
T Magazine México
En Oaxaca, una pizca puede contener un paisaje entero, y es que la sal de gusano reúne chile seco, sal y gusanos de maguey tostados y molidos, tradicionalmente trabajados en comal y metate. Su sabor es terroso, ahumado y ligeramente picante; una intensidad que transforma frutas, sopas y otros alimentos, aunque su vínculo con el mezcal y los gajos de naranja sea el más conocido.


Detrás de esta mezcla existe un conocimiento del entorno. Los gusanos rojos —también llamados chinicuiles— aparecen durante una temporada determinada y su recolección forma parte del aprovechamiento alimentario del maguey. La receta cambia entre comunidades y familias: varían el chile, las proporciones y el grado de tostado.

Su popularidad contemporánea la ha llevado a barras y cocinas de distintas partes del mundo. Sin embargo, la sal de gusano conserva su sentido profundo cuando se reconoce su origen: es una manera de cocinar con el territorio, respetar sus ciclos y comprender que, en México, los ingredientes también resguardan memoria.