Racimo.

Paz Ivison

Alto de pioz

Región conocida internacionalmente gracias a la novela homónima del Premio Nobel de Literatura Camilo José Cela, La Alcarria es también la tierra de la que brotan los vinos de Alto de Pioz, de la IGP Vino de la Tierra de Castilla. Recuperados a comienzos del siglo XXI tras ser abandonados durante la plaga de filoxera de finales del siglo XIX (apenas quedaban en la zona viñedos para consumo familiar y una pequeña cooperativa), hoy son propiedad de Camilo Sodi Zapata, quien hace unos años se trasladó a España para cumplir su sueño de elaborar un vino competitivo. Tras una gran inversión en tecnología y equipamiento, y gracias a la colaboración de Aurelio García, uno de los enólogos más reputados del país, Sodi Zapata ha logrado recuperar la producción de la variedad malvar, una uva blanca que ofrece caldos frescos y vibrantes ideales para ser disfrutados durante el verano.

Claudio Sodio, propietario junto a su familia de Alto de Pioz.

Sin embargo, además de la enología, Alto de Pioz también suma a su propuesta una importante vocación artística. El reconocido artista Bosco Sodi, hermano de Sodi Zapata, es el autor de muchas de las obras de arte que reciben al visitante en la bodega manchega; Tadao Ando, premio Pritzker en 1995, será el encargado de proyectar un hotel de solo 10 habitaciones en medio del bosque mediterráneo que rodea la propiedad; y Sodi Zapata planea la construcción de una galería en la que artistas procedentes de todo el mundo puedan exponer sus propuestas. Todo ello, a solo media hora en automóvil del Aeropuerto Internacional Madrid Barajas.

Vinos iberian

La consolidación de Vinos Iberian como uno de los grupos vitivinícolas más relevantes de España se completa, por ahora, con su desembarco definitivo en La Rioja. La reciente adquisición de la bodega Valenciso cierra un mapa que abarca algunas de las denominaciones de origen más prestigiosas del país, bajo la propiedad del empresario mexicano Ernesto Tinajero.

El grupo reúne bodegas en Ribera del Duero, Priorato, Toro y Rioja, territorios donde nacen algunos de los tintos más cotizados de España, como Pingus, Numanthia o L’Ermita. La dirección del conjunto recae en Rafael Cruz de Aguiaz, responsable de articular una estrategia que combina tradición vitivinícola y expansión internacional.

Entrada al viñedo Alto de Pioz.

El origen del proyecto se sitúa en 2014, cuando Tinajero inició su incursión en el vino con la búsqueda de una bodega en la llamada Milla de Oro de Ribera del Duero. La operación se concretó en Pesquera de Duero, donde adquirió el 50 por ciento del Grupo Jaros, del que tomó el control total cinco años después. Aquella estructura ya incluía activos clave como Cal Grau y Viñedos de Yaso, integrando desde el inicio territorios diversos y con fuerte personalidad.

Entre ellos destaca Priorato, en la provincia de Tarragona, una de las zonas más singulares del viñedo español. Sus suelos de pizarra —la conocida licorella—, su clima seco y su compleja orografía han convertido sus vinos en piezas de culto. Tanto Priorato como Toro ejemplifican una transformación reciente: regiones que hace apenas medio siglo carecían de prestigio y que hoy ocupan un lugar central en el panorama de los grandes tintos españoles.

Aunque la expansión del grupo no se planteó inicialmente como una estrategia orientada a México, el país se ha convertido en un mercado natural. Es ya el segundo destino de los vinos de Ribera del Duero, solo por detrás de Suiza. En este contexto, la compañía opera con estructura propia a través de su distribuidora, cubriendo tanto el canal retail como la restauración, apoyada por equipos comerciales y de relaciones públicas especializados.

El resultado es un grupo que, impulsado por capital mexicano, ha logrado tejer una red coherente en algunas de las zonas más emblemáticas del vino español, consolidándose como un referente contemporáneo del sector.

Pinea

En el corazón de Ribera del Duero, Pinea se ha consolidado como una de las bodegas más singulares de la denominación, combinando altitud, precisión vitícola y una narrativa profundamente personal. El proyecto, fundado por los mexicanos Vicente Pliego y Hugo del Pozzo, nace de una relación sostenida en el tiempo con este territorio y con la uva tempranillo, conocida en la zona como “tinta del país”.

Viñedos de Bodegas Pinea

La bodega se asienta en el norte de la denominación, en la provincia de Burgos, donde sus 35 hectáreas de viñedo se extienden entre los 900 y 950 metros de altitud. Se trata de una de las cotas más elevadas de la zona, un enclave especialmente codiciado por la calidad de sus suelos y la concentración de sus uvas. La vendimia manual y una agricultura sostenible definen unos vinos que, desde su aparición, han cosechado altas puntuaciones y reconocimiento internacional entre críticos y clientes.

El salto de escala —de un espacio inicial con apenas unas barricas a una bodega de arquitectura contemporánea— refuerza esa vocación. El edificio, de líneas limpias y estética minimalista, se sitúa junto a la Cuesta de Manvirgo, una meseta que roza los 1,000 metros de altitud y desde la que se despliega una de las vistas más espectaculares de la denominación de origen. En una de sus parcelas más emblemáticas, presidida por un pino centenario que da nombre al proyecto, se condensa el carácter del viñedo.

La irrupción de Pinea en el panorama internacional fue rápida. Su primera añada, 2014, captó la atención del sector, pero el verdadero punto de inflexión llegó en 2017, cuando el golfista Sergio García, campeón del Masters de Augusta, eligió este vino para la cena oficial del torneo, un gesto reservado a etiquetas de prestigio. Desde entonces, la producción —limitada a unas 70,000 botellas anuales— ha mantenido a Pinea como su buque insignia, reconocido también por publicaciones como Wine Spectator.

La gestión del proyecto se reparte entre ambos socios: Del Pozzo lidera la presencia de la marca en Estados Unidos, mientras que Pliego dirige el día a día desde España apoyado por un equipo técnico especializado. El resultado es una bodega que ha logrado posicionarse como una de las grandes sorpresas de la Ribera del Duero.

Gómez Cruzado

En el histórico barrio de la Estación de Haro, epicentro del vino riojano, se encuentra la bodega Gómez Cruzado, una de las más antiguas y representativas de la región. Fundada en el año 1886 por Ángel Gómez de Arteche, de origen mexicano y vinculado al ducado de Moctezuma, la casa forma parte esencial de la historia vinícola de La Rioja.

Considerada durante décadas la capital del vino riojano, Haro concentra en torno a su antigua estación de ferrocarril algunas de las bodegas más relevantes del país. Una ubicación que en absoluto es casual: en el siglo XIX, el tren facilitaba la exportación de vino hacia Francia durante la crisis de la filoxera que asoló los viñedos franceses, necesitados de las uvas cultivadas al sur de los Pirineos para salvar sus producciones anuales. Aquel contexto impulsó el auge económico de la ciudad, cuya prosperidad y riqueza llegó a compararse, con cierto optimismo local, con la de grandes capitales europeas.

Vicente Pliego y Hugo del Pozo.

En ese contexto, la bodega Gómez Cruzado ocupa un lugar singular. Es la séptima más antigua de la denominación de origen Rioja y la tercera del propio barrio de la Estación. Su trayectoria ha transitado entre la tradición y una renovación constante, consolidando un estilo que busca reflejar la diversidad del territorio. En el año 1916, la propiedad pasó a manos de la familia que le da nombre, y ya en el siglo XXI fue adquirida por la familia Baños, de origen riojano —procedente de la localidad de Badarán— y establecida en México desde hace varias generaciones.

La nueva etapa ha reforzado su vínculo con el viñedo. La bodega ha apostado por la adquisición de pequeñas parcelas —cerca de un centenar— situadas en las zonas más frescas y elevadas del norte de Rioja. Son viñedos viejos, muchos de ellos plantados hace casi un siglo, que aportan a los vinos una marcada acidez y una expresión frutal precisa.

Este enfoque, exigente tanto en agricultura como en vendimia, define el carácter actual de la casa. Entre sus referencias, Gómez Cruzado Crianza se mantiene como la etiqueta más reconocible, acompañada de otras elaboraciones de producción limitada, muchas de ellas procedentes de parcelas específicas que semejan la manera de trabajar de regiones como Borgoña o Barolo. El conjunto configura una bodega que, sin estridencias, se ha consolidado como una de las joyas de La Rioja, sostenida hoy por capital mexicano y una mirada contemporánea.


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