
Redacción T Magazine México
El jardín tiene una manera particular de contar la historia de un lugar, es que no lo hace con monumentos ni con grandes declaraciones, lo hace con materia viva. Con el ritmo de las estaciones, con la persistencia de las plantas, con las manos que siembran y vuelven cada año a cuidar lo mismo.
Ese gesto silencioso es el punto de partida de FYJA, Festival Flores y Jardines, que en 2026 regresa a la Ciudad de México con una edición dedicada a mirar a México desde su diversidad natural, cultural y simbólica. Durante cuatro días, del 30 de abril al 3 de mayo, Polanco volverá a convertirse en un recorrido abierto de jardines efímeros, instalaciones florales y propuestas de paisaje que activan el espacio público y lo transforman en experiencia colectiva.


Lo que comenzó en 2016 como una intervención en el Jardín Botánico de Chapultepec se ha convertido en uno de los encuentros culturales más reconocibles del calendario urbano.Cada edición invita a recorrer la ciudad con otra mirada. Caminar entre flores, detenerse frente a una instalación, observar cómo el diseño floral puede alterar la percepción de una avenida o de un parque.
En esta nueva edición, Parque América se vuelve el corazón del festival con dos exposiciones dedicadas al jardín contemporáneo. Por un lado, una muestra de jardines efímeros habitables desarrollados por arquitectos paisajistas, diseñadores y artistas. Por otro, una serie de arcos florales monumentales que convierten el espacio público en un recorrido sensorial construido desde el oficio floral.


El festival también abre tres convocatorias dirigidas a profesionales del paisaje, estudiantes y diseñadores florales. La intención es involucrar a nuevas generaciones en una conversación donde el jardín aparece como una forma de pensamiento sobre el territorio, la biodiversidad y las maneras contemporáneas de habitar la ciudad.
En un país donde patios, huertos y terrazas han sido históricamente espacios de memoria doméstica, FYJA propone una lectura ampliada del jardín. No como ornamento urbano, sino como un lenguaje donde conviven conocimiento botánico, cultura visual y prácticas de comunidad.
Durante cuatro días, Polanco se convertirá en un mapa vivo de flores, diseño y paisaje. Un recordatorio de algo elemental. La ciudad también puede pensarse desde lo que crece.