Foto: Alejandro Obando.

Carolina Chávez

Conozco pocos artistas que hayan establecido su galería en el mismo lugar que los vio nacer, pero este es el caso de Andrés Medina. Una de las paradas obligatorias en Malinalco es, sin duda, la galería que lleva su nombre: un espacio para acercarse a su obra y reconocer cuánto puede alimentar un lugar la imaginación de quien lo habita.

Foto: Alejandro Obando.

Originario de este pueblo del Estado de México, Andrés Medina Flores encontró desde pequeño afinidad con el dibujo, la pintura y la talla en madera. Sus primeras exploraciones incluyeron juguetes e instrumentos musicales de tradición prehispánica, vinculados con los saberes artesanales de la región. Con los años, aquella familiaridad con los materiales se convirtió en un lenguaje propio, abierto a la experimentación y atento a las formas de su entorno.

Foto: Alejandro Obando.
Foto: Alejandro Obando.

La madera ocupa un lugar central en su producción. A ella incorpora concha, hueso, fibras y obsidiana, materiales cuyas diferencias de textura y apariencia enriquecen sus esculturas. En «Rostros cautivos», una de sus series más reconocibles, la figura humana parece abrirse paso desde el interior de la pieza. El rostro emerge y conserva algo de esa tensión: la sensación de que la materia guarda una presencia a punto de revelarse. La serie también encuentra continuidad en su pintura.

Foto: Alejandro Obando.
Foto: Alejandro Obando.
Foto: Alejandro Obando.

Entre los temas que ha explorado aparecen los hongos y los xolos, esos perros de silueta inconfundible que en su obra adquieren una dimensión fantástica. Junto con las aves y las figuras humanas, forman parte de una búsqueda en la que observar y transformar son gestos cercanos. El animal reconocible se estiliza; sus proporciones abren otras posibilidades expresivas. En ese tránsito, Medina construye un repertorio personal donde conviven naturaleza, imaginación y referencias al pasado prehispánico.

Foto: Alejandro Obando.

Ese interés se extiende a figuras como Malinalxóchitl y el Guerrero Águila, mientras que en la pintura aparecen vírgenes, guerreros y chamanes. Las aplicaciones de hoja de oro y plata, las texturas y el color amplían las relaciones entre ambas disciplinas. Sus imágenes permiten leer una convivencia de símbolos que también forma parte de la historia cultural de Malinalco.

Su relación con el pueblo alcanza, además, el cuidado de su patrimonio. Medina ha participado en trabajos de restauración y conservación, entre ellos los de la Capilla de la Soledad, así como en investigaciones y restauraciones de la iconografía religiosa local. Crear y atender las imágenes heredadas son dos maneras de sostener ese vínculo.

Por eso vale la pena detenerse en su galería. En un destino que suele recorrerse entre la zona arqueológica, el convento y las calles del centro, este espacio permite acercarse a una expresión contemporánea de la vida del pueblo. Visitarlo invita a pensar en lo que significa desarrollar una obra cerca de sus primeras referencias: seguir mirando aquello que se conoce desde niño y encontrar, todavía, algo por descubrir.

Galería Andrés Medina
Malinalco, Estado de México.
Contacto: 722 247 1456. Se recomienda confirmar ubicación y horario antes de la visita.


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