Foto: cortesía

Redacción T México

La arquitectura también conserva aquello que no puede medirse. Además de albergar cuerpos, una casa acumula gestos, ausencias, afectos y silencios que permanecen mucho después de que quienes la habitaron se han marchado. Esa idea atraviesa Hora de junio, la exposición presentada en la Casa-Estudio Pedro Ramírez Vázquez, donde el espacio deja de ser escenario para convertirse en una pieza más de la muestra.

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Organizada por PEANA en colaboración con El Caballito Archivos Mexicanos y curada por Rodrigo Ortiz Monasterio, la exposición reúne más de treinta obras de artistas mexicanos e internacionales distribuidas a lo largo de la residencia que el arquitecto habitó en El Pedregal. Esculturas, fotografías, pinturas, instalaciones y documentos establecen un recorrido donde la memoria doméstica adquiere una dimensión poética.

El título proviene de Hora de junio (1937), libro del poeta, museógrafo y político Carlos Pellicer. La elección no es casual, la muestra recupera la manera en que Pellicer entendía el museo como una construcción emocional, donde la disposición de los objetos podía producir el mismo efecto que un poema: pausas, ritmos, asociaciones y resonancias capaces de transformar la experiencia del espectador. Esa concepción influyó profundamente en Pedro Ramírez Vázquez, particularmente en proyectos como el Museo Nacional de Antropología, donde arquitectura y museografía dialogan como un solo lenguaje.

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Lejos de plantear una revisión histórica de la obra del arquitecto, la exposición utiliza su antigua residencia para reflexionar sobre aquello que permanece en las habitaciones cuando el tiempo modifica su significado. La casa deja de entenderse como patrimonio construido para convertirse en un organismo vivo, atravesado por recuerdos, pérdidas y presencias invisibles. El propio texto curatorial propone una lectura profundamente íntima del espacio doméstico y sugiere que toda casa conserva la biografía de quienes la habitaron.

La selección de artistas establece conversaciones entre distintas generaciones y disciplinas. Participan, entre otros, Manuel Álvarez Bravo, Kati Horna, Hervé Guibert, Ana Pellicer, Marie Lund, Lucas Cantú, Carlos H. Matos, Teresa Serrano, Tania Pérez Córdova, Jorge Satorre y el dúo ASMA. Sus obras aparecen integradas a los muebles, bibliotecas, patios y habitaciones de la residencia, borrando deliberadamente los límites entre colección permanente, archivo familiar y exposición temporal.

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El contexto arquitectónico añade otra capa de lectura. Pedro Ramírez Vázquez ocupa un lugar central en la historia de la arquitectura mexicana del siglo XX gracias a proyectos como el Museo Nacional de Antropología, el Museo de Arte Moderno, el Estadio Azteca, la Basílica de Guadalupe y el Museo del Templo Mayor, entre muchas otras obras que definieron buena parte del paisaje cultural del país. Presentar una exposición contemporánea dentro de su casa permite desplazar la atención desde la monumentalidad de su legado hacia la dimensión privada desde donde también se construyen las ideas arquitectónicas.

Hora de junio plantea una reflexión sobre la manera en que habitamos los espacios y cómo éstos terminan convirtiéndose en depósitos de memoria.


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