
Redacción T México
Durante más de un siglo, las cantinas han acompañado la transformación de la Ciudad de México. Han sobrevivido a cambios políticos, crisis económicas, movimientos sociales, procesos de gentrificación y nuevas formas de consumo. Pocas instituciones urbanas han demostrado una capacidad semejante para adaptarse sin perder su esencia.

Aunque suelen asociarse con la bebida, las cantinas han sido históricamente mucho más que eso. Resultaron espacios de encuentro para comerciantes, artistas, periodistas, trabajadores, intelectuales y migrantes. En ellas se discutieron asuntos públicos, se cerraron acuerdos, se escribieron historias y se construyeron amistades que, en muchos casos, terminaron formando parte de la vida cultural de la ciudad.
La periodista especializada en gastronomía y viajes Cristina Alonso propone un recorrido por algunas de las cantinas más emblemáticas de la capital, la selección responde a una lectura de la ciudad a través de sus mesas, cocinas y las historias que habitan sus muros.

La Ópera
Av. 5 de Mayo 10, Centro Histórico
Entre ellas apareceLa Ópera, uno de los espacios más conocidos del Centro Histórico. Fundada en el siglo XIX, conserva elementos arquitectónicos que remiten a otra época y una de las anécdotas más repetidas de la historia popular mexicana: la supuesta marca de bala atribuida a Pancho Villa en uno de sus techos.

El Gallo de Oro
Venustiano Carranza 35, Centro Histórico
Pasa por El Gallo de Oro, una institución que ha visto pasar más de ciento cincuenta años de historia nacional. Políticos, escritores, periodistas y figuras públicas han ocupado sus mesas, convirtiéndolo en uno de esos lugares donde la memoria colectiva parece permanecer suspendida en el tiempo.

La Mascota
Calle de Mesones 20, Centro Histórico
La historia reciente también tiene su lugar en La Mascota, una cantina que forma parte del imaginario popular del Centro Histórico y que alcanzó notoriedad internacional cuando fue visitada por Anthony Bourdain durante uno de sus recorridos por México.

Salón Tenampa
Plaza Garibaldi 12, Centro Histórico
Hablar de cantinas implica inevitablemente hablar de música. En ese territorio, pocos espacios poseen el peso del Salón Tenampa, abierto en 1925 y estrechamente ligado a la historia de la Plaza Garibaldi. Generaciones enteras han acudido a escuchar mariachi, celebrar encuentros y despedidas o simplemente participar de una tradición que sigue definiendo una parte esencial de la identidad cultural mexicana. Por sus mesas pasaron figuras como Chavela Vargas y José Alfredo Jiménez.

Covadonga
Puebla 121, Roma Norte
La ruta concluye en Covadonga, un espacio que recuerda otra de las historias fundamentales de la ciudad: la llegada de miles de exiliados españoles después de la Guerra Civil. Allí conviven tradiciones culinarias mexicanas y españolas, evidenciando cómo la gastronomía puede convertirse también en un archivo de los movimientos migratorios y de las comunidades que transforman una ciudad.

Cantina 28
Versalles 27, Colonia Juárez
En el contexto de esta exploración, Soho House Ciudad de México presentó Cantina 28, una iniciativa que retoma algunos de los códigos más representativos de la tradición cantinera mexicana durante la actual temporada futbolística. Instalada en el Pool House del club, la propuesta incorpora referencias gastronómicas inspiradas en distintos platillos y bebidas asociados a la cultura de cantina, al tiempo que opera como punto de encuentro para seguir los partidos y compartir la experiencia colectiva que históricamente ha acompañado al deporte.

Más allá de la activación temporal, el proyecto encuentra su mayor relevancia en la conversación que propone sobre el lugar que ocupan las cantinas dentro de la vida cultural mexicana. La selección curada por Cristina Alonso recuerda que estos espacios son archivos vivos de la ciudad, escenarios donde conviven historia, migración, música, gastronomía y vida cotidiana.