Foto: Pexels.

Samantha Villanueva

Te guardamos un sitio junto al pan,
una luz encendida frente al retrato.
Esta noche tu nombre vuelve a casa
en la voz de quienes te extrañamos.

—Poema original

Antes de encender las velas, alguien limpia un marco. Otra persona recuerda cómo se preparaba aquel guiso, busca el mantel o acomoda las flores. La celebración empieza en esas tareas pequeñas, cuando las manos encuentran una forma de expresar lo que todavía duele y lo que todavía acompaña.

Foto: Pexels.

Las maneras de recibir a los muertos cambian entre comunidades y familias, cada ofrenda cuenta una historia particular: un plato servido, una fruta elegida con cuidado, la fotografía de alguien que murió antes de que pudiéramos conocerlo. Alrededor del altar circulan las anécdotas; los niños preguntan y los mayores recuperan nombres, parentescos y risas.

Foto: Pexels.
Foto: Pexels.
Foto: Pexels.

La fuerza cultural de esta celebración vive también en esa intimidad compartida. Mientras preparamos la bienvenida, transmitimos maneras de cocinar, de reunirnos y de hablar de la muerte. Damos a quienes vienen después una historia de la cual sentirse parte.

Por unos días, la ausencia tiene un sitio visible en casa. Frente a ella ponemos lo que sabemos ofrecer: flores, comida, palabras. Y nos sentamos cerca.


TE RECOMENDAMOS