Foto: Andre Dorais. The eyes of the Universe.

Redacción T Magazine México

Yayoi Kusama nació en Matsumoto, Japón, en 1929, su trabajo ha atravesado décadas, movimientos y geografías con una constancia que se sostiene en la repetición, el ritmo y una sensibilidad radicalmente personal. Puntos, redes, espejos y calabazas forman parte de un vocabulario que, lejos de agotarse, se renueva al contacto con cada espectador.

Desde sus primeros dibujos y pinturas, Kusama entendió el arte como una extensión del cuerpo y de la mente. Las alucinaciones que experimentó desde niña se convirtieron en materia creativa, dando origen a superficies saturadas que invitan a perder la noción de escala. El punto aparece como unidad mínima, casi respiratoria, capaz de multiplicarse hasta ocupar el espacio completo. En ese gesto insistente se articula una poética de la obsesión entendida como método.

Su llegada a Nueva York a finales de los años cincuenta marcó un momento decisivo. En diálogo con el minimalismo, el pop art y la performance, Kusama desarrolló instalaciones, acciones públicas y pinturas que expandieron los límites del arte de su tiempo. Su trabajo se mantuvo atento al cuerpo femenino, a la disolución del ego y a la necesidad de encontrar orden dentro del caos. Cada obra funciona como un campo de energía que absorbe al espectador y lo vuelve parte del sistema visual.

Las Infinity Mirror Rooms consolidaron esa experiencia inmersiva. Habitaciones que reflejan la imagen hasta el infinito, donde el yo se fragmenta y se diluye. No se trata de un efecto espectacular aislado, sino de una continuidad lógica de su investigación sobre el espacio psicológico. Mirarse dentro de estas instalaciones implica una pausa, una conciencia aguda del propio cuerpo frente a la repetición interminable.

Foto: Samurai Macedonia.

Las calabazas, otro de sus motivos recurrentes, condensan una relación afectiva con la forma orgánica. Para Kusama, estos volúmenes representan estabilidad y humor. Cubiertas de puntos, las calabazas se transforman en esculturas que dialogan con el paisaje y con la memoria, llevando su universo visual del lienzo al entorno público.

Foto cortesía de Ota Fine Arts, David Zwirner y Victoria Miro.
Foto: Todd Eberle.

Hoy, Yayoi Kusama es una figura central del arte contemporáneo global. Su obra habita museos, espacios urbanos y colecciones institucionales con una presencia que sigue convocando a públicos diversos. Más allá de la popularidad, su práctica mantiene una coherencia profunda. Cada punto, cada reflejo y cada repetición sostienen una idea clara, el arte como herramienta para habitar el mundo con intensidad, vulnerabilidad y lucidez.


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