Retrato de Ruth Asawa (1954)

Javier Fernández de Angulo

El Museo Guggenheim Bilbao celebra el nacimiento de Ruth Asawa con una ambiciosa exposición sobre una de las creadoras más singulares del arte del siglo XX. La muestra, que estará abierta al público hasta el próximo 13 de septiembre, ha sido comisariada por Janet Bishop, curadora del San Francisco Museum of Modern Art; Cara Manes, curadora del MoMA; y Geaninne Gutiérrez-Guimarães, curadora del Museo Guggenheim Bilbao, y reúne 240 obras de la artista entre esculturas colgantes de alambre, dibujos, piezas de papiroflexia y trabajos en barro, algunos de ellos inspirados en la artesanía mexicana.

Asimismo, también se exponen fotografías, documentos y correspondencia que ayudan al visitante a acercarse a la visión artística de una figura irrepetible para la cultura popular estadounidense. El conjunto ya fue presentado hace unos meses en el MoMA de Nueva York, en la que fue considerada como la mayor retrospectiva dedicada a una mujer en la historia del museo.

Hija de emigrantes japoneses agricultores, Ruth Aiko Asawa nació en 1926 en Norwalk, California, como la cuarta de seis hermanos. “Solíamos dibujar figuras en la tierra, colgando los pies de la maquinaria agrícola tirada por caballos”, declaró la artista en una entrevista en 2001. Su infancia quedó marcada por una experiencia traumática durante la Segunda Guerra Mundial, cuando ella, sus padres y sus cinco hermanos fueron recluidos en un campo de detención por el Gobierno de Estados Unidos junto a otras 120.000 personas de ascendencia japonesa. A los 15 años fue separada de su familia, pero encontró en el dibujo y el arte, como ella misma confesó, una forma de esperanza que le ayudaría a relacionarse con tan complejo contexto sociocultural y político. “Con esta experiencia horrorosa inicio su carrea de artista”, señaló Bishop, una de las curadoras involucradas en la muestra.

Untitled (AB.029, Continuous Form within a Form) (1956)

En 1946, en plena posguerra, se le negó el título universitario que le habría permitido ejercer como profesora, lo que la llevó a trasladarse al Black Mountain College, en Carolina del Norte, donde se formó en un ambiente creativo, tolerante y democrático que fue decisivo para su desarrollo artístico. En la institución educativa, fundada en 1933 y de cuyo consejo asesor formaban parte personalidades como Carl Jung, Albert Einstein, John Dewey o Walter Gropius, comenzó a interesarse por las transparencias, las formas, las figuras y el fondo bajo la influencia directa del profesor Josef Albers, un periodo en el que realizó sus primeros dibujos, pinturas y trabajos en alambre.

Poco después, en 1947, se trasladó a Toluca, un viaje considerado por los expertos en su carrera como decisivo para sus aspiraciones creativas. En los mercados y tianguis de la ciudad mexicana descubrió las cestas de alambre y la manera artesanal de trabajarlas, un hecho fundamental para su trayectoria posterior. “Seguí trabajando en una cesta hasta darle una forma cerrada y, poco a poco, mientras aprendía a controlar la técnica y el material, empecé a darme cuenta del emocionante potencial de esta manera de hacer escultura”, declararía la artista años más tarde. Durante los años cincuenta se acercó al mundo del grafismo. Dio clases de rotulación, serigrafía y pintura y expuso con una visibilidad notable, llegando incluso a aparecer en la revista Vogue. En esa etapa se debatía entre producir para vender o crear libremente. “Me interesa producir para vender, pero conforme trabajo, se me ocurren más ideas y quiero experimentar, y eso no es producir, ya que siempre hay muchos intentos fallidos”, decía entonces Asawa.

Untitled (BMC.52, Dancers), (ca. 1948-49), ambas obras de Asawa.

De este periodo datan también las obras que ella llamaba “piezas enmascaradas de papiroflexia”, de gran tamaño, centradas en el volumen y el blanco y negro, y las esculturas de alambre suspendidas del techo, con curvas, volumen y transparencias que generan conjuntos ovalados que se estrechan para crear juegos de sombras que forman parte esencial de la puesta en escena. Como decía la propia artista, las formas se superponen y anidan unas dentro de otras. “Una etapa de creación explosiva”, en palabras de Bishop. A partir de los años sesenta, Asawa se consolidó también como una artista activista, comprometida con los derechos cívicos y la educación artística.

Untitled (ZP.16B Twelve Looped-Wire Sculptural Forms) (ca. 1955-60).

Dio siempre una enorme importancia a la formación de los jóvenes y de la comunidad y llegó a señalar que se sentía especialmente orgullosa de su trabajo en centros escolares. En esta década entró en contacto con el universo del grabado a través del Tamarind Litography Workshop de Los Ángeles (actualmente Tamarind Institute), donde realizó 52 obras como artista residente. De este periodo surge una producción gráfica singular, con espirales, flores, plátanos y composiciones abstractas de gran fuerza visual y cromática. En esa década, comenzó también a realizar obras de carácter público.

Untitled (SD.017, Tied-Wire Sculpture Drawing with Open Pentagon in Center) (ca. 1985-95)

La primera fue la fuente Andrea (1968), ubicada en la plaza Ghirardelli Square de San Francisco, con dos sirenas rodeadas de ranas y tortugas. De especial significado personal fue la obra Fuentes de Origami (1975-76), concebida como conmemoración del internamiento de japoneses estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial. En 1973 recibió el encargo de diseñar la fuente del hotel Hyatt en Union Square, también en San Francisco, una obra ambiciosa en cuya ejecución participaron 250 miembros de su familia.

Poppy (TAM.1479) (1965)

Su labor educativa y de difusión cultural fue reconocida cuando la ciudad californiana instituyó en 1982 el 12 de febrero como el Día de Ruth Asawa. El recorrido concluye con una sala dedicada a uno de los espacios más íntimos de la artista, su casa-estudio de Noa Valley, en San Francisco, donde su visión creativa se encontraba con su vida familiar. En ella, una serie de fotografías muestra un gran salón de techos altos y vigas vistas rodeado de obras de amigos como el mencionado Albers y cerámicas de Wildenhain.

“Lo más importante para esta familia era que cenáramos juntos todas las noches. Éramos ocho en la mesa, además de los amigos”, le dijo Asawa en una ocasión a un entrevistador. La exposición se cierra con sus últimos dibujos, realizados en tinta sobre papel y centrados en la naturaleza, en las flores y plantas de su jardín. “Hay algo en la universalidad de su lenguaje, en un vocabulario concreto. Los visitantes nos decían que les gustaba perderse entre la belleza de sus obras”, dijo Bishop.

Untitled (BMC.58 Meander – Curved Lines) (ca. 1948), todas obras de Asawa.

FOTOGRAFÍAS: NAT FARBMAN/THE LIFE PICTURE COLLECTION/SHUTTERSTOCK, CORTESÍA DE DAVID ZWIRNER; COLECCIÓN PARTICULAR © 2026 RUTH ASAWA LANIER, INC., CORTESÍA DE DAVID ZWIRNER; COLECCIÓN PARTICULAR, © 2026 RUTH ASAWA LANIER, INC., CORTESÍA DE DAVID ZWIRNER.

FOTOGRAFÍAS: COLECCIÓN PARTICULAR © 2026 RUTH ASAWA LANIER, INC., CORTESÍA DAVID ZWIRNER; JAMES PAONESSA. © 2026 RUTH ASAWA LANIER, INC., CORTESÍA DAVID ZWIRNER; © 2015 MOMA, NY. COLECCIÓN PARTICULAR © 2026 RUTH ASAWA LANIER, INC., CORTESÍA DAVID ZWIRNER; FOTOGRAFÍA CORTESÍA DE FINE ARTS MUSEUMS OF SAN FRANCISCO.


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