Daniela Cassab y Mariana Arriaga, fotografiadas en Las Lomas de Chapultepec, Ciudad de México, el pasado 8 de octubre.

Jesús Santoyo

Fotografía por Rubén Márquez

En apariencia, la moda y el cine habitan universos distintos. Uno se expresa con telas, texturas y siluetas; el otro con encuadres, luces, diálogos y silencios. Pero cuando Daniela Cassab y Mariana Arriaga se encuentran en la conversación, sus lenguajes se reconocen. Ambas crean desde la emoción, desde esa pasión que convierte la inspiración en un relato visual. Cassab encuentra en el arte, la pintura y la escultura una fuente inagotable de ideas que transforma en piezas atemporales y sostenibles; Arriaga, en cambio, halla en la observación del ser humano el material con el que da forma a historias que resuenan más allá de la pantalla. Las dos comparten la misma brújula: crear con propósito y con la intención de dejar un legado en lo que hacen.

Unidas por la pasión

En los mundos creativos, la pasión no es un adorno, sino el pulso. Ambas coinciden en que, sin ella, no hay creación posible. “La pasión es un fuego, no se puede apagar. En mi caso, la tengo intrínseca en el ADN”, confiesa Cassab. “La creación me genera adrenalina, y constantemente busco cómo acercarme a ella”, añade. Esa energía se percibe en creaciones que son armaduras emocionales y que desafían al tiempo y la tendencia.

Arriaga lo explica desde su territorio creativo. “La pasión no se puede apagar; ahí está. Se trata de disfrutar el proceso más que el destino”, dice. En un mundo que exige resultados inmediatos, ambas defienden el valor del trayecto. En esa defensa hay una suerte de rebeldía contra el ritmo vertiginoso que domina las industrias creativas. Ambas crean atmósferas en las que la autenticidad es protagonista. No buscan complacer, sino conectar. “Creo que el arte, de cualquier tipo, debe nacer de algo honesto”, apunta Arriaga. “Si no te mueve a ti, no moverá a nadie más”, agrega. Esa honestidad se percibe también en el universo de Cassab, donde las piezas, más que tendencias, siguen intuiciones.

Ser mujer, ser creativa y ser líder
Escuchar y observar el diálogo entre Cassab y Arriaga es entender a dos mujeres que crean, dirigen y transforman. “Ser mujer ha moldeado mi manera de contar historias”, afirma Arriaga. “No lo veo como una limitación, sino como una mirada distinta que me permite ver lo invisible”, señala.

“He observado la importancia del grano de arena que genero, la semilla que dejo”, explica Cassab. “Como mujer, como mexicana, como emprendedora, soy muy consciente de ello. Comenzar este camino conlleva muchísima valentía y voluntad. Estamos rodeadas de capas de miedo; atreverte a ser tú misma es un trabajo interno”, dice.

Arriaga complementa esa reflexión con una inquietud constante. “Cada vez que volteo a ver el mundo, siento la necesidad y el compromiso de hacer algo al respecto”, explica. Ambas son, en su propio terreno, arquitectas del cambio; ambas entienden la creación como una responsabilidad colectiva.

Daniela Cassab y Mariana Arriaga, fotografiadas en Las Lomas de Chapultepec, Ciudad de México, el pasado 8 de octubre.

El arte de ser auténtica

En un entorno en el que las tendencias apremian y las colaboraciones entre marcas y creadores definen nuevos lenguajes, ambas comprenden la importancia de crear con coherencia, calidad y conciencia. “No soy partidaria de las tendencias”, dice Arriaga. “Creo que el estilo es algo completamente atemporal y tuyo”, continúa. Su mirada se centra en contar historias que trasciendan el paso del tiempo, obras cinematográficas que permanecen porque nacen desde la verdad. Cassab coincide: “Todo siempre regresa. Es importante que, cuando haces algo, sepas que será atemporal, que vas a observarlo años después y seguirá vigente”, reflexiona. En su estudio, cada prenda se diseña con la intención de trascender el instante. Busca lo que perdura. “Lo bonito es poder observar algo bien hecho, algo que tenga un diálogo entre el pasado y el futuro”, expresa.

Para ella, la autenticidad es un acto que reconoce que la belleza no se negocia con la urgencia y que la originalidad nace de la conexión con uno mismo. Esa misma convicción se extiende a la sostenibilidad, entendida con responsabilidad y respeto por los procesos creativos. “Mi responsabilidad es con la gente: desde dónde saco el producto, cómo lo saco, la materia prima y el trato dentro del ecosistema”, confiesa Cassab. En su taller, lejos de la opulencia, el lujo está en la precisión y el respeto. “No me interesa producir rápido. Me interesa que quien porta una pieza entienda el valor del proceso y de las manos que la hicieron”, continúa. Sus chamarras son el ejemplo perfecto de una filosofía en la que cada una lleva en sí la historia de los artesanos que la confeccionaron, la paciencia de busca legado en lugar de moda. En el caso de Arriaga, la sostenibilidad se traduce en narrativa. “Estoy trabajando en un documental sobre los mares de México. Tenemos una biodiversidad inmensa y no siempre se habla de ello”, revela. Su enfoque señala al tiempo que propone una mirada. “No busco dar un mensaje moralista. Solo contar historias que nos recuerden lo que vale la pena cuidar”, anuncia.

Colaboraciones con propósito

En la era de los proyectos instantáneos y las asociaciones efímeras, tanto Arriaga como Cassab valoran la profundidad y la coherencia. “Tiene que haber un diálogo verdadero entre las marcas. La otra parte debe tener el mismo nivel de calidad y de valor agregado. Si no, hay un cortocircuito”, apunta Cassab. Para ella, la colaboración es un intercambio de fuerzas, aprendiendo del otro, pero sin diluir la esencia propia.

Para Arriaga, “el cine es una labor colaborativa que depende completamente de muchas mentes y manos. Por eso solo trabajo con gente que comparte los mismos valores y formas de trabajar”. Para ella, tres principios son innegociables: “Respeto, comunicación y gusto… Los sets deben ser espacios de armonía y respeto; la energía del equipo se refleja en cada plano”, sentencia.


TE RECOMENDAMOS