Foto: cortesía del artista.

Redacción T Magazine México

La práctica de Eduardo Sarabia se construye desde una relación profunda con el relato. Nacido en Los Ángeles en 1976, de padres mexicanos, su obra crece en un cruce constante entre experiencias vividas y una ficción que acompaña cada imagen, cada objeto, cada gesto material. En su trabajo, la autobiografía nunca se presenta de forma directa; aparece velada, fragmentada, desplazada hacia marcos culturales, sociales y espirituales que permiten al espectador entrar sin instrucciones cerradas.

Sarabia ha desarrollado un lenguaje visual reconocible que atraviesa pintura, escultura, cerámica, textil, instalación y acciones performativas. En sus pinturas, fotografías personales quedan parcialmente cubiertas por motivos florales que funcionan como capas de ocultamiento y revelación. Estas superficies no buscan nostalgia, activan preguntas sobre la memoria, el olvido y la persistencia de ciertas imágenes internas que moldean la percepción del mundo.

Foto: cortesía del artista.
Foto: cortesía del artista.

El uso de materiales artesanales ocupa un lugar central en su obra. Petates tejidos a mano, cerámica, textiles y procesos manuales conviven con metodologías contemporáneas, generando un diálogo donde tradición y experimentación coexisten sin jerarquías. Esta tensión atraviesa buena parte de su producción y se vuelve especialmente visible en proyectos de gran escala y en obras situadas.

Entre 2023 y 2024, Sarabia desarrolló una investigación en torno al eclipse total de sol del 8 de abril de 2024. Este fenómeno astronómico detonó una serie de exposiciones individuales que se desplegaron en distintos contextos. Prologue en Maureen Paley en Londres, 4 Minutos de Oscuridad en Galería OMR en Ciudad de México y Viaje hacia el Eclipse en el Museo de Arte de Mazatlán articularon una reflexión sobre tiempo suspendido, oscuridad transitoria y experiencia colectiva, integrando ciencia, mito y percepción sensorial.

Foto: cortesía del artista.
Foto: cortesía del artista.

Su trayectoria institucional incluye exposiciones individuales en espacios como el Museo Tamayo, el Museo Universitario del Chopo, el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca, el Instituto Cultural Cabañas, Dallas Contemporary, CAC Málaga, Museum of Contemporary Art Denver y Tokyo Wonder Site, entre otros. En 2021 participó en Desert X con The Passenger, una instalación site-specific realizada con petates mexicanos tejidos a mano, donde el paisaje y el cuerpo activaban una lectura política y poética del tránsito.

Su trabajo continúa expandiéndose como un campo narrativo donde la imagen funciona como vestigio, el objeto como portador de historias y la ficción como una herramienta para pensar lo real sin clausurarlo.


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