
Redacción T Magazine México
El lenguaje suele pensarse como un sistema abstracto y en este sentido, la obra de María Elena Naveillán adquiere peso, volumen y presencia física. Letras recortadas de diccionarios antiguos, fragmentos tipográficos de distintos alfabetos y capas de papel suspendidas en estructuras transparentes conforman un cuerpo escultórico donde la palabra deja de ser únicamente signo y se transforma en materia visible.La exposición Habitar la palabra, presentada en Galería Pedro Ávila en Metepec, Estado de México, propone una reflexión directa sobre la forma en que el lenguaje estructura la vida colectiva. Antes de tener una voz propia, recuerda el texto curatorial, los seres humanos ya están envueltos en signos, sonidos y gestos que los vinculan con otros. Nombrar implica entrar a una historia compartida que atraviesa culturas y épocas.

Ese principio atraviesa toda la obra. En piezas como Travesía del lenguaje o Cuerpo del soplo, las letras flotan dentro de vitrinas de acrílico formando constelaciones tipográficas. Cada fragmento mantiene su identidad gráfica, pero al reunirse con otros alfabetos genera nuevos sistemas de lectura. La artista propone un espacio donde las lenguas conviven sin jerarquías, un territorio visual donde la diversidad lingüística se convierte en comunidad.
La materialidad cumple un papel central. Naveillán trabaja con papel de algodón, páginas de libros antiguos, diccionarios intervenidos y acrílicos translúcidos que suspenden las letras en el espacio. La paleta cromática permanece deliberadamente contenida en blancos, grises y tonos hueso. La decisión elimina protagonismos visuales y dirige la atención hacia la forma misma del lenguaje.

En Prisma de luz o Lo que permanece, las letras se agrupan en volúmenes suspendidos que recuerdan organismos flotantes. En Manto de voces, una gran superficie compuesta por periódicos internacionales recortados reúne tipografías provenientes de distintas geografías.
El resultado se acerca a un archivo vivo donde la palabra aparece como un tejido de memorias colectivas.
El proyecto también propone una reflexión sobre el presente, la artista invita a la pausa. Sus esculturas obligan a mirar el lenguaje desde la lentitud del gesto manual. Cada letra ha sido recortada, seleccionada y suspendida con precisión artesanal.


En ese sentido, Habitar la palabra sugiere una pregunta silenciosa sobre la condición contemporánea. Vivimos rodeados de mensajes y, sin embargo, cada vez resulta más difícil escuchar. Las piezas de Naveillán colocan al espectador frente a un recordatorio elemental. El lenguaje no existe para producir ruido. Existe para crear vínculo.