Foto cortesía: Lance Brewer.

Redacción T Magazine México

El trabajo de Rebecca Manson parte de una relación temprana con el barro y avanza hacia una investigación formal y emocional cada vez más compleja. Desde los ocho años, cuando comenzó a tomar clases de cerámica, la artista entendió el material como un archivo sensible. Hoy, su obra amplifica detalles mínimos de la naturaleza y los convierte en esculturas de gran escala que convocan tacto, memoria y empatía.

Radicada en Brooklyn, Manson desarrolla una práctica escultórica centrada en la porcelana, un material que trabaja hasta llevarlo a comportamientos inesperados. Alas de mariposa, flores, superficies orgánicas y estructuras que evocan el cuerpo humano aparecen transformadas en formas intensamente táctiles. Cada pieza sostiene una tensión constante entre vitalidad y desgaste, entre lo que permanece y lo que se erosiona con el tiempo.

Foto cortesía: Lance Brewer.
Foto cortesía: Lance Brewer.

Su formación en Rhode Island School of Design y una serie de becas e investigaciones técnicas ampliaron las posibilidades del material. Una colaboración con ingenieros derivó en un adhesivo flexible que permite que fragmentos de porcelana se comporten como textiles. A partir de ese hallazgo surgen sus alas de polilla y mariposa, compuestas por miles de fragmentos modelados a mano, que generan superficies vibrantes y densas, cargadas de inteligencia material.

La exposición Time, You Must Be Laughing, presentada como su primera muestra individual con Jessica Silverman, reúne trece esculturas que giran alrededor del tiempo como fuerza activa. La muestra incluye alas monumentales, flores y una estructura inspirada en un columpio infantil. En el centro aparece The Swing, una instalación construida entre 2022 y 2025 que remite a la infancia y a la memoria corporal, donde la cerámica imita madera desgastada, hojas caídas y objetos cotidianos suspendidos en un estado de latencia emocional.

Foto cortesía: Lance Brewer.
Foto cortesía: Lance Brewer.

En otra de las piezas clave, Exploding Butterfly, las alas se fragmentan lentamente sobre el muro, creando una escena suspendida donde la belleza se percibe como un proceso inestable. Las superficies policromadas, trabajadas con esmaltes complejos y contrastes precisos, activan una sensación de movimiento continuo. En esta obra, comienzos y cierres conviven sin jerarquía, como ocurre en los ciclos naturales que Manson observa y reinterpreta desde la escultura.

La práctica de Rebecca Manson se inscribe en una conversación amplia con la historia del arte, desde la pintura impresionista hasta la cerámica contemporánea, pero mantiene una voz claramente identificable. Su trabajo propone una experiencia directa con la materia, donde la transformación emocional, ecológica y física se manifiesta como un proceso activo y compartido.


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