
T Magazine México
Pablo Picasso llevó la joyería a ser una extensión íntima de su obra. Diseñó piezas para las mujeres y amistades cercanas de su vida, convirtiendo rostros, figuras y motivos presentes en sus dibujos y esculturas en objetos destinados a acompañar el cuerpo.



Lejos de las convenciones de la alta joyería, trabajó estas creaciones como esculturas en miniatura: formas irregulares, volúmenes rotundos y materiales inesperados. Su colaboración con el orfebre francés François Hugo permitió traducir algunas de aquellas ideas al oro y la plata.

En estas piezas, el cubismo abandonó momentáneamente el lienzo. Se volvió amuleto, medallón y presencia portátil: una obra de Picasso capaz de habitar sobre la piel.