Foto: Cortesía

Alina Suárez

En 1976, Chopard alteró una de las convenciones centrales de la joyería; mantener al diamante firmemente sujeto. Happy Diamonds propuso lo contrario. Las piedras comenzaron a desplazarse entre dos cristales de zafiro, convirtiendo el movimiento, la luz y el azar en parte del diseño.

La idea surgió de Ronald Kurowski, diseñador de la casa, después de observar los reflejos producidos por una cascada en la Selva Negra. Aquella imagen dio origen a un sistema técnico que permitía a los diamantes girar libremente sin perder su presencia dentro de la pieza. Medio siglo después, el gesto conserva su fuerza porque desplazó el valor de la piedra hacia la experiencia de llevarla, el diamante dejó de permanecer inmóvil para responder al cuerpo.

Para celebrar los 50 años de Happy Diamonds, Chopard presentó en Nueva York nuevos diseños protagonizados por Bella Hadid y Liu Wen. La colección incorpora colgantes rectangulares a un repertorio que ya incluía formas circulares, cuadradas y de corazón, elaboradas con oro de origen ético y diamantes móviles.

Liu Wen, Caroline Scheufele, Bella Hadid, wearing CHOPARD

La elección de dos modelos con trayectorias internacionales confirma la intención de proyectar la colección como un lenguaje reconocible más allá de Europa. Sin embargo, para México y América Latina, la relevancia de estas campañas también reside en la posibilidad de examinar cómo llegan, circulan y se reinterpretan los códigos de las grandes firmas dentro de contextos donde la joyería mantiene una relación particularmente intensa con la identidad, el cuerpo y la pertenencia.

Bella Hadid. Foto: cortesía

En la región, una joya rara vez funciona como un objeto aislado. Puede señalar vínculos familiares, celebraciones, creencias, posiciones sociales o formas personales de afirmación. Frente a esta tradición, los diamantes móviles de Chopard encuentran lectura del adorno como una presencia viva, capaz de cambiar con quien lo lleva. La libertad evocada por Caroline Scheufele, copresidenta y directora artística de la casa, adquiere así una dimensión que rebasa la retórica celebratoria de una campaña.

La celebración se extendió a la boutique de Chopard en la Quinta Avenida, donde una exposición reunió piezas históricas, bocetos y creaciones contemporáneas. El montaje permitió observar la evolución de una idea que ha transitado entre la joyería, la relojería y la cultura visual durante cinco décadas.

Revisar Happy Diamonds desde México y América Latina implica reconocer el alcance global de Chopard, pero también ejercer una mirada propia sobre sus símbolos. La presencia de una firma internacional en la región cobra interés cuando sus piezas entran en conversación con nuestras maneras de usar, heredar y entender la joyería.


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