
Alfonso de la Serna
Un ballet existe mientras alguien lo baila, su permanencia depende de cuerpos que aprenden, ensayan y transmiten un conocimiento que cada intérprete vuelve a transformar. En esa condición efímera reside parte de su fuerza: conservar la danza exige darle escenarios, tiempo y posibilidades de creación.
La gala inaugural de la temporada 2026-2027 de danza de la Ópera de París reúne esas dimensiones. En ella participan estudiantes de su escuela, integrantes del Junior Ballet y las étoiles, las primeras figuras de la compañía. Su encuentro hace visible la continuidad de una disciplina cuya excelencia comienza mucho antes de que se levante el telón.
El programa también plantea una conversación entre lenguajes coreográficos. Rings of Saturn, la primera creación de Juliano Nuñes para la institución, contará con vestuario de Chanel; a ella se suman las incorporaciones al repertorio de Vers un pays sage, de Jean-Christophe Maillot, y Busk, de Aszure Barton. Una institución histórica mantiene su vitalidad mediante decisiones como estas: abrir espacio a otras sensibilidades y permitir que su repertorio siga creciendo.

El trabajo detrás de la escena
Chanel acompaña la gala desde 2018 y amplió su respaldo como gran mecenas de la Ópera de París en 2023 y mecenas excepcional de su renovación en 2025. Esta relación prolonga un vínculo entre moda y danza que Gabrielle Chanel cultivó durante el siglo XX: en 1924 diseñó el vestuario de Le Train Bleu, dentro del entorno creativo de los Ballets Rusos de Sergei Diaghilev.

El vestuario escénico permite comprender la profundidad de ese intercambio. Una prenda debe responder al movimiento, acompañar un gesto y participar de la intención de la obra. La técnica del taller entra así en diálogo con la inteligencia del cuerpo.
Para esta gala, la maison también diseña los tutús del Junior Ballet y proporciona los tutús y las tiaras de las étoiles durante el Défilé du Ballet. Su participación como mecenas fundador del Junior Ballet sitúa, además, la formación en el centro de esta colaboración. Creada en 2024, la agrupación reúne a bailarines de entre 18 y 25 años mediante contratos de formación profesional de dos años.
Ahí se encuentra una de las preguntas esenciales del mecenazgo contemporáneo: qué condiciones ayuda a construir para el futuro de las artes. El valor cultural de estos apoyos se juega en su continuidad, en las oportunidades para los intérpretes y en el espacio que preservan para la experimentación. La emoción de una función comienza en ese trabajo sostenido, casi siempre fuera de la mirada del público.