
Redacción T Magazine México
En la historia de la abstracción, el gesto geométrico ha sido una declaración de principios, y en el caso de Sarah Crowner, se convierte además en una operación física. La artista nacida en Filadelfia en 1974, radicada en Brooklyn, presenta en Ciudad de México Zigzags and Curves, una muestra en dos partes que ocupa tanto la sede de Galerie Nordenhake como Casa Roja en Lomas de Chapultepec
El título alude a dos elementos gráficos esenciales en su vocabulario visual, el zigzag y la curva, formas estructurales que producen estructura, ritmo, desplazamiento. Crowner pinta directamente sobre lienzos que luego corta y vuelve a coser, dejando visible el proceso como una memoria manual incrustada en la superficie. La pintura pierde su estatuto aislado y se expande hacia la arquitectura, la escenografía y la experiencia táctil y espacial.

Su trabajo ha dialogado con la tradición de la abstracción geométrica desarrollada en América Latina durante el siglo XX. Esa genealogía se percibe con claridad en la selección presentada en México, resultado de años de investigación y viajes compartidos con la galería por distintos puntos de Latinoamérica. Las geometrías de bordes definidos, las estructuras lineales y los ritmos angulares articulan la instalación. Conceptos como gradiente, escena y teatralidad atraviesan el montaje, mientras alfombras y cortinas amarillas introducen una dimensión escénica que activa el desplazamiento del cuerpo en el espacio.

En Casa Roja, ubicada en Palmas 1535, la artista responde a la arquitectura de la casa de mediados de siglo con una serie de nuevas pinturas.
El interior completamente rojo intensifica la percepción y convierte el color en condición espacial. Las formas biomórficas se despliegan en participación con techos curvos y superficies monocromáticas, generando una experiencia donde el espectador se integra al sistema cromático y arquitectónico.
La luz natural, presente en ambas sedes, es un elemento decisivo. Al transformarse a lo largo del día, altera la percepción de las obras y construye una unidad cambiante entre espacio, pintura y entorno.

La exposición subraya afinidades con los postulados del neoconcretismo, donde la obra bidimensional deja de ser plano para convertirse en experiencia, digamos, integral.
Crowner ha extendido su práctica hacia la danza y el teatro, diseñando escenografías y vestuarios para coreógrafos contemporáneos y colaborando recientemente en Pastoral junto a Pam Tanowitz y la compositora Caroline Shaw
Esa sensibilidad escénica atraviesa Zigzags and Curves. La geometría no se presenta como sistema cerrado, se despliega como movimiento, como respiración visual.