
Carolina Chávez
La presencia de los perros en la moda se instala con una naturalidad que revela una relación profunda entre lo doméstico y lo simbólico. A lo largo del siglo XX, las ilustraciones editoriales incorporan su figura como un elemento que aporta escala, cercanía y una lectura afectiva del estilo. En las páginas tempranas de revistas, los perros aparecen junto a mujeres en escenas cotidianas, caminatas, interiores, espacios donde la moda se integra a la vida. La imagen construye un relato donde el animal acompaña, observa, habita el mismo ritmo que el cuerpo vestido.

Esa relación se transforma con el desarrollo de la fotografía de moda. La cámara desplaza la ilustración y con ella emerge una nueva forma de presencia. El perro deja de ser un acento decorativo y adquiere una dimensión narrativa. En campañas y editoriales, su figura introduce una tensión entre control y espontaneidad, una energía que interrumpe la perfección del encuadre. La moda encuentra en ese gesto una forma de humanizarse, de acercarse a lo real sin perder su construcción estética.

Casas como Chanel o Louis Vuitton integran perros en sus campañas, como parte de un imaginario que vincula lujo y vida cotidiana. El animal se convierte en extensión del personaje que se construye frente a la cámara, una presencia que sugiere afecto, pertenencia, una historia fuera del encuadre. En ese desplazamiento, la moda reconoce el valor simbólico de lo cercano.

En las últimas décadas, la figura del perro adquiere otra capa. La conversación sobre identidad, cuidado y comunidad encuentra en ellos un punto de conexión. Las campañas incorporan razas diversas, cuerpos distintos, escenas que se alejan de la idealización homogénea. La imagen se abre a una representación más amplia, donde el perro acompaña una narrativa que reconoce múltiples formas de habitar el estilo.

Hay también una dimensión económica y cultural que atraviesa esta presencia. El mercado de accesorios, prendas y objetos para perros crece y se integra al universo de la moda con una lógica que mantiene coherencia estética. Collares, abrigos, transportadoras, todo se diseña con la misma atención al detalle que una prenda. La línea entre objeto utilitario y pieza de diseño se vuelve porosa, y en ese cruce aparece una nueva forma de consumo que dialoga con el afecto.
En la actualidad, la figura del perro en la moda sostiene una vigencia clara. Su presencia en campañas, ilustraciones contemporáneas y redes sociales responde a una necesidad de vínculo, de cercanía, de relato. En un contexto donde la imagen circula con velocidad, el perro introduce una pausa.