Foto: Johanna Van Parijs.

Redacción T Magazine México

La obra de Johanna Van Parijs se sostiene en la idea del arte como una forma de escucha. Artista mixed media, diseñadora de interiores y sanadora intuitiva, Van Parijs desarrolla una práctica que avanza por capas, donde cada disciplina se infiltra en la otra con naturalidad. Vive y trabaja en Santa Teresa, Costa Rica, un territorio que acompaña su forma de pensar el cuerpo, el espacio y la materia como sistemas vivos.

Nacida en Ostende, en la región flamenca de Bélgica, creció cerca del mar y dentro de una casa donde el hacer manual era parte del lenguaje cotidiano. Su abuela, costurera y pintora al óleo, marcó profundamente su imaginario. Johanna recuerda ese hogar como un archivo abierto de telas, colores y libertad creativa, un lugar donde dibujar sobre las paredes formaba parte de una educación intuitiva del gesto.

Estudió arte tridimensional en la LUCA School of Arts en Gante y más tarde realizó una maestría en videoarte. Durante esos años consolidó un interés persistente por la profundidad, la textura y la superposición. Elementos que hoy atraviesan su obra con una presencia física evidente. El trabajo con materiales diversos aparece desde entonces como una forma de activar movimiento, tensión y respiración dentro de la pieza.

Foto: Johanna Van Parijs.

La transición hacia el diseño interior surgió a partir de un proyecto en un campamento en el desierto de Omán. Ahí comenzó a explorar cómo los objetos dialogan entre sí dentro de un espacio habitado. Desde ese momento, su aproximación al interiorismo se construye desde una sensibilidad artística, atenta a la relación entre formas, superficies y energía. Ya instalada en Costa Rica, continuó desarrollando proyectos residenciales donde arte y arquitectura se funden sin fronteras claras.

En la última década, su práctica se ha expandido en escala y complejidad. De artista independiente pasó a dirigir un equipo de trabajo y a operar desde un nuevo taller y estudio en Cóbano. Su producción actual incluye mobiliario a medida, puertas, murales de gran formato y piezas escultóricas. Cada obra nace de un boceto rápido en papel y avanza hacia dibujos detallados que luego se traducen en estructuras tridimensionales a escala real.

Foto: Johanna Van Parijs.

El proceso es lento, físico y repetitivo. Cortar, tallar, lijar, pintar y volver a lijar. La mano regresa una y otra vez sobre la superficie hasta que la pieza alcanza su forma final. Las vetas de la madera y las variaciones naturales del material aseguran que ninguna obra se repita. Cada objeto conserva una identidad propia, casi biográfica.

El trabajo de Johanna Van Parijs propone una experiencia donde el espacio se percibe desde el cuerpo. Sus piezas no buscan imponerse, acompañan. Activan una atmósfera donde lo estético y lo intuitivo conviven, recordando que la materia también guarda memoria, ritmo y capacidad de transformación.


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