Coco Chanel. Foto: Bridgeman Images.

Carolina Chávez

Pocas prendas parecen tan sencillas como una camiseta de rayas horizontales. Azul, blanco, azul, blanco, su imagen atraviesa fotografías de Pablo Picasso, películas de Jean Seberg, guardarropas estivales y colecciones que, temporada tras temporada, regresan al imaginario de la costa francesa. También permanece inevitablemente asociada a Gabrielle Chanel, cuya relación con la ropa marinera ayudó a trasladar aquel lenguaje hacia la moda femenina a principios del siglo XX.

Pero las rayas estuvieron ahí mucho antes.

Tres hombres vestidos con uniformes de marinero de estilo clásico. Foto: K-cina.

La historia de la marinière conduce primero hacia los cuerpos de quienes trabajaban en el mar. En 1858, un decreto de la Marina francesa reglamentó el uniforme de sus marineros e incluyó una prenda de punto con franjas horizontales azules y blancas. El diseño tenía una función antes que una intención estilística: formaba parte de una indumentaria naval claramente identificable y construida para el trabajo.

Su origen permite entender algo que la moda hace constantemente, apropiarse de objetos funcionales y modificar su significado. Una prenda puede comenzar perteneciendo a un oficio y terminar representando una idea de libertad; puede abandonar el uniforme sin perder del todo la memoria de los cuerpos que la llevaron primero.

Marilyn por Ted Baron en Palm Springs, California, en 1954.
Audrey Hepburn por Philippe Halsman, 1954.

A comienzos del siglo XX, el litoral francés se convirtió también en escenario de una transformación en las costumbres de las clases acomodadas. Los balnearios, los deportes, los viajes y una nueva relación con el ocio empezaron a modificar la manera de vestir. Fue en ese contexto donde Chanel observó y adoptó elementos del guardarropa marinero durante sus años en Deauville, en Normandía. Hacia la década de 1910, incorporó jerseys y siluetas de inspiración náutica a una propuesta femenina considerablemente más relajada que buena parte de la indumentaria de la época.

Charlotte Gainsbourg durante el rodaje de la película L’effrontée (1985).

Su intervención fue decisiva para la moda, aunque no consistió en inventar las rayas marineras. Chanel reconoció en una prenda asociada al trabajo y al uniforme una posibilidad para otro cuerpo y otra vida cotidiana.

Después vendrían muchas otras vidas.

El poeta y dramaturgo Rafael Alberti navegando con su característica estética marinera.

Las rayas pasaron del puerto al estudio del artista, de la Riviera al cine y del uniforme a las subculturas. Pablo Picasso hizo de la camiseta marinera una parte reconocible de su propia imagen; Jean Seberg la llevó en À bout de souffle (1960), mientras figuras como Brigitte Bardot contribuyeron a fijarla dentro de cierta fantasía visual francesa. Jean Paul Gaultier la convertiría décadas después en una obsesión personal y en uno de los códigos más reconocibles de su universo creativo.

Brigitte Bardot por Willy Rizzo.
Conjunto de alta costura Primavera/Verano 2003 de Jean Paul Gaultier. Foto: Getty Images.

Precisamente ahí está la pista que interesa a Style Detective: La marinière atravesó más de un siglo de desplazamientos antes de llegar hasta nuestros armarios. Fue uniforme, herramienta de identificación, ropa de trabajo, apropiación burguesa, gesto artístico, imagen cinematográfica y materia para diseñadores. Cada época borró un poco de su significado anterior y añadió uno nuevo, quizá por eso continúa funcionando… Debajo de esas líneas perfectamente ordenadas existe una historia mucho menos recta.


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