhagen y la Biblioteca Pública de Malmö han encontrado en su trabajo una forma distinta de comunicar: menos literal, más corporal.
Su obra ha sido presentada en espacios como Handarbetets Vänner Galleri en Estocolmo, Southern Sweden Design Days y diversas galerías locales en Malmö. Además, ha participado en residencias internacionales que han ampliado su investigación material y cultural, como Designer in Residency en Center Rog, en Liubliana; Atelier Mar Research Residency en Mindelo, Cabo Verde; así como estancias de estudio en Finlandia y Japón.
Más que producir objetos, Daniela Doe construye experiencias de memoria. Su diseño no busca imponer un mensaje, sino activar una relación. Lo gráfico se vuelve textura. La textura, recuerdo. Y en ese tránsito, su trabajo redefine lo que entendemos hoy por diseño contemporáneo: uno que no solo se ve, sino que se toca, se habita y permanece.