Foto: cortesía de la producción.

Hablar de arte frente a una cámara exige cierta preparación, ordenar las ideas, elegir las palabras, construir una versión de uno mismo que pueda circular públicamente. En Lo demás es ruido, de Nicolás Pereda, esa tentativa queda a merced de las interrupciones. Una entrevista televisiva reúne a tres músicas en un departamento y convierte una conversación profesional en una ocasión para explorar lo que sucede alrededor de la creación: los afectos, las rivalidades y la necesidad de reconocimiento.

Foto: Nicolás Pereda. Cortesía de la producción.

La compositora Rosa acepta ser entrevistada en casa de su colega Tere. A ellas se suma Luisa, hija de Tere y chelista. Interpretadas por Rosa Estela Juárez, Teresita Sánchez y Luisa Pardo, las tres mujeres participan en una grabación atravesada por fallas técnicas y sonidos que interfieren con el encuentro. La situación permite que la conversación se desplace hacia los vínculos personales y las tensiones de una familia de músicos.

Foto: cortesía de la producción.

Ese punto de partida invita a pensar en la distancia entre la imagen pública de un artista y las circunstancias en las que trabaja. El prestigio requiere una puesta en escena; una entrevista ofrece el espacio para sostenerla. Los apagones, los ladridos de un perro y la llegada de un compositor famoso alteran ese orden y exponen la fragilidad de las posiciones que cada personaje ocupa. El humor surge de esa convivencia entre las aspiraciones profesionales y los imprevistos de una casa.

Foto: cortesía de la producción.
Foto: cortesía de la producción.

El sonido tiene un papel central en esta propuesta, dentro de una historia protagonizada por músicas, aquello que interrumpe la grabación adquiere una fuerza particular: obliga a detenerse, repetir y escuchar de nuevo. La presentación de la película en FIDMarseille destaca precisamente cómo la reiteración de la entrevista introduce relatos contados por voces distintas y vuelve incierta la propiedad de cada experiencia. Desde ahí, el título puede leerse como una pregunta sobre quién decide qué merece atención y qué queda relegado al fondo.

Foto: cortesía de la producción.

La dimensión doméstica también permite acercarse a las desigualdades del ámbito artístico. La complicidad entre las protagonistas convive con diferencias profesionales y generacionales; la aparición de una figura masculina reconocida introduce otra distribución de la autoridad. La casa ofrece una escala cercana para observar esas relaciones y preguntarse cómo intervienen en la posibilidad de crear y ser escuchada.

Lo demás es ruido forma parte de la competencia de Largometraje Mexicano de la 24ª edición del Festival Internacional de Cine de Morelia, que se celebrará del 16 al 25 de octubre de 2026. Su propuesta sitúa la discusión sobre el arte en una escena reconocible: personas que intentan hablar de su trabajo mientras la vida alrededor sigue reclamando un lugar en la conversación.


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