Cartel de la película.

Es probable que estemos tan acostumbrados a narrativas vertiginosas que, cuando una película decide avanzar con un ritmo pausado y contemplativo, el primer impulso sea el aburrimiento. Vivimos entrenados para esperar giros de trama, revelaciones constantes y personajes que hablan sin descanso. Perfect Days (2023), dirigida por Wim Wenders y protagonizada por Kōji Yakusho, propone exactamente lo contrario, mirar con paciencia.

Sin embargo, una vez que se supera esa resistencia inicial, ocurre algo inesperado. La aparente sencillez de la historia comienza a revelar una profundidad difícil de encontrar en el cine contemporáneo. Cada gesto cotidiano adquiere una densidad emocional extraordinaria. Cada silencio dice más que muchos diálogos.

Foto: Escena de la película, 2023.

1. La felicidad también puede encontrarse en la repetición

Hirayama limpia baños públicos en Tokio. Se despierta a la misma hora, riega sus plantas, escucha casetes de Lou Reed, Patti Smith, Nina Simone o The Animals mientras conduce y fotografía árboles con una pequeña cámara analógica.

En cualquier otra película, esa rutina sería presentada como una prisión de la que el protagonista necesita escapar. Wenders decide lo contrario. La repetición se convierte en una forma de libertad.

La película recuerda que existen vidas donde el sentido no proviene de perseguir constantemente algo nuevo, sino de aprender a mirar mejor aquello que ya existe. En esta época obsesionada con optimizar cada minuto, Perfect Days plantea una pregunta incómoda: ¿y si el verdadero lujo fuera habitar plenamente el presente?

Foto: Escena de la película, 2023.

2. La belleza suele esconderse en aquello que casi nadie mira

Hay una delicadeza extraordinaria en la forma en que la cámara observa una hoja movida por el viento, la luz filtrándose entre los árboles o un café compartido en silencio.

Wenders propone una ética de la atención. Nos recuerda que el mundo sigue produciendo momentos extraordinarios incluso cuando dejamos de buscarlos. En tiempos donde todo parece diseñado para captar nuestra atención durante apenas unos segundos, Perfect Days hace exactamente lo contrario: nos enseña a sostener la mirada.

Quizá por eso la película conmueve tanto. Porque obliga a desacelerar la forma en que observamos el mundo y, al hacerlo, modifica también nuestra manera de estar en él.

Foto: Escena de la película, 2023.

3. Nunca conocemos del todo la historia de los demás

Durante gran parte de la película apenas sabemos quién fue Hirayama antes de convertirse en el hombre que conocemos. Las respuestas llegan de manera fragmentaria, casi accidental.

Wenders evita el melodrama y rehúye explicar cada emoción. Confía en que el espectador complete los espacios vacíos.

Esa decisión convierte a Hirayama en un personaje profundamente humano. Como ocurre con las personas que encontramos todos los días, intuimos que existe un pasado, pérdidas, renuncias y alegrías invisibles que nunca conoceremos por completo.

Es una invitación silenciosa a mirar a los demás con mayor compasión. Nadie es únicamente el trabajo que desempeña ni la rutina que observamos desde fuera.

Foto: Escena de la película, 2023.
Foto: Escena de la película, 2023.

¿Por qué nos gusta?

Porque Perfect Days no intenta convencernos de nada; tampoco ofrece respuestas definitivas. Confía en la inteligencia del espectador y en la capacidad que todavía tiene el cine para transformar nuestra manera de mirar el mundo.

La película de Wim Wenders recupera algo que parecía relegado: el placer de contemplar. Hay una profunda radicalidad en detenerse, en escuchar el viento entre los árboles, en reconocer que la belleza también habita en una rutina, en un trayecto cotidiano o en un silencio compartido.


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