
Redacción T Magazine México
La práctica de Amir Fattal se despliega en un punto exacto donde la historia del arte y la tecnología comparten lenguaje. Artista y curador nacido en Tel Aviv y establecido en Berlín, Fattal trabaja con inteligencia artificial, animación digital y procesos tradicionales para pensar la imagen contemporánea como un sistema de deseo, aspiración y código cultural.
En su serie Post-Artificial Paintings, cada obra comienza con una acción invisible pero decisiva. Fattal escribe prompts cuidadosamente construidos que activan lo que podría entenderse como un inconsciente colectivo algorítmico. De ahí emergen retratos ficticios que luego son trasladados al óleo sobre lienzo. El resultado posee una extraña familiaridad. Rostros que nadie ha visto antes y, sin embargo, parecen pertenecer a un archivo compartido de referencias, gestos y expectativas.


El prompting funciona aquí como gesto autoral. La pintura aparece como traducción y como anclaje físico. Las figuras, impecables y contenidas, encarnan una aristocracia contemporánea definida por el gusto aprendido. Cada detalle comunica pertenencia, autocontrol y una conciencia clara de la mirada ajena. El retrato deja de ser documento individual y se convierte en síntesis cultural.
Esta investigación se profundiza en I’m Just Here for the Pool, su exposición en König Gallery, donde Fattal articula arquitectura, cuerpos y atmósferas como escenarios de identidad. Albercas, murales gráficos, villas modernas y patios silenciosos se organizan como recuerdos fabricados. Espacios que parecen vividos y, al mismo tiempo, diseñados para ser observados.

La relación con Ciudad de México ocupa un lugar central. Fattal ha vivido aquí intermitentemente durante los últimos años y esa cercanía se traduce en una sensibilidad particular hacia la arquitectura moderna local. La claridad geométrica, la contención emocional y el peso simbólico asociados a Luis Barragán atraviesan la muestra como una referencia latente. Los espacios pintados funcionan como estados mentales donde la arquitectura se vuelve psicología.
Los personajes habitan estos escenarios con una calma ensayada. Parecen conscientes de estar siendo observados, como si la imagen ya circulara antes de existir. La exposición examina cómo el gusto se aprende, se repite y se optimiza dentro de sistemas algorítmicos que organizan la mirada colectiva. La pintura registra ese proceso sin estridencia, con una precisión casi clínica.
En la obra de Amir Fattal, la imagen actúa como teatro y la tecnología como espejo. Sus pinturas plantean una pregunta abierta sobre la forma en que construimos identidad, cómo deseamos y cómo el arte actual articula una voz compartida entre la intuición humana y la lógica de la máquina.