Foto: Milo Huet

Redacción T México

La arquitectura contemporánea parece vivir bajo una presión constante por dejar huella. Construir, ocupar, añadir volumen y producir una imagen reconocible continúan siendo maneras habituales de demostrar que una intervención ha ocurrido. En el espacio público, esa pulsión adquiere una dimensión política: cada objeto incorporado modifica la circulación, determina usos y establece, de alguna manera, qué puede suceder y qué queda fuera.

Por eso resulta pertinente mirar hacia Logroño, España, donde Resonancia, una intervención realizada en 2026 por el estudio mexicano PPAA, ensaya una operación considerablemente menos enfática. Frente al Ayuntamiento proyectado por Rafael Moneo, la pieza parte de entender la plaza como un “vacío activo”: un espacio cuyo valor reside precisamente en las relaciones que ya contiene.

Foto: Milo Huet

La decisión parece sencilla, aunque conceptualmente no tanto… En vez de introducir una forma independiente, PPAA toma las alineaciones, proporciones y ritmos del Ayuntamiento y los extiende hacia la plaza. La geometría que permanecía contenida en el edificio comienza así a propagarse sobre el espacio público mediante una retícula tridimensional. La propia idea de resonancia explica el procedimiento, como un sonido que persiste después de su origen, el orden arquitectónico continúa más allá de sus muros.

Logroño, España, 2026. Fotografía: Josema Cutillas.

Lo interesante aparece en la contradicción. La instalación ocupa físicamente la plaza y, al mismo tiempo, intenta conservar la sensación de apertura. Sus perfiles verticales delimitan fragmentos sin producir habitaciones completas; dibujan umbrales que el cuerpo puede atravesar y perspectivas que cambian mientras se camina. El vacío deja entonces de funcionar como aquello que queda entre las cosas y adquiere presencia propia.

Las imágenes del proyecto hacen especialmente visible esa condición. Desde arriba, la retícula parece un dibujo trasladado a escala urbana; a nivel del peatón, las líneas se superponen con columnas, árboles, fachadas, cielo y personas. La arquitectura aparece y desaparece dependiendo del punto desde el que se observa. Esa inestabilidad resulta quizá más significativa que la forma misma: obliga a reconocer que nuestra experiencia de una ciudad también se construye mediante distancias, ritmos, visuales y recorridos.

Logroño, España, 2026. Fotografía: Josema Cutillas.

Existe además una dimensión material que acompaña esa voluntad de ligereza. La estructura está realizada con perfiles de aluminio ensamblados en seco mediante un sistema modular y autoportante. Su superficie refleja la luz y el movimiento del entorno, mientras que sus componentes pueden desmontarse, reutilizarse o reconfigurarse posteriormente.

Fotografía: Sara Cuerdo

También conviene conservar cierta tensión crítica: intervenir el vacío sigue siendo intervenirlo. Una plaza pública posee dinámicas que exceden cualquier lectura formal de la arquitectura que la rodea, y trasladar sobre ella una geometría implica inevitablemente dirigir recorridos y producir nuevas maneras de mirar. Precisamente ahí Resonancia se vuelve interesante, porque permite discutir hasta dónde una intervención puede intensificar un lugar sin convertirlo en escenario de sí misma. El proyecto sostiene que las proporciones y relaciones urbanas existentes pueden convertirse en material arquitectónico.


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