
Eleonor Cioffi
Una zanahoria conserva su forma, su textura y hasta cierta memoria de la tierra cuando aparece suspendida sobre nuestras cabezas. Sin embargo, al multiplicarse dentro de unaestructura luminosa, rodeada de rábanos, maíz, berenjenas y otros vegetales, empieza a pertenecer a un territorio completamente distinto.
Eso ocurre en las piezas creadas por el estudio floral londinense Flur London en colaboración con Studio Boum para Hermès, donde alimentos reales fueron utilizados como materia escultórica para construir candelabros e instalaciones. Studio Boum mantiene desde hace años una práctica situada entre diseño espacial, moda, escenografía y creación de experiencias, con distintos proyectos desarrollados anteriormente para la maison francesa.

La operación resulta interesante precisamente por la distancia entre materia y contexto. El vegetal pertenece a la cocina, al mercado, al ciclo agrícola y finalmente a la descomposición; el diseño de lujo suele aspirar, en cambio, a la permanencia, el cuidadoextremo y la construcción de valor. Al reunir ambos lenguajes, las lámparas convierten esa aparente contradicción en parte de su forma.


También recuperan una posibilidad elemental del diseño, mirar nuevamente aquello que conocemos demasiado bien. La zanahoria aparece entonces en su geometría, el ritmo de sus hojas, la intensidad del color y su capacidad para ocupar el espacio. El lujo se desplaza momentáneamente del objeto precioso hacia la mirada capaz de transformar lo ordinario.Y existe otra condición inevitable: estas esculturas caducan. La materia vegetal cambia, pierde humedad y termina desapareciendo. Frente a una industria acostumbrada a producir objetos destinados a permanecer, esa temporalidad introduce una belleza menos estable: una pieza cuyo valor también reside en saber que pronto dejará de existir.